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España quiere el Mundial de 2030

El presidente de la FIFA y el de la Federación pidieron ayer apoyo a Pedro Sánchez para presentar una candidatura a solas o junto a Portugal. La Eurocopa de 2028 es otra opción, mucho más factible.

  • Pedro Sánchez durante el encuentro que ha mantenido con Luis Rubiales y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino (i), hoy en el Palacio de la Moncloa.
    Pedro Sánchez durante el encuentro que ha mantenido con Luis Rubiales y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino (i), hoy en el Palacio de la Moncloa.
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Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

12 de septiembre de 2018. 23:57h

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José Aguado,  A.P..  Madrid. 12/9/2018

Naranjito es un recuerdo difuso para la generación que ahora cumple cuarenta años y probablemente no signifique nada para los millennials. Porque el Mundial de 1982, el que se celebró en España, queda ya muy lejos en la memoria colectiva. Eran otros tiempos y otra Selección, que sumaba más decepciones que alegrías. La participación de España fue un fracaso indisimulable. Empató contra la débil Honduras, ganó a Yugoslavia, perdió contra Irlanda del Norte, también contra Alemania y empató contra Inglaterra. Era un equipo acostumbrado a perder, pero hacer tan mal papel cuando eres organizador dejó otra sensación de amargura, un capítulo más que añadir a la maldición de la Selección.

Ahora España es una potencia, sabe lo que es ganar y cada vez que juega aspira a la victoria. Y quiere organizar otra vez un acontecimiento futbolístico de primer orden. Ha demostrado que tiene sobrada capacidad para ello, cuenta con una red de estadios nuevos o renovados, adaptados a los tiempos y con una afición numerosa, mayoritariamente pacífica, educada y con ganas de fútbol. Por todo eso, ayer, en la reunión que Infantino y Luis Rubiales tuvieron con Pedro Sánchez le animaron a apoyar a España para ser la sede de un Mundial. Aunque en los planes también entra una Eurocopa.

Según las fechas que se manejan, las opciones más viables son la Eurocopa de 2028 o el Mundial de 2030. El de 2022 va a Qatar y se jugará, por primera vez, en invierno; el de 2026 va a América del Norte (Estados Unidos, Canadá y México) porque la FIFA siempre busca nuevos mercados que explotar y considera que después de la experiencia de 1998, tiene que seguir potenciando el fútbol en Estados Unidos, un mercado que se resiste a un deporte que sí que ha conquistado el resto del planeta.

Después, está por ver. El fútbol volverá a su mercado tradicional después de Rusia, Qatar, EE UU, pero en Suramérica, Uruguay, Argentina y Paraguay quieren organizar uno de manera conjunta. Aún está muy cercana la experiencia de Brasil, pero los tres países tienen una gran tradición futbolística y si consiguen una organización potente, son un rival peligroso. Además, Reino Unido podría presentar también una candidatura. Si la competición vuelve a Europa, sería un rival temible para España. También Marruecos quiere presentarse para 2030. El país africano podría hacerlo en soledad, lo que es más complicado o con más países del continente.

O con su vecino europeo.

Y por ahí pasan las opciones e España. Podría presentarse con el país africano y junto a Portugal con una candidatura conjunta. Algo parecido quiso hacer Villar, cuando junto a Portugal presentó una candidatura conjunta para organizar el Mundial de 2018. Tanto las infraestructuras como la capacidad de los estadios o la experiencia organizativa no recibieron ningún reproche por parte de la FIFA, pero el dinero de Rusia y la posibilidad de expandir el fútbol a un país con tantos consumidores fue un factor determinante para que España se quedara sin Mundial.

En 2030, a la espera de algún país sorpresa, el Mundial ya tiene pocos terrenos que explorar y puede volver a lugares donde el fútbol es una tradición y la afición es mayoritaria. España cuenta a su favor con que hace mucho que no organiza un evento de esta categoría pese a ser, por selección, por clubes, por aficionados y por éxitos uno de los países con más peso en este deporte.

El problema para España es conseguir unir a Marruecos y Portugal en esta aventura conjunta, ya que en los últimos tiempos las fases finales se suelen organizar entre varios países. Son muchos condicionantes, entre tres países muy distintos y habría que solucionar quién lleva la voz principal, dónde se celebra la final y muchos más problemas de comunicación, transporte o logística.

Aún hay tiempo para llegar a un acuerdo y conseguir el sueño de organizar, otra vez, un Mundial. Será en 2022 cuando se decida la sede de 2030.

La otra opción es la Eurocopa de 2028. La de 2020, la siguiente será una organización extraña, porque la fase de grupos y los octavos se celebran en diferentes ciudades de Europa (en España, será Bilbao), mientras que las semifinales y la final serán en Londres. La siguiente sede, la de la Eurocopa de 2024 se decide en a finales de este mes y la pugna está entre Turquía y Alemania. Las opciones se abren para la siguiente, para la Eurocopa de 2028, en la que España, si se presenta, puede considerarse una de las grandes favoritas: puede presentarse a solas o con Portugal, está claro que le toca organizar algo y tiene prestigio y capacidad. Por eso, aunque el Mundial es la gran apuesta y el sueño, la Eurocopa es una posibilidad mucho más pragmática.

- España es un país de servicios y la celebración de un evento de estas características (Eurocopa o Mundial) podría superar los mil millones de ingresos, al margen de la creación de puestos de trabajo. De todos modos, a diez años vaista, no sabemos cómo va a ser la situación económica del país por lo que hay que fijar en la relación de lo ocurrido en los últimos campeonatos.

Y los datos de la Eurocopa de Francia, país vecino y semejante al nuestro, hablan de unos ingresos de 700 millones de euros. El desembolso que hicieron los franceses (estadios, infraestructuras) no superó los 200 millones. Miles de turistas se acercaron a Francia en 2016 para presenciar los encuentros. Y las imágenes de los seguidores islandeses fue fiel reflejo del apoyo que tuvieron los equipos. Hubo gente que viajaba el mismo día del partido y regesaba a su país y otros, que compraron paquetes para quedar y moverse por todo el país. Y es que fútbol y turismo es una buena combinación.

Brasil se gastó 11.000 millones en la celebración de un Mundial que resultó un fiasco para el país, al margen de que su selección cayera frente a Alemania. No dieron las cifras, pero todo apunta a que hubo déficit, lo mismo les ocurrió con los Juegos de Río. Y Putin se ha gastado 14.000 millones en un Mundial, que ha estado muy bien organizado, que ha llenado Moscú de turistas –más de los habituales– . Los rusos no han dado todavía las cuentas, pero el desembolso –el más caro de la historia– es probable que al final sea deficitario.

Eurocopa o Mundial no es lo mismo por la participación de equipos. En el primer torneo, la próximidad podría ser un factor a tener en cuenta, pero un Mundial también arrastra a gente de todos los continentes. Hay que pensar que son 30 días de competición, en un mes (junio o julio) con buen tiempo para que España pueda mostrar la calidad de sus servicios. Sus playas, sus monumentos, sus ciudades emblemáticas. Todo ayuda a que el evento resulte positivo desde el punto de vista financiero.

No habría que hacer grandes inversiones en los estadios –se podría jugar en trece– y si mejorar infrastructuras de carreteras o la creación de mayor número de plazas hoteleras. El impacto podría reportar más de mil millones, pese a que hacer números ahora es especular con los gastos y los beneficios. Además, si fuera un Mundial compartido con Marruecos y Portugal en España no habría tantos partidos, aunque la apuesta de la FIFA es incrementar el número de selecciones participantes. Una vez que fuera designada sede (2022) se crearía una comisión y a trabajar.

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