Motociclismo

Una victoria de pizarra

Márquez hizo el cambio a la moto con neumáticos de seco antes que el resto y se dispara en el Mundial con un gran triunfo

Márquez fue manteado por los miembros de su equipo tras ganar la carrera en Alemania
Márquez fue manteado por los miembros de su equipo tras ganar la carrera en Alemania

Márquez hizo el cambio a la moto con neumáticos de seco antes que el resto y se dispara en el Mundial con un gran triunfo

«Ahora, a la playa más tranquilo», decía Márquez al pensar en los 48 puntos de ventaja en la general con los que va al parón de vacaciones. Después de una primera mitad de año algo extraña y con la sensación de que la Yamaha era superior técnicamente, Marc se encuentra en una posición que no había imaginado ni en el mejor de sus sueños. En Alemania dio uno de esos saltos que huelen a golpe definitivo en el campeonato, aunque queden otras nueve citas en las que lo inesperado puede estar detrás de cada curva. Si en el fútbol hay muchos partidos que se deciden por una jugada a balón parado, el triunfo en Sachsenring nació de la pizarra del equipo Repsol Honda, que arriesgó en la estrategia y le salió perfecto.

Después de las primeras quince vueltas la cosa pintaba mal para Marc, que había puesto el neumático de lluvia blando delante para copiar a sus competidores más directos y se había equivocado. No era la mejor opción para su estilo de pilotaje y por esta razón sufría para seguir el ritmo de los de delante, entre los que estaba Rossi apuntando al podio. Había diluviado en Alemania durante toda la mañana, pero las nubes empezaron a marcharse y la pista comenzó a secarse. Se intuía un pequeño carril sin humedad y Marc hizo un gesto a su box para que se fueran preparando. Al siguiente giro iba a entrar a cambiar de moto. Iba a apostarlo todo a que la lluvia no iba a volver, el trazado se iba a secar y él iba a ganar con los neumáticos lisos. Punto por punto esto fue lo que pasó, le salió bordado el plan al 93, que de estar a 14 segundos de la cabeza en la vuelta 17ª saltó a dominar la prueba en la 25ª con casi siete segundos de margen.

Fue más listo que nadie, estaba sufriendo, sin ritmo e incómodo. Se había caído por la mañana temprano en el «warm up» y en el mismo punto se salió de pista en la carrera. No había mucho que ganar con este escenario y el cielo se había abierto, así que tocaba arriesgar, aunque no a lo loco como otras veces. Él volaba mientras el resto se quedó paralizado viendo cómo sus neumáticos para lluvia se degradaban sin encontrar charcos en los que refrescarse. Hasta tres veces indicaron a Rossi que pasara a cambiar, pero ni toda la experiencia que tiene le sirvió al italiano. No hizo caso y cuando quiso llevar a cabo la maniobra, Márquez ya era inalcanzable y el podio, también.

Lo mismo le sucedió a Lorenzo que, inexplicablemente, no tomó la decisión de Marc incluso antes, porque si el de Honda tenía muy poco que perder, menos era el riesgo en la apuesta del mallorquín, irreconocible bajo la lluvia una vez más. «Cambié la moto cuando me escribieron en el tablero que entrase. Quizás fue demasiado tarde esta vez y no fue la mejor estrategia para terminar un poco más arriba en la clasificación», admitía Jorge siendo demasiado generoso en la valoración de la actuación de su equipo. Fue el último en pasar por boxes cuando tenía que haber sido el primero, algo que, visto lo visto, le hubiera incluso podido dejar entre los cinco primeros en un fin de semana con más caídas que buenas sensaciones.

Crutchlow y Dovizioso completaron un podio que al principio apuntaba a estar repleto de no habituales, de esos pilotos que siempre están atrás y cuando llega el agua tienen su día gloria. Es lo que hizo Miller en Assen y lo que vislumbraron en algún momento Barberá, Petrucci o Redding. El problema para ellos es que Márquez tenía un último truco guardado en la manga. Una maniobra cargada de talento, instinto, convicción y cierto olfato, que le permitió ganar por séptima vez de forma consecutiva en Sachsenring y marcharse de vacaciones muy tranquilo. «Con esta ventaja estás tumbado en la playa y desconectas más fácilmente».