Okupa que algo keda

La pandemia ha multiplicado la okupación, actividad que en España se hace con gran impunidad al amparo de una legislación permisiva y una burocracia que exaspera. De manera que llega el okupa, abre a patadas la puerta de tu casa, se instala dentro y allí se keda durante meses o años, dependiendo del azar o de su pericia. Se keda consumiendo el agua, la luz y la comunidad que paga el propietario, a quien hay que destrozarle el piso antes de devolverlo.

¿Cómo hemos llegado a esto? El podemismo gobernante izó la bandera de la okupación y la enarboló frente al derecho de propiedad, que considera cosa de ricos. Ada Colau hizo carrera como okupa y en su ayuntamiento hasta imparten talleres sobre el arte de «liberar espacios».

El vicepresidente Iglesias y su tropa morada han salido con frecuencia en defensa del okupador, criminalizando al propietario.

De manera que tenemos lo que sembramos. Una legislación que permite que cualquiera pueda entrar en una casa y quedarse tan tranquilo a vivir en ella.

Y que a nadie se le ocurra desalojar al invasor. La ley está de su parte. Ni le molestes ni le insultes, pues corres el riesgo cierto de acabar enjaulado por defender lo que es tuyo y compraste con el esfuerzo de tu trabajo.

En este país cada día vive mejor el delincuente y peor la gente corriente. Impuestos, multas, sanciones a tutiplén y, ahora, el miedo de pensar que cualquiera puede entrar en tu casa, mientras te encuentras fuera, y quedarse por la kara a vivir en ella.