Tenis

Y la batalla épica esta vez se la ganó... Verdasco a Nadal

Fernando Verdasco devuelve la bola a su compatriota Rafael Nadal durante su partido de primera ronda del Abierto de Australia de tenis
Fernando Verdasco devuelve la bola a su compatriota Rafael Nadal durante su partido de primera ronda del Abierto de Australia de tenis

El madrileño necesita cinco sets y casi cinco horas para eliminar a Rafa en primera ronda del Abierto de Australia (7-6 [8/6], 4-6, 3-6, 7-6 [7/4] y 6-2), en un encuentro que recordó a las semifinales de 2009, pero con un desenlace diferente. Muguruza pasa fácil a segunda ronda.

Calor en Melbourne, como siempre en el Abierto de Australia. Aunque no era extremo, sí produjo algún desvanecimiento o que algún jugador, como Zverev, rival de Murray, sangrara por la nariz nada más comenzar el encuentro. Ni Nadal ni Verdasco se desmayaron, aunque estuvieron cuatro horas y 40 minutos en la pista para dilucidar una primera ronda de infarto en el primer «Grand Slam» del año, el Abierto de Australia, un escenario que ya vivió una cita similar, pero en las semifinales de 2009, aunque esta vez cambió el final de la batalla: Verdasco logró imponerse y frustra a su compatriota, que llegaba a la primera gran cita del año con la mentalidad renovada. En un choque más emocionante que bonito tenísticamente, al manacorense recurrió a sus viejas artes de resistencia, pero no le sirvió ante un oponente que pegó con el alma cada bola y que decidió que el partido se decidiría por sus aciertos o sus fallos. Al final, Verdasco cometió 90 errores no forzados, una barbaridad, pero también impactó 87 tiros ganadores, otra barbaridad que acabo siendo decisiva en un partido que dio mil vueltas hasta caer de su lado. Al final se dieron la mano. Van a jugar dobles juntos esta temporada, pensando en los Juegos Olímpicos de Río, pero no era momento para pensar en eso. Se notó la pena en el rostro de Nadal, al que le faltó agresividad y que estuvo demasiado lastrado por un servicio muy débil.

Un igualado primer set amenazó con romperse cuando el marcador reflejaba 4-4 y 0-40. Tres pelotas de «break» para Verdasco, que se crujía el cuello y se activaba, dispuesto a no dejar pasar la oportunidad... Pero se le fue. Nadal aguantó y su rival cometió tres errores que equilibraron el tanteador. Un alivio para el de Manacor, que estaba sufriendo una buena versión de «Fer», fantástico en el arranque con el servicio, lo que facilitó que pudiera sacar a pasear su derecha. No se vino abajo Verdasco al perder esa gran ocasión y el parcial se tuvo que decidir en un «tie break» que se movió como todo el primer set: en el filo, pendiente de cualquier detalle para caer de un lado u otro. Algo más que un detalle fue la doble falta que hizo Nadal con 6-6, después de haber salvado la primera pelota de set en contra. Un error demasiado grande después de haber estado dos veces con un «mini-break» arriba. Un error que le costó empezar muy por detrás en el marcador, lo que llamándose Rafa Nadal es un problema, pero menos.

Lo peor para el número cinco del mundo era que se sentía dominado por su rival. Verdasco era el dueño, el que dictaba lo que estaba siendo el partido, tanto con la derecha como con el revés. Domina todos los golpes el zurdo de Madrid, pero a veces la cabeza le impide desarrollar ese gran talento. No es que se hundiera así de repente. Fue un proceso. Mientras uno (Fer) iba bajando, el otro (Rafa) subía poco a poco. Así llegó la primera ruptura de Nadal, que no fue definitiva, porque su oponente logró igualarlo (5-5). Pero entonces, Verdasco volvió a parar. ¿Se relajó tras igualar el set? ¿Se presionó? Lo que fuera, le hizo empezar con 0-30 en contra y aunque espabiló, de nuevo se vio con el set cuesta abajo. «¡Vamos!», gritó Nadal al romper el saque otra vez. Después no perdonó con su servicio, puso el 1-1 en el marcador y metió a Verdasco en un lío, que se acrecentó cuando en la siguiente manga le hizo una ruptura al comienzo.

