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Sin alma en el césped, desalmado en el barro

Su tren de vida delató a Quique Pina. Tres coches de alta gama en su garaje, un barco y un ostentoso chalé demuestran la ambición del consejero del Cádiz y ex presidente del Granada.

  • Quique Pina, el viernes, a su llegada a la Audiencia Nacional para declarar. El juez decretó, después, su ingreso en prisión sin fianza
    Quique Pina, el viernes, a su llegada a la Audiencia Nacional para declarar. El juez decretó, después, su ingreso en prisión sin fianza
Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

04 de febrero de 2018. 07:40h

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Sevilla. 4/2/2018

Los técnicos de Quique Pina en su periodo como canterano del Real Murcia coinciden en dos características de aquel prometedor jugador: un elegante dominio de la pelota y la frialdad ante lo que pasaba a su alrededor. De un fútbol de camisa blanca, sin mancha de sudor, Pina se ha revelado como un presunto ladrón de guante blanco, pasando de un fútbol sin ambiciones a una prisión sin fianza por perseguir la más excitante ambición, la ganancia a toda costa.

La Audiencia Nacional resolvió el viernes dictaminar cárcel preventiva para el actual consejero delegado del Cádiz Club de Fútbol. El juez instructor, José de la Mata, considera la posibilidad de que destruya pruebas valiosas para el desarrollo de las pesquisas. El ex jugador, empresario y agente de futbolistas está imputado por el supuesto cobro de comisiones sin justificación ni declaración, la creación de un emporio financiero de compra y venta de jugadores sin rendición de cuentas al fisco y la contradicción entre su supuesta condición de insolvente y la posesión de una pantagruélica fortuna.

Su tren de vida delató a Pina. El muestrario de lujos es chillón como el escaparate de un almacén de neones de feria. Una mansión con una piscina de agua clara y un garaje donde reposan un Porsche, un Aston Martin y un Bentley. Se compró un barco al que bautizó como «El Duende» y contaba el dinero en billetes y a mano en un ostentoso chalé sito en el municipio murciano de Molina de Segura, donde fue detenido el miércoles por la Guardia Civil.

Allí, de frente a la inmensidad de la piscina, mientras los agentes de la UDEF hurgaban hasta en el cajón de los calzoncillos de verano, Pina habrá debido de visionar la película de su vida, buscando las claves de su causa. Desde aquel prometedor futbolista hasta el protagonista de una película de presunta corrupción, le supondrá un relato de utilidad para sus próximas vistas en el juzgado. Y de los capítulos de los últimos 25 años, Pina habrá reparado en algunos de los siguientes.

En 1995, el portero del Benidorm, rival del Murcia en aquella jornada dominical de Segunda B, acusó a Pina de querer sobornarlo. No fue el único intento de untadura. En 2011, cuando era propietario del Granada, un jugador del Elche, rival del equipo granadino en la pelea por el ascenso a Primera, señaló a Pina como comprador de voluntades en la previa del partido de vuelta de la eliminatoria definitiva.

Antes de recalar en la antigua capital nazarí, Pina hacía carrera como representante de futbolistas. Fue el responsable de que Las Palmas se hiciera en 1996 con los servicios del delantero argentino Turu Flores por más de 500 millones de pesetas. También intermedió en las operaciones de Iván Helguera a la Roma, Saviola al Barcelona, Vieri al Atlético del Madrid o Anelka al Real Madrid. La cartera de Pina se dirigió en 1999 a su patria chica, donde fundó el Ciudad de Murcia.

Ni el ascenso meteórico a Segunda División ni un escudo en forma de corazón convencieron a la afición murciana. Como respuesta, le vendió la plaza al Granada 74 por 20 millones de euros, un hecho inédito en España. Dos años estuvo Pina desaparecido hasta que, en 2009, anunció la compra de acciones del Granada Club de Fútbol, con el que repitió historia. Los Cármenes volvían a recibir al Madrid y al Barcelona 35 años después.

Precisamente en un Granada-Barcelona de la temporada 2011-12 sucedió lo inesperado. El dinero de la taquilla del partido había desaparecido. Un año antes se había producido otro suceso maloliente: los contenedores junto a la sede del club habían aparecido con bolsas de basura repletos de billetes de 200 euros. En 2014, fue chivato de Javier Tebas por el «caso Osasuna», otra hedionda compraventa de partidos, mientras que en 2016 trató de amañar un Granada-Las Palmas, justo antes de vender el club por 37 millones a unos inversores chinos. Ése fue el epílogo de su relación con Gino Pozzo, dueño de Udinese y Watford, también investigado.

Sólo él conoce cómo ha obrado en su etapa en el Cádiz, pues el juez no cuenta más que con indicios. Ahora, mientras repasa su película vital, deberá discernir a solas con su conciencia si ha actuado como el jugador sin alma del campo o el desalmado fuera de la hierba, en el barro de la corrupción.

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