Caos en el SEPE: sin cobrar el ERTE hasta noviembre

150.000 trabajadores aún no han recibido la prestación, según los gestores. Los teléfonos siguen colapsados, no hay cita previa hasta octubre y el SEPE contesta con respuestas automáticas

Un conocido, un amigo, un familiar, un compañero de trabajo o usted mismo. Los testimonios de afectados por ERTE que aún no han cobrado la prestación no son casos puntuales, tal y como quiere hacer ver la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. «Es deshonesto no admitir que todo el mundo conoce a personas metidas en esta problemática», denuncia Manuel Galdeano, responsable nacional de CSIF en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Las quejas y las peticiones de auxilio siguen llegando al SEPE por todas las vías posibles y desmoronan el escenario perfecto creado por Díaz en el que solo un 1,5% de los afectados sigue sin cobrar.

Las promesas incumplidas comenzaron en marzo, cuando la ministra aseguró que a finales de ese mes la mayoría de los trabajadores en ERTE tendrían el paro en sus cuentas. Las cifras mostraban lo contrario y aún lo siguen haciendo. El Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos alertó a principios de esta semana de que más de 150.000 trabajadores en ERTE por fuerza mayor presentados durante el estado de alarma siguen sin cobrar la prestación por desempleo, según los datos de una encuesta realizada entre sus asociados. Una cifra que a Manuel Galdeano le parece bastante más acorde a la realidad. «No entendemos por qué seguir ocultando las cifras reales, cuando la sociedad sigue siendo un clamor por el alto número de casos que todos conocemos de personas que aún no han cobrado el subsidio y no se trata de ejemplos aislados», señaló en un comunicado el presidente de los Gestores Administrativos, Fernando Santiago.

Ana, Lorena y Judith son tres mujeres que componen este colectivo de grandes olvidados por el Ministerio de Trabajo. En los tres casos, la situación es similar. Llevan desde que se presentó su ERTE sin cobrar, solo algunos compañeros han recibido la prestación y son incapaces de contactar con el SEPE para saber dónde están los posibles fallos. Su infierno es compartido. Al otro lado del teléfono, los 7.000 empleados del SEPE han tenido que atender a más de 7 millones de personas. «No es que suenen los teléfonos y no queramos cogerlos. La carga de trabajo ha sido tan descomunal y demencial que se está atendiendo cuando buenamente se puede», explica el responsable nacional de CSIF en el SEPE.

Los errores en la presentación de los ERTE han lastrado el reconocimiento de las prestaciones, subraya Galdeano. El formulario de presentación cuenta con 14 campos a rellenar por cada trabajador. Esto ha ocasionado que los ERTE de empresas con un número considerable de empleados hayan llegado trufados de errores, insignificantes, pero que imposibilitan la tramitación. El sistema informático con más de 30 años de antigüedad y la falta de personal han contribuido a crear la tormenta perfecta. Sin olvidar, además, que sobre el SEPE también recae la gestión de otras seis prestaciones extraordinarias aprobadas durante el estado de alarma.

Las previsiones de Galdeano sobre una posible pronta solución no son para nada halagüeñas: «La crisis de 2008 golpeó al SEPE, en cuanto a carga de trabajo, hasta finales de 2014. Esta crisis se le va a quedar pequeña». Los funcionarios y los afectados por el impago de los ERTE llevan meses sufriendo las consecuencias. Ana está trabajando desde marzo con un ERTE de reducción de jornada. Tanto ella como sus compañeros solo están cobrando el pequeño porcentaje de su sueldo que le corresponde pagar a la empresa, pero en algunos casos esta cantidad no alcanza ni los 300 euros. Aunque se consuela pensando que esa cifra es menos que nada, su empresa ha tenido que hacer varios adelantos y muchos compañeros han recurrido a sus familias para llegar a fin de mes. Todos ellos saben a ciencia cierta que algún dato es incorrecto, ya que el SEPE se puso en contacto con la gestoría de su compañía para informar sobre un error en el formulario de un empleado. Este es precisamente el único que ha cobrado hasta el momento. El resto siguen intentándolo, pero los teléfonos comunican, el SEPE contesta a sus correos con respuestas automáticas y en Madrid no se puede pedir cita previa hasta el mes de octubre.

Esta no es una fecha orientativa, como ocurrió al inicio del confinamiento, cuando el SEPE llamaba a los días de solicitarla. Galdeano lamenta que las citas tendrán lugar en las fechas fijadas, lo que implica que cientos de afectados no cobrarán su prestación hasta el mes de noviembre o incluso más tarde. Ante esta catástrofe administrativa, los afectados buscan otras vías para cobrar. Ana comenta la existencia de un grupo de WhatsApp en el que una especie de «Robin Hood» perteneciente al SEPE ha tramitado 66 altas desde el inicio de la crisis.

Judith y Lorena se encuentran en ERTE total. El pago del alquiler y de la compra semanal cada vez se hace más pesado. Judith ha tenido que endeudarse. Ahora, además, el banco le reclama que reanude el pago del préstamos de su coche. Pese a haberle explicado a la entidad que aún no ha cobrado la prestación, amenazan con cobrarle las cuotas más intereses de demora. Por su parte Lorena ha tenido que aumentar su póliza y es la única de su empresa que aún no ha recibido el paro. Para más inri, ve como algunos compañeros han vuelto a su puesto y el SEPE sigue abonándoles la prestación. Manuel Galdeano explica que ahora el SEPE está en proceso de aprobación «a destajo», pero estos cobros indebidos supondrán una mayor carga administrativa y su regularización se demorará.

Para rematar la hecatombe, los 1.000 trabajadores extra que deberían reforzar la plantilla del SEPE no llegan y de hacerlo no están cualificados para ejercer el trabajo. «Suponiendo que estas incorporaciones fueran reales, cada oficina contaría tan solo con 0,6 personas extra», advierte el responsable nacional de CSIF en el SEPE.

Uno de cada cinco afectados por un ERTE tuvo que trabajar sin salir del expediente

Estar inmerso en un expediente temporal de regulación de empleo (ERTE) no ha supuesto para muchos trabajadores dejar de trabajar. Uno de cada cinco afectados por esta medida implementada para proteger el empleo durante el confinamiento ha tenido que seguir trabajando mientras estaba afectado por la medida o se ha visto obligado a trabajar más horas de las acordadas con la empresa. Así lo pone de manifiesto un informe presentado ayer por Infoempleo y el Grupo Adecco sobre la oferta y la demanda del mercado laboral en España, en el que se analizan 1,4 millones de vacantes de trabajo y más de 400.000 ofertas de empleo y que incluye además una encuesta a 15.000 empresas y candidatos. El estudio dibuja un mercado laboral deprimido y pesimista a corto plazo por el coronavirus. Según el mismo, sólo el 29,5% de las empresas prevé hacer nuevas contrataciones en 2020, cifra casi 61 puntos inferior a la de febrero de este año, antes de la pandemia. Entre febrero y junio de este año aumentaron un 40% los planes de reducción de personal, pasando de un 22,5% al 31,6% actual. Además, el 15,5% de las empresas planea también solicitar o ampliar su ERTE, especialmente en la industria y la construcción. En lo que se refiere a los salarios, el 29% de las empresas planea hacer recortes salariales que afectarán, especialmente, al sector servicios (32%) e industrial (31%).