Atlético-Athletic, clásico copero

El Atlético defiende título
El Atlético defiende título

Dirimirán la eliminatoria, a priori, más interesante de los cuartos de la Copa del Rey, un combate entre dos conjuntos que se han visto las caras 14 veces, 3 de ellas en la final, y ambos protagonistas de bonitas gestas.

Atlético de Madrid y Athletic de Bilbao dirimirán la eliminatoria, a priori, más interesante de los cuartos de final de la Copa del Rey, un combate entre dos conjuntos que se han visto las caras muchas veces (14, 3 de ellas en la final) en un torneo especial para ambos, protagonistas de bonitas gestas.

Una de ellas, en la temporada 1977-78, en una ronda, la de octavos, que los rojiblancos madrileños guardan en su hoja de servicio como "oro en paño". 1-2 venció el Athletic en el partido de ida disputado en Madrid, un resultado que parecía dejar la lucha muy de su lado, a pesar de que por entonces el reglamento no concedía, en caso de empate, valor doble a los tantos firmados fuera de casa.

El 8 de febrero de 1978, el viejo San Mamés fue testigo de un encuentro inédito, el de vuelta, que batió un récord de duración, pues la batalla se extendió durante algo más de tres horas, y que hizo vibrar a los aficionados, especialmente a los del Atlético, que fue el que, finalmente, accedió a los cuartos de final. Y lo hizo de la mano de un futbolista que ese curso pasaba a engrosar la primera plantilla: Juan José Rubio, un extremo de los de antigua usanza, hábil y escurridizo, que se convirtió en el héroe de esa noche invernal.

El Atlético, que vistió con camiseta roja y calzón blanco y comenzó el envite con Rubio en el banquillo, entró al césped de San Mamés con el pie izquierdo. Todo le salió mal en el inicio. El Athletic parecía tener todo sentenciado en el descanso, porque en el minuto 11 Marcelino engañó a Reina al retrasar un balón que intentaba recoger Astrain, y en el 46 fue Julio Alberto el que batió a su cancerbero al rematar de cabeza un centro de Argote.

2-0 en el intermedio con dos tantos en propia meta, un guarismo que, unido al del Calderón, se tiñó de concluyente. En las filas madrileñas todo era desconsuelo y por eso Julio Alberto se marchó a la caseta con lágrimas en los ojos. Sin embargo, hazañas como la interpretada en el segundo acto son típicas del Atlético.

Al comienzo de ese período salió Rubio al terreno de juego en sustitución de Alberto y a los cuatro minutos el extremo, de 1,65 metros de estatura, acortó distancias para su equipo (2-1). A los 24, Aguilar sorprendió con un disparo desde 30 metros que batió a Iribar (2-2) y, ya en el descuento (m.93), Rubén Cano colocó el 2-3 en el marcador. Se llegó a la prórroga.

En el tiempo extra, cuando sólo se llevaban 7 minutos de juego, Carlos logró la igualada a tres y devolvió de nuevo la euforia a la grada de San Mamés, hasta que en el 117 el árbitro decretó penalti a favor del Atlético. Hubo que esperar siete minutos para que se pudiera lanzar, ya que el público inundó de almohadillas la portería de Iribar, pero finalmente Rubio lo transformó en gol (3-4), dejando la resolución de la eliminatoria a la suerte de las tandas desde el punto fatídico.

La primera se despachó con un 4-4 (Marcial, gol; Dani, gol; Rubén Cano, gol; Churruca, gol; Leal, para Iribar; Guisasola, poste; Aguilar, gol; Aitor Aguirre, gol; Ayala, gol y Escalza, gol), por lo que se tenía que ejecutar una segunda en la que se clasificará el que anotase, si marraba el siguiente. Tiró Lasa y paró Reina y recayó sobre Rubio la responsabilidad del definitivo. El pequeño extremo disparó y marcó. Rubio fue el hombre del partido.

"San Mamés vivió anoche uno de esos encuentros memorables, extraño por complicado, emocionante por la marcha del tanteador, indescriptible por la cantidad de sorprendentes acciones a lo largo de más de tres horas que duró", describía al día siguiente ABC. "Pésimo, horrible, espantoso el arbitraje del catalán Tomeo Palanqué. Sin autoridad, sin clase y, al parecer, sin reloj en hora. Provocó la mayor parte de las broncas populares y el lanzamiento de almohadillas y, al margen de los méritos de cada equipo, pudo influir en el resultado final", añadía. Es evidente que al duelo no le faltó de nada. Atlético y Athletic, dos clásicos coperos, se vuelven a cruzar en el camino.