Casillas, cuarto portero

De ser titular indiscutible para «Mou», excepto en un amistoso, a caer en desgracia el último curso

IKER se prepara para salir en el minuto 6 del Madrid-Real Sociedad
IKER se prepara para salir en el minuto 6 del Madrid-Real Sociedad

Ha caído en desgracia en los últimos meses: por lesión (la primera y más grave de su carrera) y porque Mourinho ya no le valora como antes, pero a Iker Casillas le queda el consuelo de que la paciencia y el apoyo incondicional del madridismo son sus mejores aliados.

Ha caído en desgracia en los últimos meses: por lesión (la primera y más grave de su carrera) y porque Mourinho ya no le valora como antes, pero a Iker Casillas le queda el consuelo de que la paciencia y el apoyo incondicional del madridismo son sus mejores aliados. Mourinho se marchará del Real Madrid, él permanecerá y, además, tiene por delante este verano la Copa Confederaciones con la Selección, donde no hay dudas sobre él, para volver a lo más alto del panorama futbolístico.

Hoy por hoy, por aquello de que el cuerpo técnico madridista no le concede «el alta competitiva», Casillas es el cuarto portero. No es convocado –no lo fue en La Romareda ni tampoco lo será pasado mañana ante el Galatasaray–, pese a tener el alta médica, con lo que, en el grado de prestaciones y rendimiento que puede aportar cada guardameta, él es el cuarto de la fila, por detrás de Diego López, Adán y Jesús (por este orden), que ellos sí viajan.

La historia de Mourinho con Casillas se escribe con renglones torcidos desde el maratón de clásicos de la primera temporada «mourinhista». La batalla dialéctica que emprende el técnico portugués con el eterno rival, sus quejas arbitrales, tienen un solo recorrido de debate para sus hombres y la gente del club: haced lo que yo haga; o estáis conmigo o estáis contra mí. (Véase Valdano). Y, desde luego, en Casillas no encuentra la respuesta que esperaba. Ciertas actitudes no tienen lugar en el registro de valores que le han inculcado en el Real Madrid desde que era niño.

Acabada la temporada y por el bien de la Selección, del deporte y porque son sus amigos, Casillas llama a Xavi y a Puyol para rebajar la tensión de los últimos meses, reconducir la relación e imponer la máxima de que lo que pasa en el campo se queda en el campo. Un gesto que le engrandece aún más, pero que en opinión de «Mou» a él le deja a los pies de los caballos. Casillas le es fiel, pero no leal, obediencia ciega que sí encuentra en otros jugadores españoles, aunque quizá no tengan el madridismo tan grabado a fuego como el de Móstoles o Sergio Ramos, los que sí chocan con «Mou» por su distinta forma de ser.

Nada más volver del verano, Mourinho hizo público su disgusto. No le dio la titularidad en el Trofeo Santiago Bernabéu, algo que se hubiera pasado por alto si no fuera por las palabras de advertencia que mandó Mourinho. «Casillas no es el dueño indiscutible de la portería –avisó–, Adán necesita minutos para coger ritmo competitivo y se los voy a dar». Sin embargo, en su segundo año Mourinho no se atrevió a prescindir de Casillas ni en Liga ni en Europa. En este tercero, tampoco, hasta que el título de Liga ya era algo imposible. Entonces, bajó a los infiernos a Iker, pese al enojo de la grada madridista, y enalteció a Adán. La estrella que ha acompañado a Casillas en su carrera, volvió a brillar en el minuto 6 del Real Madrid-Real Sociedad cuando Antonio fue expulsado. Volvía a la portería los 84 minutos que quedaban y los 90 de la siguiente jornada, ante Osasuna. Pero en Mestalla la estrella le abandonó. Una patada fortuita de Arbeloa le rompió la mano. Desde entonces, Adán no ha existido. Se fichó a Diego López y, dos meses después, «Mou» ha hundido en la miseria a Iker y a Adán.