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La lluvia refresca las ideas de Nadal

El campeón endereza el partido con Schwartzman tras el primer parón. El segundo fue definitivo y el duelo (4-6 y 5-3) acabará hoy.

  • Nadal mira al cielo en un momento del duelo con el argentino, que cortó la racha de sets consecutivos ganados por el español en París. La dejó en 37
    Nadal mira al cielo en un momento del duelo con el argentino, que cortó la racha de sets consecutivos ganados por el español en París. La dejó en 37
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de junio de 2018. 01:17h

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Francisco Martínez Madrid. 7/6/2018

Diego Schwartzman, pequeño, pero matón. Es el tenista del «top 100» más bajito, pero con sus 170 centímetros y un servicio sólo regular, tienes que ser muy bueno para poner contra las cuerdas a Rafa Nadal en Roland Garros. El español, el campeón, estaba sobre aviso, porque este año ya se ha enfrentado dos veces con el argentino, y en ambas tuvo ratos en los que sufrió, en los que hubo partido. Y la lluvia, como le pasó en la final de Roma contra Zverev, le echó una mano. Porque lo estaba pasando mal, algo que es fácilmente identificable en el balear más allá del resultado: lo dicen sus tiros, cortos, y lo dice la expresión de su cara. No lo veía claro al sentir cómo el bajito que tenía enfrente se convertía en un gigante.

Cada saque del español en el primer parcial, una tortura: siempre 15-40, salvo una vez, que la ventaja del rival fue de 30-40. El bonaerense era una amenaza continua al resto, que concretó en tres ocasiones. Pero ni con tres «breaks» ni jugando como los ángeles tuvo fácil Schwartzman cortar la racha de sets seguidos ganados por Nadal en París. Sesenta y ocho minutos duró esa manga inicial de intercambios duros, de maratón de golpes, en los que el argentino salió mandón. Rafa le cargaba el juego al revés, pero Diego aguantaba, jugaba golpes profundos y a la que el español se equivocaba un poco, en cuanto dejaba una bola un poquito corta, Schwartzman entraba con su derecha para sembrar el pánico. El de Buenos Aires sintió la bola de maravilla. Le voló el golpe de «drive» y las respuestas de Nadal a sus rupturas de servicio tampoco le alteraron el espíritu. Seguía empotrando a Rafa demasiado lejos de la línea de fondo y se terminó llevando el primer set, aunque con suspense: 5-4 y saque para él, 40-15, y el diez veces ganador en París que salva las dos pelotas definitivas, una de ellas con una dejada sorprendente. A la tercera, alguien se desmaya en la grada ¿Quién escribió el guión? El choque se paró unos minutos, y en el regreso el argentino pudo respirar tranquilo con el 6-4. El récord de Nadal se queda en 37 sets seguidos.

El planteamiento de juego se mantuvo: el saque, un arma habitual en el tenis, no era nada ayer. Una ruptura por un lado, y la respuesta inmediata por el otro, pero las sensaciones eran mejores para el argentino. Entonces, el día plomizo, amenazante, descargó. Lluvia. 3-2 mandaba Schwartzman también en el segundo parcial antes del parón. Los dos tenistas se fueron al vestuario y allí Nadal refrescó las ideas: tenía que ser más agresivo, entrar más en la pista y servir un poco mejor; su rival, seguramente, también pensó y le pudo entrar cierto pánico al ver que estaba consiguiendo lo que parecía imposible: ganar al rey de la tierra. Pero en la reanudación, tras 45 minutos, otro partido. Más convencido, pegando más duro, soltando el revés, tres juegos seguidos para Nadal y su saque, con 30-15, para igualar el partido. Pero entonces el chirimiri se convirtió en lluvia de verdad, molesta, de la que hace imposible continuar. Vuelta a los vestuarios, esta vez de forma definitiva. El semifinalista se tendrá que decidir hoy, lo mismo que su rival: Cilic o Del Potro.

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