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Número uno rumbo a París

Nadal vence a Zverev en una final que se paró una hora por la lluvia, gana en Roma y recupera el trono del tenis

  • Rafa Nadal
    Nadal muerde el trofeo de Roma, que no conquistaba desde 2013

Tiempo de lectura 4 min.

21 de mayo de 2018. 04:30h

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Francisco Martínez 20/5/2018

Toni Nadal ha contado en varias ocasiones que cuando Rafa, su sobrino y pupilo hasta el año pasado, era pequeño, le decía que tenía poderes, que si le iba mal en un partido él podía hacer que lloviera para parar. Y el joven Nadal le creía, inocente... O no tanto. Quizá el tío Toni utilizó esa habilidad ayer para que en Roma la final entre Rafa y el alemán Zverev se parara en el tercer set durante una hora por el agua que caía del cielo. Lo perdía el español por 2-3, con un «break» en contra. Sufría. Pintaba mal, pero en tierra con Nadal no hay que dar nada por hecho. Y la lluvia ayudó para reflexionar, ajustar la estrategia y ganar. Zverev no sumó ningún juego más al volver de los vestuarios: del 2-3 al 6-3, con Nadal exhibiendo revés, tanto el cortado, que empezó a utilizar más a menudo después de la parada para obligar a los 198 centímetros de su rival a agacharse, como el golpe potente y profundo. Así se escribió la reconquista de Nadal en Roma, un torneo que no ganaba desde 2013, pero que con el de ayer ha conquistado ¡ocho veces! Con este triunfo, además, recupera el número uno del mundo, que había perdido la semana pasada en Madrid, para afrontar el desafío de buscar su undécimo Roland Garros de forma impecable, tanto física como de cabeza. Antes, tendrá unos días para desconectar, irse a pescar, descansar y olvidarse de la raqueta un rato para reponer fuerzas ante la hazaña que buscará entre el 21 de mayo y el 10 de junio.

Para ser honestos, la lluvia ayudó a Nadal, pero antes, seguramente, le perjudicó. El chirimiri empapó la pista central de Roma y en esas condiciones los golpes de Nadal son menos molestos porque la pelota no bota tanto. Por ahí empieza a explicarse el cambio de tendencia en el partido. Zverev comenzó con un «break», pero al instante un torbellino llamado Rafa le pasó por encima. No encontraba el alemán la manera de desbordar al español, que se defendía bien y contragolpeaba mejor, con tiros profundos y dañinos. El 6-1 fue la consecuencia. Pero entre el agua, que Nadal bajó un pelo el nivel y que Zverev empezó a jugar más variado, cambiando las alturas, y a sacar mejor, el 6-1 se convirtió en 1-6.

La respuesta de Nadal tras el parón fue digna del número uno que vuelve a ser. Su capacidad de adaptación a las distintas situaciones no tiene comparación, pero el manacorense confirmó ayer lo que ya sabía: que el camino en París no va a ser fácil y que Zverev se une a la nómina de posibles rivales temibles. Si el día anterior, en semifinales, Djokovic dio síntomas de recuperación, y en Madrid Thiem logró ganar al rey de la tierra, Rafa supo sufrir ayer ante un oponente al que había arrasado hace un par de meses. El comienzo de la gira de arcilla de Nadal fue imponente, con sus dos triunfos en la Copa Davis y la conquista de Montecarlo y Barcelona sin ceder un set, pero conforme han pasado los días y los demás jugadores se han ido adaptando a la superficie lenta, las fuerzas se han igualado algo. Aunque el español, si está en plenitud, es superior a cualquiera. Tampoco le viene mal sacar adelante situaciones de tensión, superar choques comprometidos como el de ayer o como el de cuartos ante Fognini, cuando remontó un set. En París, además, tendrá la protección de que se disputa a cinco sets. Nadal sólo ha perdido dos partidos en toda su carrera en duelos a cinco mangas, y eso los aspirantes lo saben: «Obviamente Rafa será el favorito en Roland Garros», dijo Zverev, que llegaba a la cita de ayer con nueve triunfos y dos títulos seguidos sobre tierra.

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