Adiós a un genio

Muere Pelé. Sólo Messi sobrevive entre los cinco grandes

Leo carga con el legado de los cuatro que llegaron antes. Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona se reflejan en él

Hubo que cambiar de siglo y esperar varios años después de su retiro para que Maradona encontrara un heredero que estuviera a su nivel. Apareció Messi y el fútbol descubrió a su quinto grande. Y ahora que acaba de coronar su carrera con la Copa del Mundo que lo esquivaba desde que era un adolescente, Leo es el único vivo entre los mejores de la historia del fútbol.

El fútbol se mide en eras con nombre propio: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y Messi. Con Pelé se marcha la segunda, el último ídolo del siglo XX. Antes que él se fueron prematuramente Cruyff y Maradona. A Di Stéfano, por edad, le tocaba irse antes. Y fue el primero en hacerlo, el día de San Fermín de 2014, tres días después de haber cumplido los 88 años. Con una vida completa y cumplida. Sin prisas.

Compartía vicio Don Alfredo con Johan Cruyff, el tabaco. Aunque el «Flaco» lo dejó antes gracias a un infarto que le avisó cuando todavía era demasiado joven de que si seguía fumando le esperaba una muerte prematura como sucedió a su padre y a su abuelo.

Entre ellos dos reinó Pelé. «O Rei». Una aparición brillante y temprana como la de casi todos los grandes. El brasileño se superpuso a Di Stéfano igual que Cruyff se solapó con él. Todos han coincidido con su heredero. Menos Maradona, que vivió su carrera peleando con Pelé por ver quién era más grande. Su relación fue variando con el tiempo. A Diego le gustaba decir que Pelé «debutó con un pibe» para hacer correr la idea de que el brasileño era homosexual. Y Pelé se esforzaba en desmentirlo con espectaculares novias a ser posible rubias y famosas, como Xuxa. Con los años la relación se suavizó y Diego llegó a entrevistarle en su programa «La noche del 10», emitido en horario de máxima audiencia en Argentina. Después de intercambiarse camisetas de sus selecciones dedicadas, Diego le confesó su sueño. «El sueño mío es hacer un par de cabezas con usted», le dijo. Se levantaron de la mesa y se pusieron a pasarse la pelota de cabeza como dos niños que juegan. Terminaron abrazados y con Maradona dándole las gracias.

 

Pelé era especial. Aunque Di Stéfano había protagonizado algún anuncio –inolvidable el de medias Berkshire– y alguna película, Pelé fue el primer futbolista que hizo de su imagen un verdadero negocio. Vivió de ser Pelé durante gran parte de su vida. Aunque llegara a ser ministro de Deportes de Brasil, su principal trabajo era ser él mismo, un camino que después han recorrido muchos otros deportistas. El brasileño llegó a ser la cara de marcas como Pepsi, Mastercard o Viagra. Una vida resumida en tres anuncios.

No hace falta ganar un Mundial para ser uno de los mejores de la historia, aunque a Messi, que había ganado todo lo demás, se le exigiera ese título durante mucho tiempo para ponerse a la altura de Maradona. Di Stéfano nunca jugó uno y Cruyff perdió la final en el único que disputó. Pero el Mundial es lo que une a Maradona con Pelé.

En México ganó el suyo Diego para convertirse en el mito que es. Y en México ganó Pelé el último de sus tres títulos. Es el único futbolista tricampeón del mundo. Zagallo, que lo acompañó en los primeros, el de 1958 y el de 1962, lo dirigió en el de 1970. Además, era ayudante de Parreira cuando los brasileños ganaron el cuarto en 1994. Pero Pelé lo hizo todo en el campo.

La relación de «O Rei» con el Mundial es como la de Di Stéfano con la Copa de Europa. Fueron el origen de algo irrepetible. Con Pelé, Brasil consiguió en propiedad la copa Jules Rimet con la que se premiaba al campeón del mundo, la que el perro Pickles recuperó en Inglaterra en 966, y que después fue sustituida por la Copa FIFA con la que se premia en la actualidad al campeón.

Ahora Pelé se ha ido. El hombre que convirtió en icónico ese número 10 que señala a los mejores jugadores. El mismo que ahora luce Messi en Argentina. Leo carga sobre su espalda con el legado de los cuatro genios que llegaron antes. Es el último superviviente de una especie.