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Podía saltar lo que quisiera

Tiempo de lectura 2 min.

09 de mayo de 2014. 10:22h

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9/5/2014

Por desgracia, fui uno de los primeros en enterarme del fallecimiento de Yago. Compartimos entrenamientos durante un año y estuvimos juntos en los Juegos de Atenas, pero además de eso, éramos amigos. Teníamos nuestros piques, pero me gustaba entrenar con él porque eso nos hacía a los dos mejores deportistas y mejores personas. Él me daba ese centímetro de más. Aprendí bastante de él. Trabajar con las pesas no me hacía demasiada ilusión, pero a él se le daban fenomenal. Me explicó cómo debía hacerlo y consiguió más que cualquier entrenador en ese aspecto. Me ayudó. Yago tenía esa estrella con la que nacen uno de cada 1.000. Decía Iván Pedroso que podía haber saltado lo que hubiera querido. Era un talento natural, pero las lesiones no le permitieron ser más de lo que fue.

Compartí muchas horas con él. Era una persona diferente, amable, muy inteligente. Se podía hablar con él. Desde fuera se podía pensar que era introvertido, que era una persona de difícil acceso. Pero había que profundizar. Lo mejor que podemos hacer es recordar su carácter a la hora de competir. Era muy competitivo. Llevó a Pedroso al límite en los Mundiales de Maebashi y nos regalaron el mejor concurso que se ha visto bajo techo. Aquellos 8,56 hicieron disfrutar a toda España. Ahora, Yago se ha ido. Demasiado pronto.

**Joan Lino fue medalla de bronce en los Juegos de Atenas

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