Efeméride

Spyros Louis: la gloria para Grecia a cambio de un borrico

El 10 de abril de 1896 el griego venció en el primer maratón olímpico y le pidió al rey como recompensa un animal de tiro para su carro de aguador

Spyros Louis fue el primer campeón olímpico de maratón
Spyros Louis fue el primer campeón olímpico de maratónLa Razón

A los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, auspiciados por Pierre de Coubertin y albergados en Atenas por el empeño (y la financiación) del escritor Demetrios Vikelas, les faltaba una prueba que los entroncase con las hazañas de la Grecia clásica. ¿Qué tal una carrera desde Maratón hasta el estadio Panathinaiko que emulase a Filípides, el anunciador del triunfo sobre los persas? El guerrero ateniense, cuenta la leyenda, corrió 40 kilómetros para dar la buena nueva a sus compatriotas e, inmediatamente, murió exhausto. Entre los 241 atletas participantes en esos JJOO, ¿habría alguno capaz de terminar la prueba sin perecer en el intento?

El coronel Papadiamantopoulos, encargado de las pruebas de selección del equipo anfitrión, recordó a un recluta que, durante el servicio militar, mostró un don especial para la carrera pedestre. Spyros Louis era un modesto trabajador de Marusi, en el nordeste del Ática, un chico que se ganaba la vida ejerciendo junto a su padre como aguador, esto es, llevando líquido elemento a unos pueblos aún sin canalizaciones. Participó en los Juegos Panhelénicos, usados como prueba clasificatoria, y finalizó quinto en una carrera que ganó Kharilaos Vasilakos con un tiempo sobre las 3 horas y 18 minutos. Suficiente como para representar a Grecia en Atenas.

Doce de los diecisiete participantes en el primer maratón olímpico eran griegos y sobre ellos recaía la responsabilidad de ganar para los anfitriones algún oro en las pruebas atléticas, dominadas por el equipo estadounidense. Completadas las tres cuartas partes del recorrido, los mensajeros que traían las novedades de la prueba, en bici o a caballo, informaban de que tres extranjeros ocupaban las cinco primeras posiciones. Una tragedia. En el kilómetro 32, el francés Albin Lermusiaux se desmayó –él siempre sostuvo que notó un golpe en la cabeza– y dejó la cabeza al australiano Teddy Flack, que abandonó cuando ya entreveía Atenas.

La vía de la gloria quedaba expedita para Spyros Louis, que completó el maratón por debajo de las tres horas (2.58:50, un tiempo que más de un siglo después sigue fuera del alcance de muchos corredores populares) y para Vasilakos, que ganó la plata. El triplete heleno no fue posible porque Spiridon Belokas, tercero en meta, se subió a un carricoche durante varios tramos del recorrido y fue descalificado en favor del húngaro Gyula Kellner. No llegó a la decena el número de corredores que acabaron la descomunal prueba.

El rey Jorge I de Grecia presenció en el estadio Panathinaiko la victoria de Louis y, sobre la misma pista, le ofreció al vencedor la recompensa que quisiera por haber salvado el honor de la patria. El aguador, hombre de escasa ambición y mucho amor por el trabajo, le pidió al monarca un burro joven y un carro nuevo para sus repartos. El premio le fue concedido, se volvió a Marusi a trabajar con su padre. Nunca volvió a participar en una carrera. Por toda progresión profesional, obtuvo un puesto en la policía local y sólo reapareció en público una vez más en toda su vida: en la inauguración de los Juegos de Berlín de 1936.

Spyros Louis murió en 1940 y su nombre cayó más o menos en el olvido hasta el comienzo del presente siglo, cuando el comité organizador de los Juegos de Atenas 2004, segundos en la capital griega 108 años después de su gesta, quiso dedicar a su memoria el Estadio Olímpico ateniense, que acogería las pruebas atléticas así como las ceremonias de inauguración y clausura. El maratón, la carrera que él protagonizó (ampliado su recorrido a 42.195 metros por voluntad del rey Jorge V de Windsor), sigue siendo una prueba legendaria en la que los atletas buscan romper la barrera de las dos horas. Con otros materiales y métodos de entrenamientos pero con el mismo espíritu de los pioneros.