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Lucas, socio de Osasuna pero con carnet madridista

La historia que hay detrás de la sudadera que Vinicius regaló a un niño en El Sadar antes del Osasuna-Real Madrid

Esta historia comienza con una sudadera de entrenamiento. Para Vinicius, una más, la que utilizó en el calentamiento previo al partido de Liga ante Osasuna en El Sadar. Para Lucas, un tesoro que ya guarda en su habitación como recuerdo de una noche inolvidable. Los dos fueron los protagonistas de una escena que en tiempos de crispación reconcilia al fútbol con los valores más puros del deporte. El brasileño estaba calentando con el resto de sus compañeros y Lucas, que cumple 14 años en junio, le gritó desde la grada mostrando una camiseta del Real Madrid con el número 20 de Vini jr. Y ahí empezó todo. «Estaba en el sitio de siempre y los jugadores estaban calentando en el otro lado, y cuando vi que venían a hacer el ejercicio me busqué un hueco en el que no hubiese nada para que se pudiese acercar. Le llamé, se dio la vuelta y me miró. Y dije, ‘‘bien, pues con eso me quedo ya’’», cuenta Lucas desde su casa en Tudela. Pero resulta que había algo más. «Y luego, cuando iban a cambiar de ejercicio le grité, se dio la vuelta y cuando vi que venía hacia mí ni me lo creía», continúa.

Vinicius le lanzó la sudadera y Lucas aprovechó para que el brasileño le pusiera en la camiseta la firma que en la visita de la temporada anterior no había podido conseguir. «El año pasado se fue disgustado porque intentó que se la firmara Vinicius, pero no salió de titular y no estaba en el calentamiento y no se la firmó», cuenta Eva, su madre, casi tan emocionada o más que su hijo. «Vinicius es el que más me gusta, por todo. No me dijo nada, me dio la sudadera, me firmó y se fue. Yo no me lo creía. No sabía qué hacer, si reír o llorar. Me tuvieron que avisar de que la cámara me estaba enfocando y alguien me dijo que posara. Me daba igual ya el resultado del partido», continúa Lucas que, por supuesto, esa noche durmió con esa sudadera puesta. «A la mañana siguiente, al abrir la puerta de la habitación, olía a la colonia de Vinicius. Aún sigue oliendo, aunque ventiles huele a su perfume», explican Eva y David, el padre de la criatura y un poco culpable de que sea del Madrid.

Lucas y su madre son abonados de Osasuna desde hace unas temporadas, aunque él tiene sus preferencias. «Me gusta ir a El Sadar porque veo a todos los equipos y a los jugadores, pero lo primero es el Madrid. En estas eliminatorias de Copa del Rey me lo he pasado bien, animando, pero lo primero el Madrid», insiste para que quede muy claro. «Es un socio de Osasuna, pero con el carné madridista. Cuando juegan los dos equipos va con el Madrid. En el estadio estamos en una zona muy familiar y todo el mundo de los asientos de alrededor le dicen que es el único día que le permiten no animar a Osasuna. Canta los goles del Madrid y está con su bufanda y su sudadera blancas», confirma Eva, que añade una anécdota entre Lucas y un señor muy osasunista que se sienta cerca: «Hoy, tú a lo tuyo y yo, a lo mío», le dice a Lucas, y cada uno anima a sus colores.

Este miércoles, en la ida de las semifinales de Copa del Rey entre Osasuna y el Athletic Club, Lucas y su madre volverán a recorrer los cien kilómetros de ida y otros tantos de vuelta que hay entre Tudela y Pamplona para animar a los rojillos, como hacen casi siempre que hay partido en El Sadar. «El club pone un servicio de autobuses que te llevan dos horas antes del partido y regresan justo cuando termina. La verdad es que viene bien porque cuesta conducir de vuelta después de un día entero de trabajo», relata Eva. Eso sí, hay un fecha en el que no cogen el autobús, y van en coche porque Lucas quiere llegar mucho antes y quedarse también después para ver a los futbolistas del equipo visitante... Sí, ese día es cuando juega el Real Madrid en Pamplona.

Lucas ha estado una vez solamente en un partido en el Santiago Bernabéu, una eliminatoria de Copa del Rey ante el Girona, pero eso no significa que siempre que haya una oportunidad se escape con sus padres a Chamartín. «El proceso de las obras del estadio nos lo conocemos perfectamente. Cada vez que tenía que ir a Madrid por trabajo ellos dos aprovechaban. El tour del Bernabéu no sé ni las veces que lo han hecho», explica Eva mientras Lucas enseña una foto suya celebrando la decimocuarta Copa de Europa en los alrededores del estadio. «Fuimos a Madrid a ver la final de la Champions en el estadio. Teníamos solo una entrada y se la dimos a una familia que le faltaba para uno de los hijos y nosotros la vimos desde fuera. Hicimos toda la previa de la final con la afición. Tres horas me tuvo metido entre la gente», dice David con resignación. «Y eso que a Lucas esas multitudes no le van mucho, pero aguantó tan contento por el Madrid», añade Eva.

Lágrimas en las remontadas

El camino hacia París, el de los vuelcos imposibles en el marcador en el Bernabéu, lo vivió entre lágrimas desde su casa, incluso algún día en el que estaba a punto de perder la fe. «La del PSG fue increíble, y me acuerdo de que en la del Manchester City estuve a nada de irme a dormir, porque dije ‘‘adiós’’. Era el 88 y faltaban dos goles, así que pensé que me iba a dormir, que tenía cole al día siguiente. Pero al final me quedé, no sé por qué, y mereció la pena».

Este año está convencido, que el Madrid también va a llegar lejos en Europa. «La vamos a ganar otra vez. Después de lo del año pasado, cualquier cosa es posible», dice. Este miércoles tomará el autobús para animar a Osasuna y si la cosa va muy bien, la familia no descarta estar en Sevilla el 6 de mayo para una posible final. La primera de los rojillos desde aquella del Vicente Calderón de 2005 perdida ante el Betis con un gol de Dani. Si fuese contra el Madrid quizá Lucas vuelva a encontrarse con Vinicius.