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Tokio acogió los Juegos fantasma

Las tribunas vacías y la primer cita olímpica del siglo XXI sin Bolt ni Phelps no impidieron que se vivieran momentos para la Historia. España sumó 17 medallas

Ceremonia de clausura de los Juegos de Tokio 2020 con un Estadio Olímpico desierto
Ceremonia de clausura de los Juegos de Tokio 2020 con un Estadio Olímpico desierto FOTO: TIBOR ILLYES EFE

Los Juegos de verano de la XXXII Olimpiada tuvieron lugar entre el 23 de julio y el 8 de agosto de 2021, rompiendo por primera vez desde 1896 la periodicidad cuatrienal de los años bisiestos y, sobre todo, en un escenario fantasmagórico debido a la ausencia de público. Una de las muchas epifanías que el hombre posmoderno ha experimentado gracias a (por culpa de) la pandemia de covid-19 fue que el deporte de masas, su principal fuente de entretenimiento, es una industria creada por y para las televisiones y/o las diversas plataformas de contenidos. El aficionado que llena los graderíos es un figurante que ayuda a generar ambiente, sí, pero es un elemento del todo prescindible.

Las tribunas vacías no fueron las únicas generadoras del sentimiento de orfandad que se dejaba sentir en la capital japonesa. Eran los primeros Juegos tras las retiradas de Michael Phelps y Usain Bolt, las supernovas que habían alumbrado el firmamento olímpico durante el siglo XXI, dueños de un palmarés incomparable e imanes para patrocinadores. En las vísperas, la corona de los Juegos de Tokio estaba reservada para que se la ciñese Simone Biles, fabulosa gimnasta estadounidense que se borró de la competición debido a un exceso de estrés.

La natación y el atletismo ofrecieron momentos estelares. En la piscina, Caleb Dressel se colgó cinco oros de un sabor epopéyico, pues fue el primer nadador de la historia en conquistar las tres pruebas más rápidas: los 50 metros libres y el hectómetro en crol y mariposa. Este triplete, el que nunca lograron Phelps ni Popov, lo encarama a la cima de mejor velocista de todos los tiempos. En el estadio, Marcel Jacobs batió el récord europeo de los cien para darle a Italia un maravilloso doblete 100-4x100 y el noruego Karsten Warholm fijó en 400 vallas una plusmarca mundial extraterrestre: 45:94. La yanqui Sydney McLaughlin, en la misma prueba, y la venezolana Yulimar Rojas en triple salto también sumaron al oro olímpico el récord del mundo.

Para honrar la máxima «coubertiniana», lo importante es participar, fueron a Tokio dos leyendas de su disciplina en busca de una hazaña improbable. Fracasaron en su misión, de acuerdo, pero dejaron muestra inmarcesible de su grandeza. Djokovic pretendía completar un «Golden Slam» –los cuatro torneos grandes más el oro olímpico– inédito en el tenis masculino y que sólo Steffi Graf ha logrado en féminas (1988). Todo iba sobre ruedas para el serbio hasta mediada la semifinal contra Zverev. La reacción del alemán lo paró en seco y, de propina, Pablo Carreño lo dejó al pie del podio en un épico partido por el bronce. El judoca Teddy Riner pretendía, en la meca de las artes marciales, ser el primer hombre en ganar tres oros seguidos en el peso pesado, la categoría reina. Se quedó en el bronce.

La participación española nació tarada por las ausencias y se desarrolló con una dignidad sin alharacas. Tres números uno se cayeron de la delegación a última hora. Carolina Marín tras destrozarse la rodilla, Rafa Nadal porque su cuerpo traspasó el límite por enésima vez y Jon Rahm por el maldito virus. A otros valores seguros en ediciones anteriores, como la selección de baloncesto en el último baile de los Gasol, Mireia Belmonte y Lidia Valentín, los dejó sin medalla el implacable paso del tiempo. El total de metales, diecisiete, fue idéntico al de Río, aunque los tres oros supusieron un escuálido botín dorado, récord negativo empatado en la era post Barcelona 92.

Las tres veces que sonó la Marcha Real en Tokio fue en honor de vencedores en pruebas inéditas: los tiradores Fátima Gálvez y Alberto Fernández en el foso mixto; Sandra Sánchez en kata; y el hombre-araña Alberto Ginés, un cacereño de 18 años que pasó a la historia como el primer campeón olímpico de escalada, el más espectacular de los cuatro deportes que debutaban en el programa olímpico junto al kárate –que no repetirá en 2024–, al surf y al skateboarding.

Las ocho platas de España corrieron a cargo de Adriana Cerezo (taekwondo), Maialen Chorraut (piragüismo en aguas bravas), Ray Zapata (gimnasia, suelo), Teresa Portela (piragüismo), Damián Quintero (kárate, kata), los palistas del K4 liderado por Saúl Craviotto, y los equipos nacionales de fútbol masculino y de waterpolo femenino. Los seis bronces correspondieron a David Valero (ciclismo de montaña), Ana Peleteiro (triple salto), Pablo Carreño (tenis), la selección de balonmano masculina y las tripulaciones de vela del Finn (Joan Cardona) y el 470 (Jordi Xammar y Nicolás Rodríguez).