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Isidro Lángara, el futbolista vasco que enfureció a Franco, Hitler y Mussolini

Lángara fue uno de los delanteros españoles más capaces y prolíficos de la década de 1930. Leyenda del Real Oviedo, en el campo prefirió la derecha pero fuera, la izquierda.

Isidro Lángara
Isidro Lángara FOTO: @realoviedo.es La Razon

El futbol nos depara anécdotas apasionantes que muestran su papel determinante en el curso de la historia y su potencial como herramienta de propaganda política. Dictadores como Francisco Franco, Adolf Hitler y Benito Mussolini lo sabían bien y lo utilizaron hasta hasta límites insospechados. Pero la historia a veces es caprichosa y lo que parece ser un arma en sus manos se vuelve contra ellos.

El futbolista Michele Moretti, por ejemplo, se convertiría en todo un héroe en Italia. La leyenda cuenta que fue este futbolista -bajo el nombre de guerra de Pietro Gatti- quien remató al dictador italiano para acabar con la tiranía. Otro futbolista, esta vez vasco, también logró algo que parecía imposible: imponerse a Franco, Mussolini y Hitler. Esta es la apasionante historia de Isidro Lángara Galarraga, el delantero que sacó los colores a los tres dictadores más poderosos de Europa.

Vasco, delantero centro, pero sobre todo republicano durante la guerra civil española. Lángara fue uno de los delanteros españoles más capaces y prolíficos de la década de 1930, máximo goleador en tres ligas diferentes en tantos países, casi mil goles marcados (alrededor de 928, según una estimación de 1977 de El Mundo Deportivo) en el transcurso de su carrera. Hoy en día, sin duda, su cláusula sería tan millonaria como la de Benzema, Messi o Mbappé y pocos dudarían de su presencia entre los candidatos al Balón de Oro.

Nacido en 1912 en Pasajes, un municipio portuario de Guipúzcoa, Lángara comenzó su carrera futbolística en equipos aficionados del País Vasco, como Bildur Guchi, Esperanza de San Sebastián, Siempre Adelante, Andoain y Tolosa. En el campo prefirió la derecha pero fuera, la izquierda.

Inquietó a Mussolini

Se incorporó a la plantilla del primer equipo del Oviedo con tan solo dieciocho años. Con la camiseta blanquiazul se ganó un puesto en la selección española y participó en el mundial de 1934 en Italia. En la competición disputó dos partidos, uno contra Brasil y otro contra los anfitriones. En el primero marcó un gol en el minuto veintinueve de la primera parte que hipotecó el paso de la ronda de su propia selección. El Duce, atento observador, se inquietó con la habilidad futbolística del vasco. Temía que el atacante pudiera arruinar sus planes y poner en peligro la victoria del título destinado a la Italia fascista.

La capacidad del deporte rey para llegar a todas las capas sociales lo convirtieron en un eficaz arma para los regímenes autoritarios, algo que también aprovecharía Benito Mussolini. ‘Il Duce’ fue de los primeros en ver su potencial como propaganda política. Su influencia fue clave para explicar los triunfos italianos en los mundiales de 1934 y 1938 con presiones y estrategias al margen de la ley.

El encuentro entre la España de Lángara y la anfitriona tuvo lugar el 31 de mayo en Florencia. El primer partido terminó en empate, en el momento en que estaba prevista la prórroga pero aún no había penales, por lo que se repitió el partido al día siguiente. Lángara no salió al campo porque estaba lesionado.

La actuación arbitral, a cargo del belga Louis Baert, fue considerada como un auténtico atropello contra la selección española. La igualada obligó a que se disputase un partido de desempate. En dicho partido de desempate, celebrado el 1 de junio, la actuación arbitral fue aún peor y más negativa para España, según se recoge en la reseña histórica publicada en la web del Real Oviedo.

Finalmente, como estaba previsto, Italia se clasificó para satisfacción del régimen fascista de Mussolini. Fue tan injusta y desproporcionada la actuación en ese encuentro del árbitro suizo René Mercet, que como consecuencia fue sancionado a perpetuidad por su propia federación nacional. Los jugadores españoles, pese a la derrota, fueron recibidos como héroes a su llegada a España, donde se realizó una suscripción popular para elaborar unas medallas para los componentes de la selección nacional que habían disputado el Mundial de Italia.

