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La sangría que deja a Landa sin Tour

Pierde más de dos minutos por una caída en una etapa que ganó Van Aert

  • Landa, contrariado a su llegada a la meta
    Landa, contrariado a su llegada a la meta /

    Movistar Team / Bettini Photo

Tiempo de lectura 4 min.

15 de julio de 2019. 18:16h

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Ainara Hernando.  15/7/2019

Cuando Mikel Landa cruza la meta de Albi, toca su SRM, el potenciómetro chivato que le habla de sus vatios, sus tiempos y resume sus sensaciones, lo hace con cara de pesar. De dolor. Y no es por los rasponazos que lleva por todo el cuerpo, de pies casi hasta cabeza. Qué va. En realidad es más un dolor interior, del que parte el corazón. El alma. Otra vez. Maldita sea. A Mikel, en la meta, su inseparable Andoni Sánchez, masajista y amigo que allá donde vaya él está esperándole, le entrega una lata de Fanta para que refresque el gaznate después de haberse quedado completamente seco como ha llegado. Completamente vacío. Completamente roto. Echa un trago, mira la lata y la lanza al suelo. La rabia.

Cuando llega donde el autobús del Movistar está aparcado esperando a los ocho corredores del equipo toca el freno de la bicicleta, saca el pie de la cala, lo posa en el suelo. Primero uno, luego otro. Y lanza la bicicleta al vacío. Donde caiga. Maldita sea. Otra vez. Ése es el sentir. Tiene motivos Mikel para cubrirse con esa desazón y ese pesar de decepción, de rabia y de impotencia. Sí, otra vez. Un año más. Y ya van...incontables. Un año más que se escapa.Sucedió todo muy rápido y como sucede en el ciclismo, en el Tour. Tan cambiante. Donde brilla el sol un segundo y todo es optimismo, enseguida acechan las sombras, el oscuro.

La fuga de un grupo de anónimos ya estaba cazada justo en el instante, a 30 kilómetros para la meta de una de esas etapas llanas, aburridas e interminables que acaban escondiendo la trampa más mortal. Fue allí cuando un abanico sacudió al pelotón. El Ineos y el Deceuninck de Alaphilippe arrancaron la moto y provocaron el corte. En ese cepo cayeron Thibaut Pinot, Jakob Fuglsang, Richie Porte, Rigoberto Uran y Vincenzo Nibali como nombres más destacados.

El Ineos quería hacer daño. Sus líderes, Thomas y Bernal habían sobrevivido. Igual que el Movistar, que también pasó al relevo para aumentar la decena de segundos con los que pronto distanciaron al grupo de rezagados. Verona y Amador entraron al trapo en la colaboración con los ingleses. Todo parecía ir sobre ruedas. Aire en popa y a toda vela. Viento a favor. Pero de repente viró. «Mikel venía a mi rueda y de repente por el pinganillo escucho que se ha caído, ¿pero cómo?». Valverde no se lo explicaba.

Lo que sucedió fue que Warren Barguil, campeón francés, hizo el afilador con el amarillo de Julian Alaphilippe y se desestabilizó. Intentando mantener el equilibrio para no caerse y provocar la desgracia máxima en un pelotón en el que ya sobrevolaba la tensión por los abanicos, Barguil ladeó. Pegado a él estaba Mikel Landa. Y en medio de sus malabarismos lo empujó involuntariamente. El alavés salió volando, despedido. Del pelotón y del Tour.

Y tuvo suerte. Porque en ese planeo dio a parar contra media docena de aficionados apostados justo en ese pedazo de cuneta. Dos metros antes había una furgoneta. Su fortuna fue empotrarse contra humanos. Amortiguaron su caída y evitaron una desgracia que pudo ser mucho mayor. Pero el dolor iba por dentro. Todo el Movistar en bloque, a excepción de Quintana y Valverde pararon en seco para integrarle en el pelotón. Pero eso ya no iba a suceder. A cada kilómetro de los 19 que restaban cuando cayó, a Mikel Landa se le escapaba más el Tour. Otra vez. Maldita sea.

«Tan pronto estaba de pie como en el suelo y rodeado de gente. Ha sido un shock», contaba Landa después de la etapa. Ahora, a 4’15’’ de Julian Alaphilippe y a casi 3’ de Geraint Thomas, que ya es segundo es consciente de que «se escapa el objetivo». «Por suerte no tengo consecuencias físicas, solo la pérdida de tiempo, y he podido seguir bien. Los compañeros han salvado una situación complicada», asume.

Pinot, Fuglsang y Uran llegaron a 1’39’’ del pelotón que comandó Wout Van Aert, ganador de la etapa, y con los Ineos como grandes vencedores de la jornada. Landa tardó 2 minutos y 9’’ y ya pierde 4’15’’ en la general. Así que las dudas del Movistar quedan ya despejadas. La carretera, tan cruel a veces lo ha dictaminado. Ahora hay 2’15’’ entre Quintana y Landa. Nairo ya tiene la vía libre que tanto quería. «Lo interesante es que libramos el día conmigo y respecto a otros rivales, recuperé algo de tiempo que llevaba perdido. Poco a poco comienzo a recortar», decía el colombiano. A él si que no le duele nada. Ni por fuera, ni por dentro.

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