Pedro Sánchez se empacha de resiliencia

Se refugia en la resiliencia para eludir por ahora los detalles últimos de cómo se utilizarían los 70.000 millones que el Gobierno espera recibir de la UE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sale tras una sesión de control al Gobierno, el pasado 14 de abril
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sale tras una sesión de control al Gobierno, el pasado 14 de abrilEUROPA PRESS/E. Parra. POOL

Pedro Sánchez es probable que lo ignore, pero su contumacia en presentar una y otra vez –eso sí, de formas diferentes– el Plan de Recuperación y Resiliencia no es original. José Borrell, exministro de Exteriores y vicepresidente de la Comisión Europea, anunció, con todo tipo de detalles, no menos de una docena de veces un plan de carreteras cuando ocupó el Ministerio de Obras Públicas entre 1993 y 1996, con Felipe González en la Moncloa.

El presidente del Gobierno es perseverante y volverá a presentar el plan de ayudas europeas, por lo menos una vez más, cuando logre el visto bueno definitivo de Bruselas y quizá otra cuando lleguen los primeros fondos de los 140.000 millones anunciados. Sánchez, sin embargo, a pesar de manejar un documento de 211 páginas, que enuncia 212 medidas, de las que 102 serían teóricas reformas, no da detalles y casi todo se reduce a una serie de afirmaciones generalistas con las que puede estar de acuerdo cualquiera. Todo adornado de la palabra de moda para algunos, «resiliencia», que aparece 191 veces en las poco más de 200 páginas del documento. Todo un empacho de un vocablo cuyo significado no es quizá obvio para la mayoría y que el diccionario de la Real Academia define en primer lugar como la «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». La Academia también ofrece otra acepción: «Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido». Cualquiera es válida para la situación actual, pero su repetición hasta el hartazgo tampoco aporta nada.

Sánchez se refugia en la resiliencia porque, pendiente de las autoridades de Bruselas, no puede ofrecer más detalles pero tampoco puede resistir la tentación de vender su mercancía, aunque las televisiones, siempre sensibles a los datos de las audiencias, han detectado que desde hace algún tiempo el presidente aleja a los televidentes.

El Plan de Recuperación del Gobierno es un pastiche de promesas, negociadas con Bruselas por la vicepresidenta Nadia Calviño, que será la verdadera artífice de que lleguen a España unas ayudas que tienen condiciones que es probable que hagan saltar las costuras de la coalición gubernamental. Yolanda Díaz, designada heredera más o menos de Pablo Iglesias, es más prudente que el líder de Unidas Podemos, pero sus propuestas chirrían con lo que ha podido hablar Calviño en Bruselas.

La Comisión Europea, que preside Ursula Von der Leyen, aprobará al final el plan que presente España de forma global. Ese es el objetivo de Sánchez ahora para lanzar las campanas al vuelo. Luego comenzará un largo proceso en el que es probable que España tenga que demostrar que cumple las condiciones y, además, desgranar con detalle cada uno de los proyectos para que empiece a llegar el dinero, algo que no ocurrirá, en el mejor de los casos, hasta avanzado el segundo semestre.

Hay en juego, de momento, 70.000 millones en subvenciones que, como insiste el inquilino de la Moncloa son una gran oportunidad, pero que hay que aprovechar. La Administración española ha tenido dificultades históricas para utilizar los fondos europeos a su disposición y podría volver a repetirse. Los otros 70.000 millones hasta completar los 140.000 son préstamos y todo indica que habría que contabilizar como deuda. Eso complicaría o retrasaría su llegada, aunque también actuarían como una especie de seguro ante lo inesperado, es decir, un posible «rescate» si fuera necesario.

La resiliencia de Sánchez deja abiertas muchas incógnitas, porque a la vaguedad de los planes, se añade cómo afrontará el Gobierno las condiciones de Bruselas de reformar el mercado laboral, el sistema de pensiones y la fiscalidad. Todo apunta que Calviño ha hecho y hace equilibrios para cuadrar un sudoku diabólico. Hasta ahora apenas ha trascendido nada de las negociaciones, pero el pacto con la Unión Europa para la llegada de los 70.000 puede ser también, con la excusa de sus condiciones-exigencias, el primer paso hacia unas elecciones anticipadas antes de que empiecen los recortes y sacrificios, que llegarán. Mientras tanto, empacho de resiliencia de Sánchez.

Braulio Medel: el verdadero poder en la nueva Unicaja fusionada

La Fundación bancaria que preside Braulio Medel controla directamente el 30% del capital de la nueva Unicaja, salida de la fusión de Unicaja con Liberbank. La entidad está presidida por Manuel Azuaga (Unicaja) con Manuel Menéndez (Liberbank) como consejero delegado. Sin embargo, la influencia de Braulio Medel llegará a las decisiones de gestión de uno y otro y, al menos durante un tiempo, tendrá buena parte del poder de la entidad en sus manos.

Ahorro de las familias: récord en participantes en fondos de inversión

Las Cuentas Financieras de la Economía España que elabora el Banco de España son la mejor radiografía económica de los distintos sectores y también de la situación financiera de las familias. Los datos de 2020 ofrecen la primera imagen consistente de cómo acometieron los hogares españoles los primeros nueve meses de la pandemia. Aumentó el dinero en efectivo y se redujo algo el endeudamiento. Las caídas de las bolsas significaron un descenso del valor las acciones de las familias que, sin embargo, aumentaron hasta cifras récord su participación en fondos de inversión. Al final de 2020, los hogares mantenían 347.728 millones en esos productos financieros, la cifra más alta de la historia y que sube ininterrumpidamente, con la excepción de 2018, y que está cerca de duplicar la de 2013.