Humilló a Hitler

Después del Mundial de Italia, la Alemania nazi de Hitler también decidió utilizar el fútbol como herramienta de propaganda. El 12 de mayo de 1935 se disputaba un encuentro entre las selecciones de fútbol de Alemania y España en la ciudad de Colonia (Alemania). Era el primer “choque” entre las selecciones nacionales de ambos países y el partido había generado muchísimo interés. De un lado, la selección de la Alemania nazi llevaba una buena racha desde su destacado papel en el Mundial de Italia de 1934 mientras que España venía de no pasar del empate la semana previa en Lisboa, Portugal. Con estos precedentes, Hitler daba por segura la victoria alemana.

Lángara y sus compañeros van a Colonia, un ambiente intimidante con 80.000 espectadores y esvásticas ondeando por todas partes les esperaban. El himno fue entonado, rigurosamente con el brazo derecho levantado. Lángara, combinando un centro de su compañero Ventolrà en la red, empató el marcador. Un gol que congela por completo a oponentes y aficionados pero sobre todo a Hitler. Siete minutos después, sucedió lo impensable: Lángara de nuevo, incombustible a la presión alemana, firmó el doblete y llevó a los españoles a la victoria. Un triunfo que enfureció al Führer.

Plantó cara a Franco

Pero sus desplantes no fueron solo a nivel internacional. Poco después, Lángara no dudaría en convertirse en enemigo público de Franco.

Estaba de vacaciones en Guipúzcoa cuando comenzó la Guerra Civil Española y fue detenido y encarcelado bajo la acusación de haber combatido contra los mineros en la Revolución de Asturias de 1934. El aval de dos asturianos de Infiesto y Cangas de Onís, manifestando que Lángara era soldado de reemplazo y tuvo que cumplir órdenes, le puso en libertad. Fue movilizado pero no llegó a ir al frente puesto que las autoridades republicanas consideraron que los futbolistas de élite darían mejor servicio participando en partidos benéficos.

En 1937, se enroló en Selección de Euskadi (por entonces denominada Euzkadi), un combinado regional creado por el Gobierno Vasco con el fin de recaudar fondos en Europa para los refugiados vascos y realizar una labor propagandística en favor del Gobierno Vasco y la República. Lángara coincidió en esta selección con muchos de los mejores futbolistas vascos de la época como Luis Regueiro, Guillermo Gorostiza o Txato Iraragorri. El Euzkadi realizó una brillante gira por países de Europa disputando varios partidos amistosos. Tras caer la ciudad de Bilbao en manos de los franquistas la Selección de Euzkadi se marchó a América para proseguir la gira, pasando por Cuba, México y Argentina entre otros países. El equipo recaló finalmente en México donde jugó la Liga Mayor de los años 1938-39, bajo la denominación de Club Deportivo Euzkadi, quedando finalmente en segundo lugar.

En 1939 al finalizar la guerra con derrota republicana se disolvió la selección de Euzkadi y Lángara optó por seguir exiliado fuera de España.

En 1943, con la creación de la Liga profesional mexicana, Lángara fue contratado por el Real Club España. Anotó 27 goles en su primera temporada, el siguiente año marcó 38 goles y un año después 40. En México ganó dos títulos de máximo anotador, una Copa y una Liga.

Después de jugar unos años en Sudamérica, Lángara puso fin a su exilio voluntario y en 1946 volvió a España. Un Lángara ya muy veterano jugó de nuevo para el Real Oviedo otras dos temporadas, en la temporada 1946-47 jugó 20 partidos y marcó 18 goles recordando en algo a sus viejos tiempos. En su segunda y última temporada jugó 9 partidos y marcó 5 goles.

“Es considerado por muchos entendidos como el jugador más importante de cuantos han militado en las filas del club”, indica la página oficial del Real Oviedo, equipo que ahora milita en la Segunda División.

Regresó a México donde se retira como jugador y se queda a residir en el país. Tiempo después se hizo cargo de la dirección técnica de Unión Española de Chile, entre 1950 y 1951 (con el que conseguiría el Título de la Primera división), y del Puebla F.C., con el que ganaría un título de la Copa México en 1953. En el año 1955 fue entrenador del club San Lorenzo de Almagro y, tras su paso por el equipo argentino, retornaría a España, donde falleció en 1992.