Escuchar a las empresas

Los rebrotes, los ERTEs y las reivindicaciones LGTBI centran hoy la sesión de control al Gobierno en el Senado
La Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, habla con el senador del Grupo Popular José Manuel Barreiro, durante una sesión plenaria en el Senado centrada en el debate con el Ejecutivo central en los rebrotes de Covid-19 surgidos en las últimas fechas en España, los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs), o los derechos de las personas LGTBI, entre otros asuntos, en Madrid (España), a 30 de junio de 2020. Se trata de la primera de las dos sesiones que la Cámara Alta recuperará de los plenos perdidos en la pandemia. 30 JUNIO 2020 POLÍTICA;MEDIDAS POLÍTICAS Jesús Hellín / Europa Press 30/06/2020 Jesús Hellín Europa Press

Los grandes empresarios de este país reclaman ser escuchados por el Gobierno y tienen razón. ¿Cómo vamos a encarar la reconstrucción post- Covid sin tener en cuenta la opinión de Endesa, Iberdrola, Naturgy, Repsol, Mercadona, Telefónica, Santander o BBVA, por citar sólo a algunas? Está bien el diálogo emprendido entre la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (hoy por hoy, lo mejor de Podemos), con sindicatos y empresarios. Pero la economía del país descansa sobre los pilares de una docena de pesos pesados, que en la pandemia han demostrado su compromiso desinteresado, ayudando en la compra de material sanitario (Inditex), en su distribución (El Corte Inglés y Acciona), en la repatriación de nacionales (Iberia y Air Europa ) o en colaboraciones de todo tipo por parte de los demás. Las grandes compañías han ayudado sin más y porque sí, no esperando nada a cambio. Lo menos que debe hacer ahora el Ejecutivo es escuchar a sus representantes, tenerlos en cuenta a la hora de tomar decisiones que, sin duda, les afectan, no castigarlos con más impuestos o trabas burocráticas, ahuyentar las tentaciones de derogar lo que, a juicio de ellos y de la UE, funciona, como la reforma laboral.

En Europa, los gobiernos que mejor han gestionado la crisis son los que han utilizado la fuerza social de sus empresarios y trabajadores, conjuntamente. Las grandes compañías están acostumbradas a gestionar. Cosa que no sucede con los políticos, que aquí no han parado de equivocarse con decisiones erráticas que han agravado en muchos casos la incidencia de la pandemia. Por desgracia.