Una salida casi imposible

La marcha de Messi rondaría los 450 millones, a lo que hay que sumar el «fair play» financiero y la sanción al Barça

«Leo es dueño de su futuro. Habló claramente y dijo que se quedaría. Lo que dijo es normal en el fútbol, porque no sabes qué pasará mañana», afirmó ayer Sergio Busquets para apagar el último incendio en la Ciudad Condal. Todo lo que rodea a Messi se está convirtiendo en polémica en Barcelona. La semana pasada, su supuesta mala relación con el entrenador fue el detonante final para que Josep Maria Bartomeu, el presidente azulgrana, convocara elecciones para el próximo verano, cuando ya no haya títulos de por medio. El equipo jugó bien ante el Atlético con un gran Messi, motivado y decisivo. El jugador dijo después que no había nada de su futuro con otros clubes porque no tenía pensado irse. Fue rotundo por fin, pero un día después, en Zúrich, no fue tan contundente y, aunque sus palabras no fueron muy diferentes a las que pronunció Cristiano, se ha vuelto a armar. «No sé qué va a pasar en el futuro ni dónde voy a estar el año que viene», repitió. Después lo matizó, pero el fuego ya corría.

Sucedió también en la última concentración con la selección argentina. O Leo no termina de explicarse bien o prefiere mantener una postura ambigua: en la misma frase mezcla la certeza y la duda. Sus declaraciones en Zúrich han ido directamente a las primeras páginas de deportes de los periódicos ingleses. «The Times» cita la frase textual y el «Daily Telegraph» interpreta que el delantero da a entender que dejará el conjunto que le vio crecer. En «The Guardian» apuntan a un nuevo candidato que podría unirse a la puja por el argentino: el Manchester United, que está teniendo un curso irregular. Recuerda el rotativo que Van Gaal desea fichar una superestrella y que en su caso no habría problemas económicos.

Porque la marcha o no del «10» va más allá de los deseos de unos y otros. Sería una operación gigantesca, la más grande en el mundo del fútbol, y no muchos equipos pueden afrontarla. Desde 2013, la UEFA se puso dura con el denominado «fair play» (Juego limpio) financiero, que básicamente se basa en tratar de impedir que los clubes tengan más gastos que ingresos. Éste sería un obstáculo insalvable para el City o el Chelsea, otros de los interesados, salvo que vendieran a la mayoría de sus estrellas. La operación del traspaso de Messi se iría a más de 400 millones de euros. Su cláusula de rescisión asciende a 250 «kilos» y su sueldo bruto, con impuestos, es de unos 40. Esa cantidad por cuatro años serían 160 millones. A esto se añade la situación que tendrá el Barcelona en el próximo mercado de fichajes, en el que no podrá contratar por la sanción de la FIFA. Messi se convertirá en la mejor baza electoral en unas elecciones en las que no podrá haber ninguna cara nueva como reclamo. Estas cifras hacen la operación prácticamente imposible, aunque citando al propio Leo, «en el fútbol no se sabe qué pasará». Si él metiera presión quizá se podría rebajar la cláusula, pero la afición del Camp Nou ha sido clara: Messi es su ídolo. Intocable. ¿Quién querría quedar como el presidente que dejó ir al «10»?

Bartomeu, no. Y por eso el presidente le lanza mensajes cada vez que puede. El último, ayer en BeIN Sports: «La felicidad de Messi está en el campo. Se le ve que sonríe, así que estamos tranquilos, porque Leo funciona».