Fútbol

España encuentra un bálsamo en Georgia (4-0)

La selección golea en un partido sin emoción y con muchos cambios en el equipo titular. En la segunda parte, Luis Enrique, en el quinto cambio, hizo debutar al portero Robert Sánchez

Los jugadores de la Roja celebran uno de los cuatro goles anotados ante Georgia en el Estadio Nuevo Vivero de Badajoz
Los jugadores de la Roja celebran uno de los cuatro goles anotados ante Georgia en el Estadio Nuevo Vivero de BadajozMARCELO DEL POZOREUTERS

La derrota contra Suecia ha dejado huella en la selección porque la obliga a jugar siempre mirando lo que hacen los suecos. Pero es que además había vuelto a abrir la caja de las dudas que persigue al irregular grupo de Luis Enrique. Es un equipo tan dinámico como imperfecto, con muchas cosas loables y otras muchas también por corregir. Es un conjunto que se crece con las victorias y que duda cuando no sale lo que se había pensado. Por eso la goleada contra Georgia fue balsámica. No soluciona el lío en el que se metió España contra Suecia, pero no lo empeora y ayuda a mirar de otra manera el partido frente a Kosovo del miércoles. Sobre todo porque Suecia se mide con Grecia y puede que ahí se deje puntos. Al menos esa es la esperanza a la que se agarran Luis Enrique y todos sus futbolistas.

La victoria contra Georgia oculta un poco la cicatriz, cambia el ánimo, pero no sirve mucho para medir el espíritu competitivo de esta selección tan cambiante u original. Fue la clase de partido en el que en el quinto cambio, a falta de quince minutos, el seleccionador español cambia al portero. Eso da la medida del nivel. Luis Enrique quiso premiar a Robert Sánchez y por eso le dio salida al campo por Unai Simón. Mucha paz.

Porque el rival se encerró con empate a cero, con un gol en contra, con dos y con tres. Sólo en la segunda parte, cuando lo único que se podía hacer era esperar que pasasen los minutos, se atrevió a llegar al área de Unai Simón (mientras estuvo en el campo) y tirar una vez al palo. Fue el único momento de atrevimiento en un choque en el que se sintió tan inferior que dio el campo, el balón y el partido a España. Empezó el encuentro atrás, muy atrás, como hacen muchos, pero ni por un momento se le ocurrió inquietar al rival. Y así es muy difícil hacer daño. La frágil defensa española, quizá la línea del campo que más soluciones necesita (aunque no tiene pinta de que Luis Enrique piense lo mismo), no se sintió inquieta en ningún momento. Y así España pudo irse al ataque sin problemas y sumar goles como quien suma medicamentos para aliviar sus malos momentos.

Hay que reconocerle un mérito al partido de España, como es hacer un gol pronto. Es fundamental en partidos así, porque que pasen los minutos es una victoria para el equipo que defiende y una losa para el que ataca y no marca. Tal como llegaba la selección a esta duelo, pasar mucho tiempo sin hacer un tanto afectaría a la mentalidad.

Lo solucionó Gayá con un tiro lejano que rebotó en un rival, confundió al portero y acabó en gol al cuarto de hora de juego, justo en ese momento en el que empiezan las preguntas si el acoso no resulta.

España jugaba con mucha comodidad hasta llegar al área rival y allí ya se encontraba con el muro. Jugó mucho por las bandas el renovado equipo de Luis Enrique y le salió bien. Hizo muchos cambios el seleccionador, hasta cinco y no está aún claro si era para dar descanso porque aún queda un encuentro por jugar o si es que el enfado tras el choque contra Suecia no se le ha pasado todavía.

Además de Abel Ruiz en la punta en vez de Morata, puso a Llorente en el equipo titular y no como lateral derecho sino que lo hizo como interior, ahí donde el futbolista del Atlético de Madrid puede hacer más daño al rival. Lo agradeció la selección, que encontró por ese lado, junto a Ferrán, una vía de llegada.

Los goles fueron cayendo sin sorpresa y como suceden las cosas naturales. Luis Enrique hizo los cinco cambios, también varió el dibujo y las posiciones, pero apenas cambió el guión de un choque. Había que ganar... y poner tiritas.