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Nadal roza la perfección, desactiva a Berrettini y buscará su 21 Grand Slam ante Medvedev

La semifinal ante el italiano fue el mejor partido de Rafa: 6-3, 6-2, 4-6 y 6-3. Disputará su sexta final en Melbourne. El ruso, el último obstáculo

Nadal celebra uno de los puntos ante Matteo Berrettini
Nadal celebra uno de los puntos ante Matteo Berrettini FOTO: DAVE HUNT EFE

Nadal cuajó un partido intachable para alcanzar su sexta final del Open de Australia. Pareció hasta sencillo durante muchos minutos. El premio está a la altura de su tenis: se encuentra a un paso de alcanzar su 21 Grand Slam y dejar atrás los 20 de Federer y Djokovic. El zurdo desactivó el tenis de Berrettini con un plan perfecto y ejecutado sin apenas errores. Se impuso por 6-3, 6-2, 4-6 y 6-3 en dos horas y 55 minutos. En un torneo que ganó por primera y última vez en 2009 se medirá en la final con Medvedev. El rendimiento de Rafa en lo que va de mes en Australia -victoria en el torneo de Melbourne y ya al menos finalista en el primer Grand Slam del año- resulta impactante. Llegó con apenas dos partidos disputados en la segunda mitad de 2021. Se probó en la exhibición de Mubadala y cuando todo parecía rodado llegó el coronavirus. “Pasé cuatro días muy malos”, confesó. Superó la enfermedad, aterrizó en Australia antes de final de año y lo que ha sucedido desde entonces no hace más que aumentar su leyenda al margen de lo que suceda el domingo.

Rafa y su equipo tenían clarísimo el plan en la trigésimo sexta semifinal de Grand Slam en su vida. Se trataba de buscar lo más posible el revés del italiano, hacerlo de manera machacona y evitar que sus cañonazos al servicio le permitieran luego dominar con la derecha. El guion no pudo cumplirse más a rajatabla. Y eso que Rafa se encontró por primera vez en Melbourne jugando bajo techo. En un día lluvioso, tormentoso y con viento, la Rod Laver Arena se cubrió. Nadal ni se inmutó. Con una pista más lenta y con bolas que botaban menos que en los cinco partidos anteriores, el desubicado fue el italiano. A Rafa sólo le costó un juego coger temperatura. En el primer saque de Berrettini ya entró en ebullición. Su derecha cruzada se activó de inmediato y logró un break en el segundo juego que descolocó todavía más al verdugo de Alcaraz y Carreño. Sus gestos en pista eran reveladores. Golpeaba un revés, otro, otro, otro más... todos inofensivos para el de Manacor. Ni una cosquilla. Se dirigía a su palco y buscaba respuestas. Entre punto y punto se giraba y su mirada revelaba un preocupado “¿pero qué hago?” La clave estaba en el juego del español. Asentado desde el fondo y moviéndose a una velocidad de vértigo, las derechas de Rafa eran una taladradora en el tenis de Berrettini. El primer set se inclinó del lado del balear en 43 minutos. La incomodidad del italiano era tal que acumuló más errores no forzados (14) que golpes ganadores (13).

Berrettini se encontró con un rival que desmontó su juego. Pese a sufrir dos partidos a cinco sets (Alcaraz y Monfils) nunca se sintió así de dominado. Rafa tenía la consistencia mostrada en el primer set ante Shapovalov. En los dos primeros servicios de la segunda manga dispuso de media docena de pelotas de break. Aprovechó un par de ellas para encarrilar aún más la semifinal. Estaba tan a gusto que se permitía golpes ganadores con el revés cruzado como si se tratara del drive. Los gestos que se veían en su palco eran inequívocos: era una relajación impropia de una semifinal de un Major, como si se tratase de una primera o segunda ronda. El italiano vivía un calvario y volvió a acumular en el segundo set más errores (10) que winners (8).

Berrettini intentó sobrevivir agarrándose a su servicio y tratando de olvidar todo lo sucedido en los dos sets anteriores. Se reseteó. El saque le funcionó con la fiabilidad habitual y el cupo de errores comenzó a reducirse a medida que avanzaba el partido. En el octavo juego y superadas las dos horas dispuso de las primeras bolas de break y consumó una ruptura que le permitió reengancharse cuando había vivido una tortura.

El partido estaba en una encrucijada en la que el italiano buscaba proseguir la escalada y había que comprobar cómo se adaptaba Nadal. Berrettini empezó a conectar juegos en blanco con su servicio. Le corría el saque, le corría la derecha e incluso conectó algún revés ganador. No era el de los dos primeros sets. La respuesta de Rafa estuvo a la altura. Remontó sendos 15-30 en el primer y en el séptimo juego. El primero que temblase se asomaría al abismo. Y lo hizo el italiano. Se topó con la versión inicial de Rafa. La más agresiva, la que estaba dentro de la pista y dos errores con la derecha dieron dos bolas de ruptura al español. Aprovechó la segunda y el break le abrió la puerta de la final. Su saque certificó la victoria y le situó a un paso del 21 Grand Slam. Palabras mayores.