Economía

¿Qué pasaría si trabajásemos solo cuatro días a la semana?

Otros expertos apuestan por la flexibilidad horaria para mejorar la conciliación laboral y familiar

España es un país sustentado por el sector servicios en el que la presencialidad es un factor clave, independientemente del día de la semana. Los empleados de este ámbito están más que acostumbrados a hacer horas extra y a tener que trabajar durante festivos debido a la gran afluencia de clientes. En este contexto, la propuesta de una jornada laboral de cuatro días sin pérdida de salario se presenta como una opción más que atractiva, pero quizás no aplicable a las necesidades de todos los negocios y de sus empleados.

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En España, la media de horas trabajadas a la semana es de 36, pero, por ejemplo, Francia hace 25 años introdujo las 35 horas semanales. Suecia ha llegado a experimentar con la jornada de seis horas diarias y Dinamarca tienen una media de 29 horas de trabajo, la más baja de todos los países industrializados, según la OCDE. Reducir el tiempo de trabajo siempre ha ido ligado a una mejora de la conciliación y de la calidad de vida. Si, además, este cambio proporciona un aumento de la productividad, una jornada laboral de cuatro horas podría ser el futuro del trabajo. Más País, el partido de Íñigo Errejón, incluyó esta propuesta en su programa electoral. “Impulsaremos los cambios legislativos necesarios para, aprovechando los avances tecnológicos y los aumentos de la productividad, reducir la jornada sin pérdida de salario a 32 horas semanales en el marco de la próxima década, intentando que en la mayoría de estos sectores se traduzca en una jornada laboral de 4 días”, señala el documento.

En esta línea, la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) recoge en su artículo “Trabajar 4 días por semana mejora la calidad de vida y la productividad” una encuesta a más de 2.000 empleados y 500 empresarios ingleses que indica que el 77% de los trabajadores veía un vínculo claro entre una jornada de cuatro días y una mejor calidad de vida. Además, el 64% de los jefes observó que la productividad y la calidad del trabajo había aumentado debido a una reducción de los días de baja por enfermedad y al aumento general del bienestar. Pero no a todos les termina de convencer esta medida. Pese a los beneficios, el 45% de los trabajadores encuestados estaba preocupado porque pasar menos tiempo en el trabajo podría hacer pensar a los compañeros que eran perezosos.

Algunas compañías ya han puesto a prueba este horario. La más destacada fue la neozelandesa Perpetual Guardian que permitía a sus 240 empleados reducir a cuatro los días trabajados a la semana. El resultado de ello fue que los niveles de estrés del personal disminuyeron en un 7%. Siguiendo esta tendencia, Microsoft Japón también experimentó con esta nueva jornada. Las semanas acortadas aumentaron la productividad de sus 2.300 trabajadores en un 40%. Otra versión de esa jornada consiste en aglutinar las 40 horas habituales en cuatro días en lugar de los cinco habituales. Esta opción ya no resulta tan deseable. Ampliar la jornada de ocho a 10 horas puede ocasionar problemas de cansancio y de caída en la productividad después de tantas horas de trabajo en un solo día. Otro impedimento puede ser la dificultad de compaginar un horario de 10 horas con el de otros establecimientos, como supermercados o colegios.

Estos inconvenientes hacen dudar a muchos expertos de la efectividad de esta jornada reducida. La flexibilidad laboral se presenta como la mejor opción para estas voces discrepantes. Estar encerrado 10 horas en una oficina o realizando un trabajo físico no parece la mejor manera de aumentar la conciliación en el día a día. Por ello, una jornada que sea capaz de adaptarse a las necesidades específicas de cada trabajador se muestra como una solución igual o más deseable. En definitiva, todas las ventajas y desventajas de las opciones presentadas tienen matices. La preferencia por una u otra dependerá del tipo de negocio y de los deseos de sus trabajadores.

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