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Undiano Mallenco: "Pasé muchas noches sin pegar ojo cuando cometía errores"

Entrevista con el árbitro que más clásicos y más partidos ha dirigido en Primera, que se acaba de retirar

Undiano Mallenco (Pamplona, 45 años) es el árbitro que más clásicos ha pitado. «En el primero sólo saqué dos amarillas, otros fueron más complicados. Me siento un privilegiado por dirigir diez veces el partido de clubes que más repercusión tiene», dice. También es suyo el récord de duelos dirigidos en Primera, pero por edad ha tenido que retirarse. En esta entrevista habla de su carrera y de la profesión de colegiado.

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–¿Por qué se hizo árbitro?

–Fue una casualidad, por un amigo del instituto que era árbitro. Nos fue convenciendo a toda la cuadrilla para que probáramos. Incluso alguno continúa.

–¿Qué le enganchó?

–El fútbol siempre me había gustado, jugué en infantiles, alevines, tampoco mucho más, y aquel día fui a ver un poco qué tal y disfruté: es una manera de seguir haciendo deporte, de seguir vinculado al fútbol, he hecho un montón de amigos...

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–No es una labor fácil. Si lo hace bien, silencio; si lo hace mal, llueven las críticas.

-Ser árbitro de fútbol es una actividad muy pública, estás expuesto a muchas críticas, más cuanto más subes de categoría, y a veces es complicado saber llevar eso. Pero en ninguna ocupación es todo perfecto. A los futbolistas también los critican... En el fútbol no se libra nadie.

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–En las categorías inferiores, habrá visto de todo.

–A veces el verdadero mérito lo tiene el chico que arbitra el fútbol base o categorías regionales, incluso a veces vas al campo sin asistentes y te tienes que pelear con 22 jugadores, los entrenadores los delegados... No es sencillo. Yo la suerte que tuve es que pasé rápido por las categorías regionales en Navarra, pero algún episodio desagradable viví.

–Por ejemplo...

–Estoy convencido de que la mayoría de la gente se porta bien, pero sólo sale cuando suceden estas cosas. Y hoy en día tenemos los móviles, se graba y al momento está en una red social, navegando por todo el mundo y puede dar la sensación de que pasa más de lo que pasa. Una vez sí recuerdo que la situación se calentó y un asistente, en un partido de Tercera, cuando entraba al túnel de vestuarios sufrió un golpe en la espalda.

–¿Se preparan para recibir insultos?

–En los campos de Primera prácticamente ni te enteras de lo que dice la gente. En el fútbol base o regional sí se escucha más, porque hay menos personas. No es que te acostumbres, pero al final sabes que no es un insulto a tu persona, es más para intentar influir en tus decisiones.

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–En su profesión hay que tener personalidad...

–El arbitraje te da mucho: sigues haciendo deporte, haces amigos, visitas ciudades y países a los que jamás te podrías imaginar que ibas a ir... Pero quizá de las cosas que más me ha aportado es que siendo un niño, con 14 o 15 años, te ayuda a madurar porque te tienes que enfrentar a situaciones que no son sencillas.

–¿Ha pasado alguna mala noche por un error?

–Muchas, unas cuantas, sí... En 30 años de arbitraje han sido miles de partidos, y ha habido unas actuaciones mejores que otras, y noches después del partido de no pegar ojo, de dar vueltas en la cama, y no explicarte: «¿Por qué no he visto esa jugada bien?». La ves en la tele y piensas eso. La madurez te hace relativizar más las cosas, pero esto hasta el final me ha costado.

–Con el VAR hubieran sido menos errores...

–Es muy bueno para el fútbol. Tiene más justicia todo. Es una herramienta que en España no lleva ni un año, necesita un tiempo de adaptación, pero ha funcionado muy bien. En un momento puntual el VAR podía haber estado mejor, pero ya lo dijo el presidente: hay 120 decisiones en las que el año pasado hubiéramos fallado, y a veces un error puede tener trascendencia.

–¿Cómo era su relación con los jugadores antes de los partidos?

–Pues dependía un poco, pero yo siempre he intentado mantener las distancias, porque los futbolistas son como los hijos: como les des un dedo te cogen la mano. Hay que intentar ser correcto, pero también mantener la distancia, porque si eres muy cercano con un jugador, igual el del otro equipo puede enfadarse. Pero bueno, tras 19 años hay jugadores con los que tienes cierta complicidad en el campo. Yo he arbitrado a padres y a hijos, y a otros que no habían nacido cuando yo empecé en Primera.

–Por arbitrar, se perdió el nacimiento de sus hijos...

–Con el mayor, que tiene 13 años, estaba dirigiendo el campeonato de Europa sub'19, en Irlanda, lo conocí con 15 días... Con el segundo estaba en Zaragoza, fue de madrugada, se nos adelantó y lo conocí al día siguiente. Es una espinita, pero nos puede pasar a todos en nuestros trabajos.

–¿Son sus hijos críticos con usted?

–Al mayor no le gusta el fútbol, le preocupa mi viaje, si me aburro en el hotel...; el pequeño sí es muy futbolero y a veces me dice: «¡Cómo no viste ese penalti tan claro!». Bromea conmigo, pero después es mi defensor número uno y si algún niño dice algo saca las uñas y defiende a su padre a muerte.

«Yo también me enfadaba con los árbitros»

«Siempre tengo cuidado de no dar nombres», dice Undiano cuando se le pregunta por los jugadores que peor se lo han hecho pasar. «Vosotros sabéis quiénes son», prosigue. «La mayoría se comporta de forma extraordinaria, en una jugada puntual se puede enfadar, es normal, yo también me enfadaba cuando jugaba si el árbitro pitaba algo que no me gustaba», concluye.