Diego Costa toma San Siro

Michael Essien y Andrea Poli acechan a Juanfran durante el partido entre Milan y Atlético de Madrid.

El escenario, impresionante. El rival, caduco, pero con pedigrí (siete copas de Europa en sus vitrinas) y el partido, más o menos según lo previsto. El Atlético demostró personalidad, oficio y carácter para plantar cara un Milan, que antepone su experiencia a cualquier otra virtud. El resultado deja abierta la eliminatoria para el choque del Calderón (11 de marzo), pero el equipo de Simeone está en disposición de seguir haciendo historia. El gol de Diego Costa a siete minutos del final fue determinante. Quizá, excesivo, pero estaba escrito que la estrategia podía decidir y así fue.

Porque el Atlético, con ese juego que sólo enamora a sus incondicionales, pero que tiene el máximo respeto del colectivo futbolístico –entrenadores, jugadores y aficionados rivales – se marcó un buen partido en la Scala de San Siro. Desde el pitido inicial se puso el mono de trabajo para pelear con un rival que muestra lagunas en su juego y que lo fía casi todo al toque de Kaká y a las genialidades de Balotelli. Los demás, obreros del balón –Essien, De Jong, Poli y Emanuelson– dispuestos a hacer kilómetros por el bien de la causa, por conseguir, con ayuda del sistema defensivo, donde la aportación del valencianista Rami no pasa de discreta, que el veterano Abbiati no tenga muchos disgustos en la portería.

El inexperto Seedorf –tres Ligas de Campeones como jugador con tres equipos diferentes– se vio obligado a arriesgar, pero sin tirar excesivamente de la manta, por lo que el juego transcurrió en los primeros compases por el centro del campo. El Atlético, replegado, como es costumbre y santo y seña de Siemone, en su teritorio se movió acompasado y procuró lanzar contragolpes en cuanto recuperó al pelota. Allí estaba Gabi como mariscal de campo. Con Mario Suárez de ayudante destacado. Koke, Arda y hasta Raúl García se sumaban a la medular para echar una mano en la presión y obligar al Milan a cometer errores, dado que el virtuosismo de Essien o De Jong es escaso.

Sin miedo, con criterio, los diez primeros minutos fueron del Atlético. Llegó al área, amagó, no pegó, pero dio la sensación de que no se iba a esconder, de que iba a presionar en las zonas donde el Milan no elabora y sufre. Sin embargo, pronto cambió el aire y el conjunto de Seedorf comenzó a dar sustos. Los culpables, Taarabt, al que a Insúa le costaba sujetar, Kaká y Balotelli. Y al cuarto de hora zapatazo del Kaká, la mano de Courtois y el balón al larguero. Primer susto para el Atlético. El segundo llegó tres minutos más tarde en un cabezazo de Poli al que repondió Courtois con un paradón. Sin hacer mucho, el Milan se había arrimado más al gol que el Atlético. Juego había poco, faltas, muchas (en una de ellas Insúa se cargó a Sceglio) y ocasiones, pocas. Faltaba precisión a los dos equipos, pese al control de Arda y Koke y las acciones de Diego Costa, que no llegó a dos centro de Juanfran, que entraba con fuerza por la derecha. Koke buscaba los pases entre líneas que no llegaban mientras Gabi y Mario se peleaban con Poli, De Jong y Essien.

No era partido brillante; sí tenso porque los contendientes lo peleaban todo. Faltaba la pausa, la precisión y esa acción individual que suele resolver estos compromisos. Balotelli, Kaká, Diego Costa y Arda eran los invitados aa desnivelar el marcador y con esa intención comenzó el segundo acto. Simeone había pedido un gol como mínimo, pero el Atlético no lo encontraba porque sus llegadas fueron pocas y el Milan tapó huecos y se defendió con mucho orden.

El Atlético salió tranquilo, le faltaban muchas cosas en ataque, pero como el Milan no le exigía el guión no cambió en exceso. El equipo de Seedorf se desmadejaba, no hilvanaba una jugada con sentido y Courtois apareció, simplemente, para blocar un disparo del marroquí Taarabat, el jugador con más intención de los italianos.

Un cabezazo de Essien, alguna falta lanzada por Balotelli –la estrella milanista no aprovechó ninguna de las que lanzó– y nada más en un equipo muy plano, previsible y en el que Kaká ya no apareció tanto. Buen toque y alguna acción aislada del ex madridista.

Tampoco el partido del Atlético era para enmarcar. No sufría, trabajaba bien en el centro del campo, pero le faltaba definición y llegar con claridad ante Abbiati. Entró Cristian Rodríguez para ayudar en la izquierda y a diez minutos de final fue Adrián el que reemplazó a Raúl García, que habia mandado un centro de Juanfran a las nubes en una de las pocas jugadas con sentido del equipo. Y el asturiano forzó un córner. Lanzó Gabi con precisión para que Diego Costa se elevara para cabecear a la red. Un gol de «Champions». Un gol que puede y debe valer el pase a cuartos.

- Ficha técnica:

0 - Milán: Abbiati; De Sciglio (Abate, m. 25), Bonera, Rami, Emanuelson; Essien, De Jong; Poli, Kaká, Taarbat; y Balotelli (Pazzini, m. 78).

1 - Atlético de Madrid: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Insua; Arda (Cristian Rodríguez, m. 74), Gabi, Mario Suárez, Koke; Raúl García (Adrián, m. 80) y Diego Costa.

Gol: 0-1, m. 83: Diego Costa, de cabeza tras un rechace en el área.

Árbitro: Pedro Proença (Portugal). Amonestó a los locales Abate (m. 44), Bonera (m. 61) y Rami (m. 92) y a los visitantes Insua (m. 20), Mario Suárez (m. 41), Diego Costa (m. 69) y Adrián (m. 93).

Incidencias: partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Giuseppe Meazza de Milán ante unos 75.000 espectadores, con presencia de unos 2.500 aficionados del Atlético de Madrid.