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Diez estrellas para Tokio y un trono vacío

Huérfanos de dos de los más grandes de la Historia, Bolt y Phelps, Simone Biles aspira a reinar en los Juegos

Simone Biles, a su llegada al aeropuerto Narita
Simone Biles, a su llegada al aeropuerto NaritaKiichiro SatoAP

Dos de los más grandes deportistas de todos los tiempos, como mínimo los dos mejores olímpicos del siglo XXI, Michael Phelps y Usain Bolt, verán los Juegos de Tokio como la mayoría de los mortales, por televisión. La renuncia de algunas estrellas globales por diferentes motivos, como LeBron James, Stephen Curry, Rafa Nadal, Roger Federer o Serena Williams, es la prueba palmaria de que el deporte mundial necesita nuevos ídolos. En eso también se hará historia en Tokio. El trono de estos Juegos está más abierto que nunca con permiso de Simone Biles y del coronavirus que ya ha salpicado al equipo de gimnasia estadounidense. Si la covid-19 no lo estropea, la cuadruple campeona en Río aspira a una corona vacía cinco años después de Río. Biles es la referencia del segundo país con más atletas olímpicos. Estados Unidos sólo figura por detrás de los organizadores y el número de estrellas yanquis es proporcional a su cantidad de atletas en Tokio. En atletismo, en natación, en baloncesto... tienen de todo y para todos los gustos. Tokio puede encumbrar en los Juegos a figuras globales como Novak Djokovic, a veteranos como Shelly-Ann Fraser-Pryce o Teddy Riner y a un amplio grupo de novatos que con apenas 20 años se han convertido en grandes dominadores de sus disciplinas. El talento de los Armand Duplantis, Tadej Pogacar o Luka Doncic ilumina una competición necesitada de relevar a sus mitos.

Simone Biles

La foto de Simone Biles junto a LeBron James meses después de convertirse en una de las grandes estrellas de los Juegos de Río fue una de las imágenes más potentes del deporte en 2016. La gimnasta más laureada de todos los tiempos es una figura en Estados Unidos a la altura del protagonista de Space Jam 2. En Tokio, Biles no pelea contra sus rivales. Lo hace contra la historia. Busca suceder a la rusa Larissa Latynina como la única gimnasta que ha revalidado su título olímpico. Y persigue su objetivo con argumentos que ninguna rival ofrece. Al triple doble mortal en suelo que muy pocos colegas masculinos pueden hacer ha sumado en las últimas semanas el «Yurchenko», un doble mortal atrás en el salto del potro. En Tokio persigue reeditar los cuatro títulos que conquistó hace cinco años: general, equipos, suelo y salto. Y eso después de que la pandemia la hiciera replantearse su futuro.

Katie Ledecky

Nueve años después de presentarse al mundo en Londres 2012 y ocho después de deslumbrar en los Mundiales de Barcelona, Katie Ledecky persigue en Tokio convertirse en la mejor nadadora de la historia. Su dominio en el estilo libre es aplastante, tiránico. Del 200 al 1.500 ha sido campeona de todo y posee los récords del mundo de 400, 800 y 1.500, distancia esta última que entra por primera vez en el programa olímpico. «Es impresionante verla en la piscina», asegura un tal Michael Phelps. Y tanto. En los trials estadounidenses de selección para los Juegos fue primera en los 200. Una hora más tarde volvía a zambullirse para lograr la victoria en el kilómetro y medio. Su dominio abarca de la velocidad pura al fondo y las dudas sobre lo apretado del programa en Tokio parecen no afectarla. Hay pruebas en las que las apuestas se centran en la cantidad de metros que sacará a la segunda clasificada.

Caeleb Dressel

La gran estrella de los dos últimos Mundiales de natación (Budapest 2017 y Gwangju 2019) y el novato en el oro del relevo estadounidense 4x100 libre en Río persigue en Tokio su eclosión olímpica. A los 13 oros y una plata mundialista, Caeleb Dressel persigue añadir siete oros olímpicos. El reto es igualar a Mark Spitz en Múnich 72 y quedarse a un oro de los ocho que se colgó Michael Phelps en Pekín 08. Dressel nadará tres pruebas individuales (50 y 100 libres, además de los 100 mariposa) y puede estar incluido en cuatro relevos. Su velocidad es superior a la de Phelps (ya mejoró su récord de 100 mariposa y en Tokio podrían caer los de 50 y 100 libres), aunque su versatilidad sea inferior a la del mito. Fuera de la piscina se cobija en la familia, en la religión, las prácticas de tiro, el tenis de mesa, el cine, un psicólogo deportivo en su época universitaria... La primera semana de los Juegos está llamada a ser suya.

Kevin Durant

Revalidar el oro olímpico para la selección de Estados Unidos –lo de Dream Team mejor lo dejamos– pasará porque Kevin Durant vuelva a ser el jugador que fue MVP en la temporada 2014, el MVP en las finales de 2017 o 2018 o el alero imparable con los Brooklyn Nets en varios partidos de los últimos playoffs. Durant es el referente indiscutible de un grupo en el que faltan algunos jugadores que podrían discutir su condición de mejor jugador de la mejor liga del mundo. Es un clásico del Team USA desde hace años y en Tokio se convertirá en el máximo anotador histórico de Estados Unidos en competiciones internacionales. Debutó hace once años en el Mundial de Turquía y aquel oro llevó su firma con una superioridad pasmosa en su estreno en el baloncesto FIBA. Persigue su tercer oro olímpico, una cifra que no han alcanzado mitos como Michael Jordan, LeBron James o Kobe Bryant.

