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Una plaga de ostras, la penúltima pesadilla de los Juegos Olímpicos

Las 14 toneladas extraídas en el Canal Sea Forest de remo ponían en peligro la competición

Entrenamientos en el Canal Sea Forest de Tokio
Entrenamientos en el Canal Sea Forest de TokioDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

400 días antes del día de la fecha inicialmente prevista para la inauguración de los Juegos de Tokio y ajenos a la pandemia que se avecinaba, el Comité Organizador presentó una de sus joyas. Era el canal de remo de aguas tranquilas que se ha convertido en una de las primeras pesadillas para los organizadores. El bautizado como Canal Sea Forest cuenta con una grada a la que podrían acceder 16.000 espectadores y que estará vacía, tiene «imponentes» vistas de la bahía tokiota y del Tokyo Gate Bridge, se abrirá al público después de los Juegos... pero con lo que no contaban, según la BBC, era con una plaga de ostras que ha sido un quebradero de cabeza días antes de la nueva fecha de estreno de los Juegos.

El piragüismo es el gran vivero de medallas del deporte español después de la vela. Suma 16 metales, tres menos que la vela y en Río aportó tres oros y un bronce con Craviotto como líder indiscutible. Él será el viernes uno de los abanderados del equipo y es uno de los referentes de la segunda expedición española más numerosa en la historia de los Juegos. Él y el resto de miembros comenzarán a competir a partir del domingo y lo harán gracias a una inversión superior al millón de euros y que ha permitido acabar con la plaga de ostras que había invadido el canal de remo.

Construido por el Gobierno Metropolitano de Tokio frente al mar, el recorrido está protegido del efecto de las olas, las corrientes y las mareas por los absorbedores de olas y un par de presas. Estos dos elementos son básicos para evitar la influencia del oleaje y que la competición se desarrolle sin elementos externos que la condiciones. Pero resulta que en los absorbedores de olas, una estructura flotante destinada a contrarrestar el movimiento del mar, se habían adherido una cantidad inesperada de ostras. La situación se puede comparar a cómo los mejillones crecen en las bateas que abundan en Galicia.

Hace semanas que los responsables del mantenimiento del Canal se percataron de que las estructuras estaban comenzando a hundirse sin motivo aparente. No se encontraban a la altura debida y ahí fue cuando se percataron de la plaga de moluscos que estaba contaminando la zona.

Una parte de la estructura desplegada en un tramo de 5,6 kilómetros tuvo que ser trasladada a tierra firme para su reparación. La otra parte requirió una intervención igual de compleja. Un equipo de buzos tuvo que realizar numerosas inmersiones durante días para acabar con las 14 toneladas de ostras que ponían en peligro la competición.

El molusco bivalvo extraído no es el prestigioso que se recoge en las costas francesas de Bretaña, Normandía, Cancale o Ille de Ré. No es la ostra Gillardeau, pero sí se trata de una variedad que se consume mucho en el país asiático. Se trata de la variedad magaki, que se toma durante el invierno en Japón, pero... «No pensamos que sean para el consumo humano», según declaró uno de los responsables de la operación de limpieza. «Eso implicaría controles de seguridad y aumentaría más las costes», aseguró en referencia al 1,1 millones de euros que costó acabar con la plaga.

El Canal Sea Forest es el único centro de remo de todo el país homologado a nivel internacional y cuando terminen los Juegos contará con un presupuesto anual ligeramente superior al coste que ha supuesto la extracción de las ostras. El problema para los responsables es qué sucederá cuando termine la cita olímpica. No se ha descartado que el fenómeno vuelva a reproducirse, aunque al menos durante los Juegos la invasión ha quedado controlada.