La lucha del pequeño comercio por sobrevivir

La pérdida de más de 10.000 pequeños comercios en 2019 ha llevado al colectivo a cifras similares a las del 2010, cuando la crisis golpeaba con dureza a España

El comercio tampoco se libra de la caída que sufre mes a mes el dato de afiliación de los autónomos a la Seguridad Social. En los últimos cuatro años España ha perdido cerca de 30.000 comerciantes que tenían su propio local a pie de calle, según los datos recabados por la Unión de Profesionales de Trabajadores Autónomos (UPTA). Concretamente, entre enero y diciembre de 2019 se perdieron más de 10.000 pequeños comercios, lo que ha llevado al colectivo a cifras similares a las del 2010, cuando la crisis golpeaba con dureza a nuestro país. En ese mismo año desarrollaban su actividad en el sector del comercio 781.600 autónomos, un dato que se elevó hasta los 808.900 trabajadores por cuenta propia en 2015. Desde entonces, la cifra de comerciantes autónomos ha caído en picado y en diciembre de 2019 el dato era de 779.286.

“Los gastos de alquiler no son caros en barrios como el de Tetuán, pero los impuestos y el hecho de que no haya ventas y la gente ya no entre a las tiendas como, en este caso, de costura”, son algunas de las razones que afectan a la supervivencia de los comercios tradicionales con, incluso, cuarenta años de historia, explica un comerciante de un local a pie de calle.

En este sentido, queda constancia de que comercio se desvanece. Las droguerías, las tiendas de ropa, las zapaterías, las fruterías y las panaderías echan el cierre. Y la perspectiva de futuro se tiñe de negro. Son miles los autónomos que han probado fortuna en un sector tremendamente saturado, ya que la demanda interna de consumo no ha sido capaz de asimilar tanta oferta. Es decir, actualmente España vive en una burbuja del emprendimiento que radica sobre todo en el sector del comercio. Para el presidente de UPTA, Eduardo Abad, “la situación es muy delicada, no solo por los datos sobre las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social, sino porque las ventas en el comercio de proximidad han disminuido en este periodo casi en un 20%”.

“La gente se ha acostumbrado a ir a grandes superficies, también porque el aparcamiento en el centro de la capital, donde reside gran parte de este comercio es más difícil”, señala la encargada de un local especializado en telas del Barrio de Salamanca. Una zona, en la que según explica, “los alquileres han subido bastante más que en otros distritos”.

Frente a esto “es necesario un plan de choque”, urge Abad, “con el que se frene la tendencia destructiva del comercio de proximidad”. Una cuestión por la que también aboga Luis del Dedo, consejero delgado de Product Hackers, “antes la competencia era local, mientras que ahora se encuentra en la red”, explica. Así, una de las medidas para luchar por la supervivencia del pequeño comercio sería "no solo disponer de un escaparate físico, sino también uno online que permita a los usuarios que se encuentren por la zona y busquen un determinado comercio, encontrar el local".

En esta línea, “exigimos al nuevo Ejecutivo que establezca una hoja de ruta basada en la reconversión del mayor colectivo sectorial del trabajo autónomo capaz de crear más riqueza económica y puestos de trabajo”, demanda Abad. Las medidas que considera UPTA adecuadas para atajar esta situación se resumen en “una restructuración del comercio actual y una estructuración del nuevo comercio que se adapte al consumidor del futuro”, ya que, hasta ahora, en España “se ha preferido tener un buen dato sobre el paro antes que realizar las reformas correspondientes en esta materia”.

Así, la tendencia para los próximos años no se augura positiva. En palabras de Abad, “el camino que seguirán los datos será in crescendo”. Es más, “me atrevo a decir que los datos que se publiquen en enero serán para temblar y, seguramente, la cifra se sitúe por encima de la pérdida sufrida en diciembre de 2019, es decir, no serán menos de 1.000 autónomos los que vayan a desaparecer al final de este mes”. El presidente de UPTA sostiene que esto es fruto del final de la temporada de Navidad, un periodo en el que se crea una gran cantidad de empleo estacional y una época en la que aguantan muchos de los comerciantes autónomos “antes de desaparecer del mapa”.

Por ello, “o nos ponemos a trabajar en serio y a largo plazo, o en España dejaremos de tener el elemento fundamental de la vida de los barrios y de las ciudades, el pequeño comercio”. Un sector que, “sin duda”, señala Abad, “se ha convertido en un punto de encuentro donde se desarrollan momentos de reunión social”. Al final, “estamos hablando de un entorno en el que no solo sirve para el abastecimiento de los ciudadanos, sino que resulta fundamental para la habitabilidad de las poblaciones, y esto hay que ponerlo en valor”, concluye.