Novak Djokovic

El mismo año, 2008, en que ganaba su primer Abierto de Australia, el serbio lograba en Pekín su única medalla olímpica: el bronce en los individuales al imponerse al estadounidense James Blake después de haber caído en semifinales ante Nadal. En Tokio no están ni Rafa ni Federer y su presencia no se confirmó hasta pocos días antes del comienzo de los Juegos. Djokovic está en Japón en busca de su segundo gran desafío de la temporada y no es el último. Ya ha alcanzado en Grand Slams la veintena del suizo y el español. Ha ganado los tres primeros Grandes de la temporada, ha superado en semanas en el número a Federer, pero quiere más. Este año busca ganar los cuatro Grandes y también añadir el Golden Slam: Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon, Open USA y el oro olímpico. Sus niveles tenístico y mental en 2021 están a la altura del desafío.

Ryan Crouser

En los Mundiales de Doha 2019 lo mejor del campeonato fue el concurso de lanzamiento de peso. Los tres medallistas rozaron los 23 metros y Ryan Crouser, campeón olímpico en Río, se tuvo que conformar con la plata. Su mejor lanzamiento fue de 22,90 metros. Lo que para cualquiera hubiera sido extraordinario, superar la barrera de los 22 metros, para Crouser es pura rutina. Nadie ha lanzado tantas veces (132 exactamente) tan lejos. Por eso lo que sucedió en los Trials celebrados en Oregón era algo que se venía anunciando hace tiempo. El gigante yanqui (2,01, 141 kilos y con un consumo diario de 5.500 calorías) lanzó el peso de 7,26 kilos a 23,37 metros. 25 centímetros más lejos de lo que lo hizo el polidopado Randy Barnes en 1990. La marca es un anuncio de lo que se puede esperar en una final de peso que será uno de los momentos culminantes en el Estadio Olímpico.

Armand Duplantis

Con tres años comenzó a saltar en el patio trasero de su casa. Con 18 ya volaba por encima de los seis metros y con 20 años era plusmarquista mundial al aire libre y en pista cubierta habiendo dejado atrás registros de dos leyendas como Sergei Bubka y Renaud Lavillenie. Armand Duplantis llega a Tokio con 21 años y con la “obligación” de lograr su primer oro en una gran competición. Sus descomunales marcas para su juventud le han convertido en una de las grandes referencias en el atletismo mundial. Le viene de cuna. Su padre, Greg, era un destacado pertiguista estadounidense. Su madre, Helena, fue una notable heptatleta sueca. Y él decidió competir con esta nacionalidad. En 2021 ya ha intentado en media docena de ocasiones volar por encima de 6,19 sin éxito. Su mejor salto del año está “sólo” en 6,10 pero los expertos aseguran que en sus piernas hay un 6,20 más pronto que tarde. En Tokio, el récord del mundo volverá a peligrar.

Shelly-Ann Fraser-Price

Huérfanos de Usain Bolt en Jamaica se consuelan a lo grande con Shelly- Ann Fraser-Pryce. A menos de dos meses para los Juegos se destapó con unos siderales 10.63, la cuarta mejor marca de todos los tiempos. Sólo la sospechosa Florence Griffith corrió tres veces más rápido con sus 10.49, 10.61 y 10.62 en 1988. Con 34 años, Fraser-Pryce aspira a convertirse en tricampeona olímpica y ser la mujer de mayor edad en ganar un oro individual de velocidad. A la jamaicana se la conocía antes como «Pocket Rocket» –«Cohete de Bolsillo» debido a que mide 1,52 y pesa 57 kilos de puro músculo–, pero desde hace cuatro años es «Mommy Rocket» –«Mamá Cohete»–. En verano de 2017 estrenó maternidad, pero eso no la ha impedido ser desde entonces campeona del mundo y haber corrido más rápido que nunca en su vida. Bolt ha lamentado haberla hecho «tanta sombra» con su palmarés, pero en Tokio Usain ya no está.

Teddy Riner

El magnate del PSG, Nasser Al-Khelaifi, tardó seis años en darse cuenta de la dimensión de Teddy Riner en Francia. Fue el tiempo que tardó desde que tomó el poder en el club parisino hasta que reabrió la sección de judo de la entidad para fichar a uno de los grandes mitos del deporte francés y mundial. Neymar, Mbappé, Riner... el judoka de 32 años, 2,03 y 140 kilos es una celebridad en Francia y está a la altura de los campeones del mundo de 1998, de los de 2018, de mitos del rugby... Es una de las diez personalidades más importantes del país, según diversas publicaciones. Las marcas se pegan por un deportista más considerado que Benzema o Griezmann. ¿El motivo? Estuvo nueve años y tres meses sin perder un combate y cuando lo hizo fue ante un rival que no estará en los Juegos. 38 torneos invicto, 162 victorias seguidas en su categoría de +100 kilos, dos veces campeón olímpico, diez veces campeón del mundo...

Tadej Pogacar

El vizcaíno Joxean Fernández «Matxin», su director en el UAE, presume de un olfato extraordinario para descubrir ciclistas y cuando reclutó a Pogacar afirmó: «Hay que saber diferenciar a los buenos corredores de los campeones y Pogacar es un campeón». Y tanto. Con 22 años ha ganado dos Tours de Francia y ha sido podio en la Vuelta. Y no es tanto lo que ha ganado si no cómo lo ha ganado. En el Tour recién concluido su dominio ha sido abusivo. Más de cinco minutos al segundo clasificado y más de diez al primer ciclista fuera del podio. «No me parece sorprendente, no está haciendo más de lo que hacía el año pasado, este nivel que está mostrando es normal», asegura Matxin sobre un corredor que ya ha tenido que defenderse de las acusaciones de dopaje. La prueba en ruta es una semana después de haberse proclamado de nuevo campeón en los Campos Elíseos. El oro olímpico le espera.