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«Escuchad, vamos a ganar»

En el descanso de la final, Ronaldo habló a sus compañeros en el vestuario. «Fue increíble», cuenta Cédric. Le habían visto irse llorando, pero le encontraron animado y les convenció de que podían ganar a Francia si seguían luchando

  • Cristiano Ronaldo, con el trofeo de la Eurocopa, ayer, en el multitudinario recibimiento a la selección lusa en Portugal
    Cristiano Ronaldo, con el trofeo de la Eurocopa, ayer, en el multitudinario recibimiento a la selección lusa en Portugal

Tiempo de lectura 2 min.

12 de julio de 2016. 21:32h

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José Aguado 12/7/2016

Cuando en el minuto 24, Ronaldo se tiró al suelo, no pudo esconder las lágrimas. Es un futbolista que presume de minutos jugados y dejar el partido que había esperado durante 12 años le rompió mucho más que físicamente. «Fue un momento complicado», reconoció ayer Cédric, uno de sus compañeros en la selección portuguesa. Fue duro para Ronaldo, pero también para sus compañeros, que tenían que cambiar de planes cuando no se había llegado ni a la mitad del choque. «Estábamos, tanto el equipo como yo», continuó ayer Cédric, «en estado de shock».

Francia jugaba en casa, con el apoyo de su afición, por nombres era superior a Portugal y también había jugado mejor algunos encuentros anteriores. Si, además, los lusos perdían a Cristiano es que todo se ponía en contra. Era para ponerse nervioso.

Ronaldo se pasó la primera parte en el vestuario. Tenía que pensar, tenía que hacer frente a su desdicha. Si sus compañeros estaban en shock, él estaba partido. Como futbolista, su ambición es ser el principal protagonista de lo que ocurre en un campo de fútbol y en un duelo que veían millones de personas, él estaba lejos del ruido y también de los focos. Debió reflexionar, debió ver el lado positivo. Debió pensar que le tocaba un nuevo papel. A sus 31 años, nunca ha sido un futbolista con especial ascendencia en un vestuario. En el Madrid, han sido Sergio Ramos y Arbeloa quienes han pegado los gritos hasta ahora. La jerarquía de Ronaldo se ha basado en otra cosa: en sus números o en su capacidad para resolver. El domingo, eso ya no podía ser. Le tocaba otro papel: «En el descanso nos dijo unas palabras increíbles», contaba Cédric. «Nos dio la confianza que necesitábamos». El jugador dañado, el que se había retirado llorando era, sin embargo, el que animaba a sus compañeros. «Escuchad, estoy seguro de que vamos a ganar», dijo Ronaldo. «Tenemos que luchar juntos para conseguirlo». Su actitud se contagió.

Portugal llegó a la prórroga y Ronaldo la vivió junto a Fernando Santos, en la zona del entrenador, dando instrucciones, hablando con Eder antes de que saliese. Gritando, saltando, aconsejando, guiando.

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