La rajada de Garzón pone en peligro a un sector ganadero y cárnico de 50.000 millones

A los 28.000 millones de la industria hay que sumar los 22.000 de las explotaciones

Un ternero mama de su madre, durante una muestra de ganado
Un ternero mama de su madre, durante una muestra de ganadoRafael Bastante Europa Press

Las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, criticando abiertamente el consumo de carne, han caído como una bomba en la industria cárnica y entre los propios ganaderos, que ven como se les ataca y se pone en cuestión su modelo de negocio y su futuro, una y otra vez. «Parece haberse convertido en una obsesión para el ministro», explicaron los ganaderos a LA RAZÓN. Lo ha hecho en particular y de forma sistemática el ministro Garzón, pero le ha secundado toda la órbita de Podemos en general, incluidas algunas ministras. No parece que tengan en cuenta que el sector primario –el que agrupa a agricultura, ganadería, pesca y silvicultura– aporta el 3% del producto interior bruto (PIB) de España –casi el 6% si se suma el valor de las industria cárnicas–, con una producción y unas exportaciones que casi se han duplicado en los últimos cinco años.

Eso le ha llevado a convertirse el cárnico en el cuarto sector industrial de nuestro país, sólo por detrás de la industria automovilística, el petróleo y combustibles o el energético, y con cifras semejantes a las de la industria química o la metalúrgica. Su tejido industrial los constituyen casi 3.000 empresas –entre mataderos, salas de despiece e industrias de elaborados– y está especialmente desarrollado en zonas rurales, «lo que contribuye a luchar contra la despoblación que tanto defiende el Gobierno y que luego ataca sin sentido», inciden desde las patronales.

Sector cárnico FOTO: José Luis Montoro

Además, el 60% de las empresas son pymes, que se han internacionalizado a marchas forzadas durante el último lustro, disparando las exportaciones a casi el doble –en 2020 se alcanzaron lo 3,2 millones de toneladas, por valor de 8.680 millones–. Esto representa una cifra de negocio global de 27.959 millones de euros, el 22,2% de todo el sector alimentario español y el 2,32% del PIB total español –a precios de mercado–, el 16,2% del PIB de la rama industrial y el 4,2% de la facturación total de toda la industria española.

El empleo sectorial es otro de los elementos que se puede poner en peligro si continúa la persecución. Solo en la industria cárnica existen 100.000 puestos directos, que representa el 25,2% de la ocupación total de la industria alimentaria española, a lo que habría que sumar los propios de la ganadería y otros tantos indirectos, una cifra que supera de largo el millón.

De momento, y a expensas de lo que pueda incidir esta polvareda levantada por Garzón, en 2020 los hogares españoles incrementaron el consumo de carne en un 10,5 % anual, hasta sumar 2.305,25 millones de kilos. Y en la cesta de la compra, los productos cárnicos fueron los que mayor proporción del presupuesto acapararon en los hogares, un 20,37 % de lo destinado a alimentación y bebidas (equivalente a un gasto de 349,54 euros por persona al año), y su valor creció el 12,9 %, con un precio medio de 7,01 euros por kilogramo, según el informe anual de consumo alimentario del MAPA. El consumo per cápita se acercó a los 50 kilos (49,86 kilos per cápita al año), un 10,2 % más respecto al año anterior.

Otro de aspectos más relevantes de la polémica fue la acusación de las altas dosis de emisiones de gases de efecto invernadero que supuestamente proceden de la ganadería en España. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, en 2020 ascendieron a 24,8 millones de toneladas brutas de CO2 equivalentes, lo que suponen el 9,1% del total de las emisiones en el país, muy por detrás de sectores como el transporte (27,7%), la industria (21,4%) o la generación eléctrica (10,3%). En cuanto a la afirmación de que cada kilo de carne gasta 15.000 litros de agua, los ganaderos recuerdan que el 90% de esa cantidad es de agua de lluvia.