Barcelona

Un ciclista al mando de la selección

Un ciclista al mando de la selección
Un ciclista al mando de la selecciónlarazon

El nuevo seleccionador tuvo una larga trayectoria como internacional. Jugó 62 partidos con la Roja, participó en la Eurocopa de 1996 y en los Mundiales de 1994, 1998 y 2002 y nunca pasó de cuartos de final.

La vida de Luis Enrique no gira alrededor del fútbol. Le ha dado dinero suficiente como para aceptar la oferta de la Federación incluso renunciando a varios millones de euros para entrenar a algún club, le ha dado fama –algo que no aprecia demasiado– y le ha permitido ser feliz durante mucho tiempo. Pero no necesita estar atado a él durante todo el tiempo. Su cabeza necesita más estímulos y por eso el trabajo en un club puede llegar a cansarle. Le sucedió en la Roma, donde sólo entrenó una temporada, y terminó afirmando: «No me siento con fuerzas para volver a motivar a los jugadores tras el verano». La sensación se multiplicó por tres en Barcelona, donde terminó agotado. Por eso no sintió la necesidad de entrenar nada más retirarse como jugador. Prefirió dedicarse a correr triatlones, incluso ultramanes. Ahí, sólo con sus fuerzas, encuentra la paz que le falta en el banquillo. O cuando coge la bicicleta para ir a entrenar. En Barcelona solía salir en bici con su segundo, Juan Carlos Unzué. Y a eso ha dedicado parte de su tiempo también en este año sabático.

Sobre una bicicleta concedió su última entrevista al cicloturista y youtuber Ibon Zugasti. «Todo va a depender de que alguien me quiera, ya he recibido interés de algún club, pero tiene que ser algo que me haga mucha ilusión», le decía hace unos meses. A Luis Enrique le motivan más los retos que el dinero. Ya ha ganado suficiente para que vivan él y su familia. En la misma entrevista admitía que le iba a ser difícil trabajar para otro equipo. «Ya no hay otro club en el que pueda entrenar a mejores jugadores que en el Barça», decía. Por eso le apasiona la selección, donde puede escoger a los futbolistas atendiendo únicamente a su criterio y no al presupuesto. En la Roma tuvo problemas con Totti y con alguno más. En el Barcelona, con Messi. «Yo soy el líder del vestuario», dijo nada más llegar al club azulgrana, pero tuvo que admitir que Leo era más líder que él. Sacrificó sus convicciones por la convivencia y por el éxito común, pero en la selección no tendrá que hacerlo. Rubiales busca un líder, un entrenador con carácter y que marque las normas. Para eso, el asturiano es el hombre ideal. No tendrá problemas si decide prescindir de alguno de los clásicos. Podría suceder.

Pero en Barcelona no sólo tuvo roces con Messi. Jordi Alba acabó siendo un habitual del banquillo en su última temporada como azulgrana. El lateral izquierdo encontró su refugio en la selección con Julen Lopetegui, pero en la Federación están seguros de que esos conflictos ya están olvidados entre los dos.

Luis Enrique tiene ahora el reto de ser el entrenador de todos. «Me veo en las figuritas en la televisión y me veo raro de blanco. Creo que el azulgrana me sienta mejor», dijo alguna vez cuando entrenaba al Barcelona sobre su pasado como madridista. Sin embargo, en su imagen más recordada vestía de blanco. O de blanco y rojo, porque el color de la segunda equipación de la selección se mezclaba con la sangre de su nariz mientras Fernando Hierro y el fisioterapeuta de la selección en aquella época, Senén Cortegoso, trataban de calmarlo.