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La búsqueda de la perfección

Javier Fernández llega «preparado» a PyeongChang para conseguir la medalla que le falta. Tendrá que bordar su programa, menos exigente que el de algunos de sus rivales

  • El patinador español ya está en Corea preparando su actuación
    El patinador español ya está en Corea preparando su actuación / AP

Tiempo de lectura 2 min.

13 de febrero de 2018. 02:45h

Comentada
Francisco Martínez 13/2/2018

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Javier Fernández ha «sido» muchas personas en una en las competiciones. Se ha disfrazado de pirata del Caribe, de Superman (o SuperJavi), de espía, del barbero de Sevilla... Y en PyeongChang interpretará un programa corto como si fuera Charles Chaplin (madrugada del jueves al viernes, de 02:00 a 06:30, en DMax) y otro libre como Don Quijote (madrugada del viernes al sábado, a la misma hora) en busca de vestirse de medallista en unos Juegos Olímpicos. El podio para el español está a medio camino entre el sueño, la imposición y la justicia tras una extraordinaria carrera que le ha llevado a ganarlo todo menos eso, con la dificultad de que es de España, un país donde su deporte apenas tiene eco, y para poder dedicarse a ello tuvo que pasar por Madrid (donde nació), Jaca (a los 12 años), Nueva Jersey (a los 16) y Canadá (a los 20), donde vive desde entonces, y entrena, en un pabellón en el que rápido colocaron la bandera española en su honor.

«Estamos preparados, hemos entrenado mucho», dijo Javi a su llegada a la localidad coreana el domingo con sus bolsas llenas de ilusión y esperanza.

Desde hace un mes, cuando ganó su sexto título consecutivo de campeón de Europa de patinaje, una auténtica hazaña, apenas ha hecho otra cosa que entrenar en busca de la exactitud necesaria para conseguir su objetivo.

Habla el madrileño con la sabiduría que le da el éxito y también el fracaso (o la decepción), pues en Sochi, en el año 2014, quedó cuarto, a las puertas, tras cometer un pequeño error que, a la postre, le salió muy caro en las puntuaciones. La sabiduría del patinador español es la experiencia. «Siendo unos Juegos, la presión la vamos a tener, pero también tengo la experiencia de poder jugar contra esos nervios», asegura.

A los 26 años es joven para cualquier otra cosa, pero se siente un veterano en su deporte. Su cuerpo ya no es el que era y en lugar de buscar el riesgo busca la perfección. Su programa libre incluye tres saltos cuádruples, los más complicados, cuando algunos de sus oponentes hacen cuatro y hasta cinco, lo que le obliga a cometer muy pocos errores o ninguno si quiere subir al podio. Pero el patinaje es mucho más. Aparte de los vuelos, el fuerte del español es su capacidad para interpretar, para transmitir, pese a que su corazón vaya a 190 pulsaciones durante los más de cuatro minutos de ejercicio. «Es un “showman”», dice su coreógrafo, David Wilson. Su entrenador, Brian Orsen, lo ha tenido protegido en Toronto durante el último mes, sin atender a los medios, centrado sólo en sus ejercicios. Toda la familia de Javi estará en PyeongChang para animarlo.

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