Fútbol

El Atlético, entre los pitos a Griezmann y los suspiros de alivio

El VAR anuló un gol al Oporto en la segunda parte y los rojiblancos, que no funcionaron como se esperaba, respiraron

Antoine Griezmann
Antoine GriezmannManu FernandezAP

Los números y la lógica chocan con los sentimientos cuando Griezmann vuelve a vestir la camiseta rojiblanca. El Atlético miró al pasado, recordó los goles del francés y lo trajo de vuelta para completar al equipo campeón de Liga. Pero el aficionado rojiblanco no se olvida de su marcha al Barcelona, de sus idas y venidas y su manera de despistar a unos y a otros. Y el recibimiento en su regreso al Metropolitano fue como se esperaba, con una impresionante pitada cuando entró en la segunda mitad en sustitución de Joao Félix. El portugués no ha conseguido rellenar en los dos últimos años el hueco que dejó Griezmann, pero aunque haya cambiado de número y de peinado, la afición no olvida.

Fue la entrada del nuevo número 8 del Atlético lo que hizo salir del sopor al estadio. Y coincidiendo con su entrada y con la de Correa llegaron los mejores minutos del Atlético. El argentino, en otro tiempo víctima de la afición, tuvo una oportunidad poco después de aparecer en el campo. La más clara del Atlético, que hasta ese momento sólo había tenido un disparo de Luis Suárez después de una gran jugada que comenzó Mario Hermoso con un gran pase entre líneas para Lemar y continuó el francés con una entrega perfecta al uruguayo.

Le cuesta al Atlético encontrar en Europa el discurso que le convierta en un equipo dominador. Se despidió con una alineación cargada de defensas y regresó con otro ánimo en la teoría, pero con el mismo espíritu práctico. Sin brillo, sin alma.

El Oporto lo esperaba, le dejaba jugar con la idea de robarle un balón cerca del área que le permitiera incomodar a Oblak. Sergio Conceiçao, el entrenador del equipo portugués, fue compañero de Simeone en Italia y transmite desde el banquillo la misma intensidad que el Cholo. Y donde no llega él, llega Pepe desde el césped. El exmadridista también recibió su ración de pitos antes de abandonar el campo para dejar sitio a Marcano. Aunque lo suyo con la grada había durado todo el partido.

El Atlético no encontraba la manera de hacer daño al Oporto, pero los portugueses llegaban al área de la manera más inesperada. Otavio, el brasileño que ha debutado con Portugal en la última convocatoria después de su nacionalización, mandó al poste un centro desde la banda que ya había superado a Oblak. Una manera extraña de tener la mejor ocasión del partido hasta que apareció Lodi, que había entrado en el campo junto a Correa y Griezmann, para poner un pase en el área a Taremi. El delantero del Oporto marcó de rebote después del despeje de Oblak y de chocar con el portero esloveno. Pero en su caída terminó rematando con la mano y el VAR no perdonó.

No era sencillo apreciar la maniobra del delantero del equipo portugués, que se vio menos sorprendido por la decisión del videoarbitraje que su entrenador. Conceiçao se indignó, pero de nada le sirvió.

El Atlético respiró y siguió buscando el gol. Fue Griezmann el que más hizo para que llegara. Se acababa el partido cuando forzó la expulsión de Mbemba en una arrancada hacia la portería. Luis Suárez le negó la posibilidad de lanzar la última falta antes del final. El Atlético se quedó sin el gol y el mundo, sin saber qué hubiera pasado si Griezmann hubiera lanzado y hubiera marcado. Habrá que esperar.