Tarrés no descarta el regreso

La ex seleccionadora, cuarta con las ucranias, podría volver al equipo si hay cambios en la Federación. Gemma Mengual y Ona Carbonell sólo pudieron ser quintas en dúo

Gemma Mengual y Ona Carbonell concluyeron por detrás de Rusia, China, Japón y Ucrania
Gemma Mengual y Ona Carbonell concluyeron por detrás de Rusia, China, Japón y Ucrania

Después de los Juegos hay elecciones federativas. Circulan nombres de futuros presidentes; pero en el caso de la natación nadie mueve ficha. Por ahora. Y dependiendo de quiénes sean los candidatos y de quién sea el elegido, los banquillos se van a mover. Si Fernando Carpena no se presentara, o si lo hace y no fuera elegido, Anna Tarrés, que trabaja en el Club Kallípolis de Barcelona, no descarta volver a involucrarse con la Federación. Su contrato con la selección ucraniana de sincronizada expira con los Juegos. Su dúo ha terminado cuarto, por delante de Gemma Mengual y Ona Carbonell. El oro fue para las rusas; la plata, para las chinas, y el bronce, para las japonesas.

A Ucrania ha viajado Tarrés periódicamente desde que fue nombrada seleccionadora, no ha pasado allí largas temporadas. Le ilusiona recuperar el trabajo federativo, no como la seleccionadora, sino desempeñando una labor de responsabilidad sin tanta exigencia. Supervisora, quizá. No ignora que si Carpena se presenta y sale elegido no tendrá ninguna posibilidad de volver. La despidieron. Denunció y como el despido fue considerado improcedente la indemnizaron con 435.000 euros. Puede que este aspecto crematístico y nada baladí pese en futuras negociaciones, si las hubiera, con un presidente diferente al actual.

Y además, morbo, tensión y miradas furtivas en el Centro Acuático Maria Lenck, en esas piscinas que han recuperado el azul tradicional gracias a la urgente intervención de la empresa española Mirta, que ha arreglado el esperpento. En esas aguas antes verdes, en el escalón más elevado, las rusas, como siempre. Ahora, el segundo lo ocupan las chinas, que desde los Juegos de Pekín continúan afinando, y aferrándose a ese peldaño. El tercero está más reñido, hay competencia entre japonesas, ucranias y españolas, y entre estas dos últimas la rivalidad se empaña con aires de revancha. No hay otra razón que la presencia de Anna Tarrés en el banquillo de Ucrania.

España, quinta, no es lo que era en la sincro. Datos objetivos: en Londres, como en Pekín, se luchaba por las medallas y las hubo: sendas platas en dúo y equipo en 2008, y una de plata y otra de bronce en dúo y en equipo, respectivamente. En Río no hay equipo en la competición y en el dúo la lucha por el bronce es a brazo partido y desde un escalafón inferior. Pensaba Ona Carbonell tras los ejercicios del lunes que a España, a ella y a Gemma Mengual, la estaban puntuando por debajo de sus méritos, lo contrario que, quizás, a Ucrania, sugiriendo sin decirlo que el nombre de Anna Tarrés pesa entre los jurados. Lo cual sería tanto como admitir que cuando la entrenadora catalana era la responsable de la sincronizada española los jueces pensaban más en la seleccionadora que en los excelentes ejercicios de las nadadoras.

Y no es eso. En la sincronizada siempre se dijo que los jueces miraban con mejores ojos a las rusas, a quienes nadie discute su entrega, calidad, brillantez, exigencia y eternas jornadas laborales, a lo que añaden tradición y hegemonía. Una jerarquía que España intentó discutir y que ahora no ofrece discusión, o porque se ha caído en la autocomplacencia, o porque la cantera no ha respondido, o porque se ha estancado. Seguro que razones que lo expliquen hay para todos los gustos, tan seguro como que el dúo español, con dos nadadoras excepcionales como Ona Carbonell y Gemma Mengual, se quedó algún escalón por debajo de las medalla. Son otros tiempos, y la sombra de Tarrés es alargada.