Opinión

Temporalidad abusiva: cómo remediarla y por qué es malo para trabajadores y empresarios
La alta temporalidad que afecta a los jóvenes es mala para el trabajador y para el empresario, pero persiste porque la alternativa es aún peor para la empresa
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Sólo el 6,2% de los contratos que firmaron en julio los jóvenes menores de 25 años tuvieron un carácter indefinido: el 53,1% fueron eventuales por circunstancias de la producción, el 33,3% de obra o servicio, el 5,1%, interinidad, el 1,4% contratos de prácticas y el 0,4%, de formación. El porcentaje de contratos indefinidos de los jóvenes fue inferior al del resto de la población, si bien el peso de estos también fue preocupantemente bajo (9%).

Recordemos que la muy elevada temporalidad que indican estas cifras es en última instancia perjudicial tanto para el trabajador como para el empresario. Perjudica indudablemente al trabajador, dado que le impide contar con una estabilidad laboral y de ingresos a partir de los que desarrollar su propio proyecto de vida (por ejemplo, es un problema muy vinculado al del acceso a una vivienda, porque sin un flujo de ingresos regular no es posible acceder a un préstamo hipotecario). Pero, a su vez, también perjudica al empresario, porque la elevada rotación de trabajadores dentro de un puesto de trabajo impide que alguien se forme y aumente su productividad dentro del mismo. Por eso, también cabe decir que la temporalidad es un problema no solo social, sino también económico de España.

Ahora bien, si la temporalidad es perjudicial para todos, ¿por qué subsiste? Pues porque las alternativas son todavía peores para la empresa. A día de hoy, la contratación indefinida para muchas compañías es un sobrecoste que no se pueden permitir: la rescisión de un contrato indefinido conlleva una indemnización de 32 días por año trabajado que genera comprensibles suspicacias a la hora de contratar. No en vano, alrededor del 75% de los trabajadores ya cuentan con un empleo indefinido y, por tanto, son «caros» de despedir. Siendo así, es comprensible que los empresarios sean reacios a incorporar aún a más indefinidos a su plantilla, dado el alto coste que tienen. Por eso recurren (abusivamente) a la contratación temporal y, por eso, es urgente que terminemos con la dualidad de nuestro mercado laboral (altos costes en el despido de indefinidos; bajo coste en los temporales).

Existen, eso sí, dos formas de acabar con la dualidad: o encarecer la contratación temporal (hasta equipararla con la indefinida) o abaratar la contratación indefinida. El Gobierno parece que apostará por la primera opción, y acaso con ello logre reducir la temporalidad, pero también desincentivará la contratación. Menos empleos pero mejores empleos. Apostemos más bien por la alternativa: flexibilizar y liberalizar el mercado laboral para que se siga creando empleo y éste sea además de calidad.