Coronavirus

Los turistas vuelven a cuentagotas

Los aeropuertos recobran la vida a media velocidad con los primeros vuelos de la UE. Los pasajeros pasan un triple control que Madrid califica de chiste «por si llevas el coronavirus en la frente»

Primer día de llegada de vuelos internacionales al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con turistas tras finalizar el estado de alarma
Primer día de llegada de vuelos internacionales al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con turistas tras finalizar el estado de alarmaCristina BejaranoLa Razón

Los principales aeropuertos españoles recobraron ayer parcialmente la vida, después de tres meses convertidos en instalaciones fantasma, sin pasajeros y con las persianas de todos sus comercios echadas por culpa del coronavirus. Pero ahora, después de tres meses de aislamiento y 100 días del estado de alarma, turistas y viajeros han regresado a las terminales, aunque sin las avalanchas anteriores al estallido de la Covid-19, cuando España y los españoles aún vivían en la normalidad, sin adjetivos. El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas operó ayer 40 vuelos, 20 de entrada y otros tantos de salida procedentes de la UE, el espacio Schengen y Reino Unido, además de algunos destinos extracomunitarios como Ciudad de México, Buenos Aires o Dubái.

Los vuelos más madrugadores llegaron a Barajas desde París y Milán, con muchos hombres de negocios y algunos turistas a bordo. Y a lo largo del día hubo un lento goteo de aviones procedentes de Fráncfort, Bucarest, Dublín, Varsovia, Londres, Fuerteventura, Barcelona... En total, 650 operaciones en toda la red de aeropuertos de AENA en el territorio nacional, entre llegadas y salidas. Aterrizaron 100 aparatos procedentes del espacio europeo comunitario, y otros 225 fueron vuelos domésticos, ya que ayer desaparecieron también las restricciones para moverse por España. Para reforzar los controles sanitarios, una plantilla adicional de 150 médicos y enfermeras se ha incorporado al servicio de Sanidad Exterior.

Todos los recién llegados tuvieron que sortear obligatoriamente el triple y polémico control sanitario de seguridad, lo que provocó algunas aglomeraciones en las fronteras aéreas. Los pasajeros rellenaron, en primer lugar, un documento en el que debían hacer constar si habían sido infectados por el coronavirus y en qué condiciones sanitarias se encontraban en el momento de llegar a España. En segundo lugar, pasaron controles de temperatura corporal, y por último se sometieron a un examen visual. Si alguno de los pasajeros no superaba cualquiera de los tres filtros de seguridad, debía ser examinado por un médico de Sanidad Exterior, que podía enviarlo a continuación a cualquier centro del sistema nacional de salud para un examen más minucioso.

Número de turistas que llega a España por nacionalidad
Número de turistas que llega a España por nacionalidad FOTO: Teresa Gallardo

El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, de Ciudadanos, echó ayer más leña al fuego que ya antes había atizado la presidenta del Ejecutivo regional, Isabel Díaz Ayuso, que se había mostrado muy crítica con los protocolos diseñados por el Gobierno central. Tanto Sanidad como Transportes han desechado esas críticas asegurando que las medidas a aplicar cumplían estrictamente las normativas europeas, pero Aguado llegó a calificar ayer de «broma» esos controles. El «número dos» de la Comunidad de Madrid arremetió, en primer lugar, contra la toma de temperatura a los viajeros, recordando que más del 40% de los enfermos de Covid-19 no presentan síntomas. Y a continuación, con mucha ironía, se preguntó si el motivo de la inspección visual era «por si llevas el coronavirus en la frente».

A primera hora de la tarde de ayer, el aeropuerto de Barajas presentaba el mismo aspecto que por la mañana: terminales semivacías y tomadas por miembros de las Fuerzas de Seguridad y vigilantes privados, que impedían el paso a las terminales a cualquiera que no fuera un pasajero provisto de una tarjeta de embarque, salvo que se tratara de una persona con movilidad reducida o un menor, en cuyo caso se autorizaba el acceso de un acompañante. Los familiares y amigos que esperaban la llegada de los suyos debían aguardar en el exterior de las terminales, aunque protegidos bajo grandes cubiertas de hormigón del implacable calor que abrasaba Madrid a esas horas de la tarde.

El interior de las terminales estaba empapelado con cientos de carteles que recordaban a los viajeros el mantra de «mantener la distancia de seguridad en todo momento» y llevar puesta la mascarilla, mientras por la megafonía se advertía a los recién llegados que debían pasar el «control de Sanidad Exterior». Mientras, en el exterior, un ejército de taxistas aguardaba la llegada de los primeros turistas desde las seis de la mañana. A primera hora de la tarde, algunos de ellos no habían realizado aún su primera carrera. «Esto, aparte de muy aburrido, es una auténtica ruina», se quejaba Andrés, un taxista en espera de su segunda carrera del día, mientras apuraba el que debía ser su enésimo cigarrillo. «Tanta espera para que luego te toque llevar a un pasajero a La Moraleja, que está aquí al lado, como me ha pasado a mí».

Hay un ambiente extraño en Barajas. Todos los bares y restaurantes del aeropuerto madrileño están cerrados a cal y canto, y sólo se puede saciar la sed o calmar el apetito en alguna de las muchas máquinas expendedoras repartidas por el exterior de las instalaciones. Las despedidas y los reencuentros con familiares y allegados tienen lugar en la calle, donde decenas de curiosos contemplan aburridos los saludos con el codo o, los más atrevidos, el efusivo abrazo o el apretón de manos, que siguen proscritos aunque el estado de alarma ya ha cesado. Dentro, el tedio y el hastío no son menores: corrillos de policías nacionales, algún que otro fotógrafo o cámara de televisión a la caza de turistas, y personal de limpieza desinfectando con parsimonia todos los metales que encuentra a su paso.

El sindicato USO ha criticado duramente los protocolos y ha puesto en duda que en otros países de nuestro entorno esas medidas de seguridad sean tan laxas. USO ha solicitado al Ejecutivo que todos los pasajeros que entren en España por vía aérea lo hagan con un test PCR hecho en origen, o bien en el aeropuerto de llegada, aunque admite que podría provocar largas colas.