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«Si me lo ofrecen...»

A Joaquín Caparrós le gustaría ser seleccionador, está dispuesto a aceptar el cargo. Pero prefiere callar por respeto a Vicente del Bosque, «que es el mejor»

  • Joaquín Caparrós, cuando entrenaba al Athletic de Bilbao
    Joaquín Caparrós, cuando entrenaba al Athletic de Bilbao

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30 de junio de 2016. 01:27h

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30/6/2016

Joaquín Caparrós cotiza al alza y su nombre aparece primero en las quinielas para suceder a Del Bosque. Desde Sevilla, mientras se prepara para acudir a una boda, no quiere conceder entrevistas, «para no quedar mal con nadie». Tiene más peticiones que Rafa Nadal. Con LA RAZÓN mantiene una conversación amable que no es vacua, porque su silencio es elocuente. Algo hay, mas ni confirma ni desmiente los contactos con la Federación. «Prefiero no hablar», insiste, aunque reconoce su «total disposición para ser seleccionador» si fuera el elegido. Joaquín no se descarta, ni se postula. «Del Bosque es el mejor y no ha dicho que se va. ¿Por qué no va a seguir? Es un grandísimo entrenador y una persona excelente». Se deshace en elogios hacia quien «ha conseguido un Mundial y una Eurocopa». No oculta la admiración que le profesa ni el respeto que le tiene, por eso no quiere hablar de sucederle ni de lo que haría con la Selección si eso, que es lo más probable, llegara a ocurrir. ¿Que le haría ilusión? Naturalmente. ¿Que se cree capacitado? Pues claro. Pero prefiere guardar un silencio que parece pactado.

Caparrós (60 años), entrenador en paro, reúne varios de los requisitos que requiere Ángel María Villar para nombrar seleccionador: español, sin banquillo, con dilatada experiencia en Primera y conocedor del percal, aunque en su caso el fútbol fuerza, de contacto, físico, que siempre ha sido su seña de identidad, como se vio en el Sevilla, Deportivo y Athletic, diste del estilo de la Roja.

En esta coyuntura, Caparrós calla, no por otorgar sino porque es lo que la situación demanda. Del Bosque no se irá hasta que Villar le dé luz verde –es el compromiso– y él no hablará de sus ideas para revolucionar el equipo hasta que su nombramiento sea oficial. Paco Jémez, en cambio, no tiene inconveniente en hablar de la Selección y muestra su disponibilidad sin rodeos y con argumentos más rotundos que las evasivas de Caparrós, cuyo silencio es la prueba del algodón.

A primeros de marzo, tomando un café en Málaga, tuve ocasión de hablar con Joaquín de esta sucesión, que ya por entonces era inaplazable. Del Bosque la anticipó: «Después de la Eurocopa, adiós». Caparrós era señalado como el elegido. «No hay nada», decía. Hoy guarda silencio.

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