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viernes 20 septiembre 2019
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Alonso, Buemi y Nakajima ganan las 24 horas de Le Mans

El piloto español y sus compañeros tuvieron un golpe de suerte a falta de 45 minutos para el final cuando los líderes pincharon y perdieron toda su ventaja. También se proclamaron campeones del mundo de resistencia

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Le Mans (Francia).

Tiempo de lectura 4 min.

16 de junio de 2019. 17:21h

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Fran Castro.  Le Mans (Francia). 15/6/2019

Dicen que Le Mans es la carrera más dura del mundo y hoy volvió a hacer buena esta afirmación. Después de 23 horas de competición y cuando los nervios empezaban a templar y a dar el resultado por bueno de repente todo cambió. El Toyota número 7 de los pilotos Conway, López y Kobayashi mantenía el liderato con mucha comodidad con dos minutos de ventaja sobre sus rivales. Las botellas de champagne se enfriaban para celebrar la victoria. Sin embargo, un pinchazo en la otra punta del circuito dejaba a los rivales de Alonso en la encrucijada. Lópesz debía regresar a boxes como podía y mientras tanto el coche del asturiano, esta vez en manos de Nakajima, tomaba la primera plaza.

Alonso estaba comiendo en ese momento en el hospitality de Toyota, pegado a un televisor y a un monitor de tiempos. Seguía la carrera de forma relajada, hablando con miembros de su familia y su pareja, Linda Morselli. De repente, y sólo él lo vio en la sala repleta de gente, gritó: “Va despacio, va despacio”. Se levantó y se dirigó corriendo hacia la otra parte de este espacio para recuperar la radio del equipo. “Han pinchado” dijo en voz alta cuando regresó. Los nervios cundieron. Buemi venía y desaparecía y entonces el español abandonó veloz el comedor para dirigirse a la zona de boxes. Quería controlar todo y supervisar que no hubiera cosas raras.

Y no las hubo. El coche número 8 de Alonso tomó la delantera sobre su máximo rival con una ventaja de 20 segundos y todo eso después de que ambos coches pararan para repostar. Pero no hubo margen y Toyota quiso que sus pilotos no pelearan al final de carrera para evitar peleas absurdas. Otra cosa fue que los pilotos se lo creyeran.

Finalmente, el Toyota de Alonso y Buemi, con Nakajima al volante, cruzó la meta en primer lugar para ganar las 24 horas de Le Mans de forma consecutiva. Un hecho histórico para el asturiano. Dos participaciones, dos triunfos.

La carrera comenzó con dos planteamientos bien diferentes. Por un lado, el conservador del equipo formado por Alonso, Buemi y Nakajima, líderes de la clasificación general del mundial y máximos candidatos a proclamarse campeones. Sobre todo viendo las cuentas de sus rivales y vecinos de box con el otro coche de Toyota. A Conway, Kobayashi y López sólo les valía ganar. Nada más. Y por eso asumieron un papel más arriesgado, tirando desde el principio y conocedores de la situación desde el minuto uno. Lideraron la prueba en las primeras horas, pero en Le Mans un coche de seguridad, en función de la parte del circuito en la que te sorprenda, puede arruinarte la estrategia de carrera. Y eso fue lo que le ocurrió al coche número 8. Justo cuando debía pasar por boxes en una de sus paradas se produjo una neutralización y por norma los coches que estén en pit lane no pueden regresar a pista. Deben esperar a que pase la caravana. Y se trata de un trazado con una longitud de 13 kilómetros en el que el coche más rápido emplea más de tres minutos en completar una vuelta. Alonso y sus compañeros perdieron mucho tiempo, sin embargo, poco después les pasó lo mismo a sus rivales. Además, con “Pechito” López al volante, dos errores de conducción dieron el liderato al conjunto de Alonso, aunque poco después, con las paradas en boxes, lo volverían a perder.

La noche llegó y era ese el momento que esperaba con ansia Fernando Alonso. Esta vez subió al coche más tarde que el pasado año. Lo hizo sobre las tres de la madrugada y previo enfado con los ingenieros de Toyota, que le habían anunciado que estuviera preparado para montarse y cuando todo parecía que era su momento, de repente, se decidió que Buemi permaneciera 40 minutos más, algo que no gustó al asturiano.

Fue después cuando se subió al coche con la esperanza de remontar la desventaja que ya acumulaba respecto a sus rivales. La temperatura era baja y los neumáticos no respondían como antes. Era el momento del pilotaje. Pero el español no pudo repetir la exhibición del pasado año. Esta vez no hubo margen para la recuperación. El asturiano se quejaba una y otra vez de la poca velocidad del coche en recta, cambiaron en varias ocasiones el morro e incluso el ala trasera precisamente en su relevo.

Fue entonces cuando en una de las paradas, presuntamente, descubrieron que el error procedía del desajuste de una puerta, la cual fue sustituida por completo. Sin embargo, con este tema ya solucionado, los tiempos no mejoraron y la distancia con sus rivales (coincidió con los relevos de Conway y López) no se redujeron.

Tres horas después Alonso dejó el coche en la misma posición y a mayor distancia con sus rivales, que iban directos a la victoria en las 24 horas de Le Mans, al igual que el equipo del asturiano, con la segunda plaza, para proclamarse campeones de la Supertemporada del Mundial de Resistencia, que empezó en abril de 2018 y se extendió por China, Japón, Estados Unidos, Bélgica y Francia.

Lo que pasó al final es fruto de la magia de Le Mans.

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