Fer vivía de sus ataques sobre el segundo saque de Rafa, demasiado flojo. Siempre le volvía una bomba y así es imposible jugar y dominar. Rafa se las apañaba con su solidez. Ha llegado a Australia con la idea de jugar agresivo, pero su mejor arma volvía a ser su capacidad de supervivencia, lo que en el fondo no era una buena noticia. A Verdasco se le notaba en los gestos que algo había cambiado: miraba al cielo, movía las manos como sin comprender nada y se lamentaba cada vez que la pelota tocaba en la cinta, aliada con Nadal, y pasaba. Los errores se fueron disparando en la raqueta de Verdasco, que sólo reaccionó cuando ya se veía por detrás. Esta vez los demonios se apoderaron de él un rato, pero logró espantarlos a tiempo.

Ganar el tercer set destensionó en exceso a Rafa, que metió a su oponente en el partido. Empezó el madrileño la cuarta manga con una ruptura de saque, para la que necesitó cuatro puntos de «break». Fue como una recarga de energía en un deporte en el que la mente va por delante del cuerpo. Si lo de arriba está animado, a lo de abajo el cansancio le afecta menos. Siguió Verdasco con sus monólogos y quejas entre punto y punto, pero esta vez sí supo sufrir para ir sacando adelante sus saques. La locura llegó entonces a la pista Rod Laver. A cada momento se presentía que el final podía ser uno, pero al instante siguiente cambiaba. Ni Hitchcock lo hubiera hecho mejor. Servía Verdasco con 4-5 y se encogió. Se puso Nadal 6-5 y 0-30. Estaba a dos tantos del partido, eso no se le podía escapar, pero Fer resucitó para forzar el «tie break» y arrasar en él. El duelo se le ponía de cara, pero el quinto y definitivo set empezó con 2-0 para Nadal. Otro giro más en favor del balear, que normalmente no pierde esos duelos. Y entonces, el Verdasco del primer set regresó. O uno mejor. Decidió golpear todas las bolas como si fueran la última, un riesgo. Unas a la línea, muchas; otras fuera, algunas. «Cerraba los ojos, golpeaba y entraba», describió después el madrileño ese estado en el que entró, y que le sirvió para hacer la machada de ganar los seis juegos siguientes y seguir adelante en el torneo. Rafa se va en primera ronda. Es la segunda vez en su carrera que le sucede algo así en un «Grand Slam». La otra fue en Wimbledon 2013. Hubo quien pensó que el sorteo del cuadro de Rafa había sido afortunado, pues no se podía encontrar con Djokovic hasta la final. Pero eso es mucho decir si tu primer rival es Verdasco.

Muguruza, a toda prisa

Garbiñe Muguruza apenas encontró oposición en su estreno en la pista central de Abierto de Australia ante la estonia Annet Kontaveit (6-0 y 6-4). Había alguna duda porque la española, que afronta su año con más presión, ya metida en la súper élite como número tres del mundo, no había disputado ningún partido completo en lo que va de 2016. En Brisbane, su primer torneo, abandonó en su debut ante la estadounidense Lepchenko por unas molestias en la planta del pie izquierdo. Llegaba, por tanto, con escaso rodaje, pero con mucho entrenamiento, y la inactividad de encuentros no se notó. Agresiva como siempre, visitante la red, donde va mejorando, y restando como los ángeles, se metió por la vía rápida en segunda ronda.

En otros partidos de la segunda jornada, Feliciano López venció con comodidad al británico Evans (6-1, 6-0 y 6-4), lo mismo que Ferrer a Gojowczyk (6-4, 6-4 y 6-2). Granollers pudo con Ebden (6-2, 4-6, 6-1 y 6-4) y Robredo remontó ante Jaziri (7-5, 3-6, 4-6, 7-6 [9/7] y 8-6). Murray pasó de ronda con comodidad y Gimeno-Traver fue eliminado.