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Entre Griezmann y Oblak

Un gol del francés y las paradas finales de portero evitan al Atlético un sofocón ante el Rayo. El recién ascendido asustó a los rojiblancos antes de la celebración por la Supercopa y el Mundial de Rusia

  • Antoine Griezmann celebra con parte de la afición el único gol del partido/ Foto: Efe
    Antoine Griezmann celebra con parte de la afición el único gol del partido/ Foto: Efe

Tiempo de lectura 4 min.

26 de agosto de 2018. 01:51h

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José Manuel Martín Madrid. 25/8/2018

Tenía mucho que celebrar el Atlético en su primer partido de Liga en casa. El Rayo, vapuleado por el Sevilla en la jornada anterior, parecía el invitado perfecto para pasar una noche tranquila antes de la fiesta en la que estaba previsto que los futbolistas ofrecieran a la afición las últimas copas conseguidas. El plan era disfrutar de la Supercopa de Europa ganada al Real Madrid en Tallin el día 15 y del campeonato del mundo conseguido por los tres franceses de la plantilla: Lemar, Lucas Hernández y Griezmann. Precisamente fue Antoine el que permitió que el disfrute incluyese los tres puntos. Los salvó el «7» con un remate de delantero oportunista a la salida de un córner, justo cuando empezaba a cundir la inquietud en el Wanda Metropolitano.

El Atlético apareció destemplado, sin el «feeling» que sí demostró, por ejemplo, en la primera mitad del empate en Mestalla. No había ritmo ni velocidad ni precisión y el único argumento realmente válido parecía ser la insistencia de Diego Costa. El brasileño no necesita a su ejército para pelear, lo puede hacer en solitario sin ningún problema y en este comienzo de curso es uno de los rojiblancos más enchufados. Siembra el pánico cada vez que ataca el área rival y durante muchos minutos parecía ser el único camino del Atlético hacia la victoria.

Muy poco para un equipo que oposita a todo con una plantilla económicamente a la altura de la clase alta de la Liga de Campeones. Rodri ocupó un lugar en el doble pivote y dejó más dudas que otra cosa. El mejor heredero de Busquets era carne de sustitución un minuto antes del primer gol del partido, que permitió respirar a los rojiblancos y, a Simeone, hacer un cambio más defensivo.

Ni por debajo en el marcador se rindió el Rayo, que aprendió la lección de hace siete días. Fue un grupo mucho más compacto, que tocó menos el balón y se sintió cómodo siendo directo. No le tuvo miedo al Wanda, sin pasar apuros en defensa y con Embarba como revolucionario en campo contrario. No llegó a tiempo Raúl de Tomas a la cita, el goleador franjirrojo del ascenso que ayer quizá hubiera exigido más a Oblak. Este Rayo en construcción es una hormiguita al lado del poderío del Atlético y a pesar de las buenas intenciones sólo muy al final fue capaz de exigirle al portero esloveno sus paradas salvadoras de cada jornada.

Trejo no encontró socios cuando se descolgó con el balón y Advíncula, el futbolista más rápido del mundo, apuntó cosas, aunque todavía tiene que culminar su proceso de adaptación a la Liga. Le faltó calibre al «Rayito», pero se fue del Wanda con un buen sabor a pesar de perder.

Al contrario que el Atlético, que salvó una tarde-noche tonta gracias a un acierto de su estrella. No está ni mucho menos en forma el francés, que tiró un poco de memoria para decidir en una jugada a balón parado, como hicieron los galos casi en cada partido en el Mundial de Rusia. Ni con el marcador por delante y el reloj agotándose, los rojiblancos pudieron sentirse seguros. Todo lo contrario. Se creció el Rayo y llegó el show de Oblak, que sí tuvo que multiplicarse en los últimos minutos (primero resolviendo un barullo en su área pequeña y después volando a un remate de Moreno) para que pudiese haber fiesta.

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