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La única desgracia inevitable

Las medidas de seguridad son extremas y minimizan los riesgos, pero poco se puede hacer con atropellos como el que le costó la vida al piloto de 14 años del Mundial Junior de Moto3 Andreas Pérez.

  • La única desgracia inevitable

Tiempo de lectura 4 min.

11 de junio de 2018. 23:31h

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José Manuel Martín Madrid. 11/6/2018

Era la cuarta carrera de la temporada y desgraciadamente nunca será una más. En la primera del Mundial Junior de Moto3, en Estoril, Andreas Pérez Manresa se cayó en los entrenamientos y se rompió la clavícula. Una de esas cicatrices con las que los pilotos conviven desde muy pequeños, dolores que se soportan con la anestesia de no dejar de hacer aquello que les apasiona: ir en moto. Esa lesión no le dejó rendir al máximo en las siguientes citas, Valencia y Le Mans, porque si la adaptación a una nueva categoría era complicada, mucho más si no se está físicamente a tope. A Barcelona llegaba recuperado y listo para luchar por los primeros puestos. «Si estamos concentrados podemos hacerlo bien. No he podido entrenar mucho estas semanas, pero me siento fuerte para esta carrera en casa», decía el chico en el comunicado previo del equipo.

Una escudería desolada después del peor fin de semana de su historia, en el que ha tenido que despedir a un talento que estaban mimando en su cantera para que dentro de algunos años fuera su piloto en MotoGP. «Andreas no supera la carrera de su vida», rezaba la nota de prensa que confirmaba los peores pronósticos, los que el domingo por la tarde hablaban de una fuerte caída de Andreas y por la noche apuntaban a un coma cerebral. Hubo que esperar al lunes para certificar una muerte que lloró su equipo, su familia y todo el motociclismo, que decía adiós demasiado pronto a uno de sus miembros más pequeños.

Fue a la salida de la curva 5 de Montmeló, se cayó en mitad del grupo y algunos de sus rivales no pudieron evitarlo y lo golpearon. Es uno de los escenarios más dramáticos para este deporte, que ha desarrollado hasta el extremo las medidas de seguridad. Las escapatorias son seguras, los monos y cascos, de los materiales más resistentes, y la asistencia médica en los circuitos, mejor incluso que en las urgencias de algunos centros hospitalarios. Casi todo está controlado... menos cuando alguien cae en mitad de la pista y es atropellado. En esas circunstancias no hay manera humana o tecnológica de evitar el peor desenlace. Andreas fue atendido en el propio trazado y trasladado en helicóptero al cercano hospital Sant Pau de Barcelona. Los daños cerebrales eran muy graves y no se pudo hacer nada.

El dorsal 77 del Mundial Junior de Moto3 correrá ahora desde el cielo, un talento joven que el año pasado lo «hizo fenomenal en la European Talent Cup», como explicaba al comienzo del curso Jordi Gatell, mánager del Academy Reale Avintia. Con diez años había ganado el campeonato de Cataluña de 50cc y apuntaba a piloto del Mundial en el futuro. Su dorsal era el 77 y su modelo sobre la pista, Álex Rins, que le acogió en la escudería que creó hace tiempo para ayudar a los chicos que empiezan. A Andreas, su padre le compró una moto de muy pequeño y ahí empezó su pasión. Hoy el motociclismo llora por él.

Otro drama en Montmeló

El circuito de Barcelona ha vivido en dos años la muerte de tres pilotos de motociclismo que competían en sus instalaciones. El primero de esta mala racha fue Luis Salom, que falleció tras salirse en la anterior curva 12 y golpearse con su moto y las protecciones. Su accidente ha hecho que se modifique esa parte del trazado y se amplíe la escapatoria. En julio de 2017 falleció al salirse en la curva 1 Enric Saurí, competidor amateur, en las 24 horas de resistencia. El domingo fue Andreas Pérez la víctima de un accidente en el que no fallaron las medidas de seguridad y sólo tiene culpa la mala suerte.

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