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El Real Madrid golea al Leganés (4-1) y dispara el entusiasmo

El Real Madrid superó con claridad al Leganés (4-1) en un encuentro que se fue con empate a uno al descanso pero que sentenciaron los blancos con tres goles en la segunda parte.

  • Gareth Bale celebra su gol, primero del equipo ante el Leganés. EFE//Kiko Huesca
    Gareth Bale celebra su gol, primero del equipo ante el Leganés. EFE//Kiko Huesca

Tiempo de lectura 4 min.

02 de septiembre de 2018. 01:30h

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José Aguado Madrid. 1/9/2018

Los más prudentes dirán que es pronto, muy pronto para juzgar, para hacer balance. Que es pronto para entusiasmarse, como si para eso fuese alguna vez. Probablemente siempre sea tarde. El caso es que tras el mercado de fichajes, que dejó una sensación de pérdida en el aficionado, ha empezado la competición, ha empezado lo que de verdad importa y el Madrid invita al entusiasmo, a esperar grandes cosas y a ir al Bernabéu con ganas de pasárselo bien. IES pronto ¿y qué? porque están sucediendo cosas que antes no pasaba. Sucede, con sólo cuatro partidos oficiales disputados, que los aficionados blancos peinsan ya que Bale es el banderín al que engancharse, porque, mira por donde, no hay partido por que pase sin dejar algo: en Liga, va dejando goles todos los días, como si hubiese abierto el tapón que le impedía desarrollarse plenamente y se hubiese quitado un peso de encima, como si estuviese liberado corriendo por cualquier zona del ataque, haciendo la cobertura a Carvajal y llegando al área para rematar.

Se ven cosas que otra temporada eran hasta imposibles de imaginar: el Bernabéu ovacionando a Karim Benzema y éste respondiendo a los aplausos, como si el aficionado y el delantero francés fuesen camaradas de toda la vida, amigos que siempre se han llevado bien y no se han mirado con sospecha y, a veces, con indignación. Es como si el público del Bernabéu se hubiese reencontrado con el Benzema que quiere: el que marca goles como un delantero centro y ya llevo cinco, los mismos que hizo hasta la Navidad de 2018 y que continúa jugando como muy pocos delanteros en el mundo lo hacen. Sigue en la línea de la final de Kiev, cuando gobernó el encuentro con sutileza. Y el Bernabéu, esta vez, se lo agradece.

Es un Madrid igual, pero es nuevo; no ha perdido gol y sí ha ganado solidaridad y consistencia. Decía Pellegrino que este conjunto de Lopetegui ocupa mejor los espacios. Y es verdad, y también que tiene la pelota siempre, cuando tiene que ganar y cuando va ganando. En otras ocasiones, con el marcador a favor no le importaba echarse atrás para esperar. Ahora no; ahora manda e intenta jugar siempre. Marcó Bale y siguió con la pelota. Si empató el Leganés fue por un error de Casemiro que midió mal en una jugada en el área. Fue lo único que hizo el Leganés, superado por el rival siempre. Por ahora, en todos los encuentros de Liga, el Madrid ha ganado por superioridad aplastante, haciendo aún peor al contrario.

Y cuando coge el ritmo, cuando por fin el rival se descose un poco, el equipo de Lopetegui es una apisonadora con estilo, con variantes y con futbolistas para decidir los encuentros. Lopetegui dio la titularidad a Modric y en vez de quitar a Asensio, dejó en el banquillo a Isco, porque resulta que la plantilla del Madrid es más extensa de lo que parecía. Modric lideró al equipo mientras tuvo oxígeno y Asensio demostró que esta sí que puede ser la temporada definitiva para que no se hable de él como un jugador de futuro. Lo que necesitaba era minutos para sentirse capaz de todo. Con confianza es un jugador muchas veces inalcanzable para los rivales. Hace las cosas un segundo antes que los demás: justo lo suficiente para que le hagan penaltis. El del Leganés fue el tercero de la temporada, los tres barridos por el rival.

Fue Ramos quien lo marcó, lo que era el cuarto tanto del partido porque Benzema ya había hecho dos. El tercero fue una maravilla suya, paseándose por el área para rematar cruzado y rendir al público y el segundo fue un remate de cabeza, que tuvo validar el VAR.

Porque el Bernabéu ayer vio muchas cosas nuevas y una de ellas fue el VAR. El árbitro pitó falta del delantero del Madrid y desde el estudio le dijeron que quizá podía ser otra cosa. Los jugadores blancos habían celebrado el gol, lo habían dejado de celebrar al ser anulado y ahora esperaban la resolución final. El colegiado fue a la tele, mantuvo esos segundos de incertidumbre tan buenos para el suspense y dio el tanto: los jugadores se pusieron a celebrarlo de nuevo. Hay algo teatral, algo extraño en ese retardo entre el gol y la celebración. Como si hubiese que buscar el ímpetu otra vez.

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