Fútbol

Lo que une al PNV y a Andoni Ortuzar con la selección inglesa

Los finalistas y anfitriones de la Eurocopa desprecian el himno del rival y hacen trampas: como si fueran nacionalistas

Gareth Southgate, seleccionador inglés, en el entrenamiento de este jueves
Gareth Southgate, seleccionador inglés, en el entrenamiento de este juevesCARL RECINEREUTERS

Que dice Andoni Ortuzar, que él es seguidor «de toda la vida» de la selección de Inglaterra. Y a mí, lo que me da es que es tonto o que se parece, como mucho, a los hinchas británicos en el hooliganismo beodo con que se conducen los más descerebrados de entre ellos. Al menos, cuando habla de fútbol. O quizá sea sólo uno de tantos embusterillos que pacen en la política, ésos que miden cada palabra que pronuncian con el rasero de sus intereses más bastardos. Preguntado en vísperas de las semifinales, el presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV) expresó su preferencia por Inglaterra. Seguramente sea mentira, pero el caso es excitar los ánimos. Como si fuera eso lo que nos hace falta.

Inglaterra, o sea, el equipo de Ortuzar, jugará la final de la Eurocopa y es probable que el presidente del PNV no sepa ni el día ni la hora del partido, porque a él dejó de interesarle el torneo desde que no constituye una excusa para dar pellizquitos de monja a los maketos que, por ejemplo, en un club deportivo de una localidad vizcaína donde su partido arrasa elección tras elección, se abrazaban eufóricos cuando España eliminó a Croacia. O es también posible que esa querencia del mandarín vascongado por los «pross» obedezca a alguna desviación conductual que ha transitado últimamente en la línea de ferry Portsmouth-Bilbao.

Porque el equipo que dirige Gareth Southgate, preñado de talento y practicante de un fútbol vistoso, ha conseguido romper dos cosas: el gafe de las semifinales que lo perseguía desde 1966 y la corriente de simpatía que muchos aficionados neutrales sentimos por los inventores del juego, a quienes creíamos a salvo de algunos vicios censurables en la mayoría de los equipos. Pero resulta que no. Sin excepción, en los cinco partidos que Inglaterra lleva jugados en Wembley, un porcentaje (no pequeño) de hinchas locales ha abucheado la interpretación del himno visitante y, contra Dinamarca, los atacantes ingleses se aplicaron con fruición en las artes dramáticas en cada incursión en el área, hasta que el árbitro picó y decantó el finalista con la señalización de un penalti aberrante, ridículo, contrario por completo al espíritu de la regla. Nacionalismo supremacista y retorcimiento de la norma en beneficio propio, ¿a qué les suena? Sí, es verdad que el PNV de Andoni Ortuzar podría ser el espejo en el que se mira Inglaterra en esta Eurocopa.

Servidor no va a justificar su apoyo a Italia en la final en menudencias así, ya que huelgan explicaciones cuando se luce un segundo apellido como Girelli; ni tampoco necesita la Squadra Azzurra –qué grande Chiellini el martes en el sorteo de la tanda de penaltis, cómo se metió en la cabecita de panoli de Jordi Alba– paladines contra la triquiñuela ajena, se las avían sin ayuda. Pero uno sí se atreve a hacerle una petición al lector neutral, en vista del país en el que vivimos y la grey política que padecemos. Si con la victoria italiana conseguimos que Andoni Ortuzar pase un mal rato, ¿no es eso motivo suficiente como para desearla con todas nuestras fuerzas? Siquiera sea por lo impresentable que resulta que un señor utilice la relevancia de su cargo público para tocarle los dídimos a muchos de sus conciudadanos con un tema sensible.

José Antonio Griñán, madrileño y colchonero, era presidente de la Junta de Andalucía en 2010, cuando el Sevilla le ganó la final de la Copa del Rey al Atlético de Madrid. Tres días después del partido, abrió la Casa Rosa, entonces sede de la Presidencia autonómica, con la mejor de sus sonrisas para agasajar a los campeones, ejemplificando la necesaria separación entre las devociones personales y las obligaciones institucionales. Pasó un mal rato el socialista en el Camp Nou, sí, pero sus administrados no deben pagar su frustración deportiva. ¿Es esto tan complicado de entender? Lo es para el tal Ortuzar, por lo visto, que no es capaz de mostrar el menor respeto por la sensibilidad de tantísimos vascos que desean el triunfo de la selección española, muchos de ellos votantes del partido que preside. El tonto, en efecto, es aquel que jamás desperdicia una oportunidad de meter la pata. Con los inteligentes que resultan algunos silencios...