Polémica
La FIFA estudia implantar una nueva regla en el fútbol, que puede cambiarlo todo
La máxima institución futbolística está muy pendiente de las pérdidas de tiempo. Y quiere acabar con eso
La FIFA vuelve a mover ficha. El máximo organismo del fútbol mundial, cada vez más intervencionista desde la llegada del VAR y de todas las modificaciones aplicadas en los últimos años, trabaja ahora en una nueva regla que, aunque de apariencia menor, podría tener una influencia notable en el desarrollo de los partidos. La propuesta, según avanzó AS, nace de la insistencia de Pierluigi Collina, excolegiado internacional y actual responsable arbitral de la FIFA, que mantiene desde hace años una obsesión clara: acabar con la pérdida de tiempo sistemática y con una cultura del engaño que se ha normalizado dentro del juego.
Más tiempo de juego
El punto de partida es sencillo. Para Collina, el tiempo efectivo es demasiado bajo, los partidos se interrumpen constantemente y el fútbol moderno, pese a su profesionalización, convive con escenas que no se corresponden con la deportividad que el organismo pretende fomentar. De ahí que la FIFA haya ido probando distintos caminos. El más visible fue la decisión de ampliar de manera drástica los tiempos añadido. La medida pretendía compensar las interrupciones, los cambios, las celebraciones y, especialmente, las pérdidas de tiempo asociadas a lesiones fingidas o exageradas. El fútbol ha cambiado desde entonces: hoy prácticamente ningún partido se cierra en torno al minuto 90 real.
Pero para Collina esa corrección no es suficiente. Aumentar el añadido arregla el síntoma, no la causa, y desde la FIFA consideran que hace falta intervenir en la raíz del problema: las interrupciones prolongadas asociadas a atenciones médicas que, en muchos casos, no responden a lesiones reales. Esa práctica, lejos de ser anecdótica, se ha convertido en un elemento más del repertorio táctico, sobre todo en equipos que defienden un resultado favorable. Y, al mismo tiempo, ha hecho surgir un efecto secundario: la desconfianza. Incluso en acciones que podrían ser graves como los golpes en la cabeza, el espectador, e incluso a veces los propios árbitros, dudan de si la caída responde a un impacto real o a una maniobra para consumir segundos.
Una nueva revolución
Ante este escenario, la FIFA estudia ahora una nueva regla: que todo jugador que reciba atención médica dentro del campo tenga la obligación de permanecer dos minutos fuera del terreno de juego. La única excepción sería el portero, cuya salida generaría una desigualdad excesiva y pondría en riesgo la integridad competitiva del partido. La propuesta busca que cualquier futbolista que solicite atención sepa que, además de detener el juego, dejará temporalmente a su equipo en inferioridad. No se pretende penalizar a quien realmente lo necesite, sino eliminar la tentación de fingir.
El razonamiento es directo: si una molestia es real, dos minutos fuera del campo son asumibles; si no lo es, el incentivo para exagerar desaparece. Collina y su equipo creen que esta medida podría reducir de manera significativa las interrupciones injustificadas y evitar que el control del ritmo dependa de la pillería o de una teatralización que muchos entrenadores dan por asumida. La FIFA considera, además, que la simulación no es un fenómeno aislado ni marginal, sino una conducta habitual que se repite en prácticamente cualquier competición y estadio del mundo.
La escena es conocida por cualquier aficionado: un jugador cae, se retuerce, reclama atención urgente y, tras la entrada del equipo médico, se incorpora y sigue jugando sin la menor señal de dolor. Ocurre en las bandas, en el centro del campo, en el área y en cualquier fase del partido. Resulta especialmente visible cuando un equipo está en ventaja: cada interrupción es bienvenida, cada minuto sirve para frenar al rival, enfriar el juego o romper el ritmo del ataque contrario. Lo que para algunos es gestión del partido, para la FIFA es una deformación del espíritu competitivo.
Contra el engaño
La propuesta encaja dentro de una línea más amplia: convertir el fútbol en un deporte menos dependiente del engaño y más alineado con disciplinas donde la simulación se sanciona con severidad. Para el organismo, el fútbol ha tolerado durante demasiado tiempo comportamientos que, en otros deportes, resultarían inaceptables. Y aunque ninguna norma va a erradicar la picaresca, sí puede disminuirla si se eliminan los beneficios que genera. La medida, además, no impediría al árbitro detener el juego en caso de golpes en la cabeza u otras acciones de riesgo, pero al obligar a salir dos minutos, la FIFA espera reducir el abuso de una situación que en ocasiones genera confusión e incluso pone en duda el protocolo de conmociones.
El objetivo no es castigar a los futbolistas, sino devolver credibilidad a las interrupciones médicas y reforzar la idea de un juego más honesto. Para que la regla tenga efecto, el organismo recuerda que su aplicación debe ser clara, previsible y uniforme. No se trata de entrar en interpretaciones complicadas sobre la gravedad o la sinceridad del dolor, sino de convertir la salida obligatoria en un mecanismo automático que elimine el incentivo al engaño.