20 años del euro: ¿ha sido mejor que la peseta?

Entre 1961 y 2001, la tasa de inflación promedio fue del 8,5%. En cambio, entre 2002 y 2021, los precios han subido una media del 2% anual

Se acaban de cumplir 20 años de la llegada del euro
Se acaban de cumplir 20 años de la llegada del euro FOTO: FACUNDO ARRIZABALAGA EFE

Este año se cumplen dos décadas de la implantación del euro. Se trata de un aniversario un tanto deslucido, dado que estamos ahora mismo experimentando el mayor repunte de la inflación de su corta historia: España está sufriendo un alza interanual de precios del 6,7% y Alemania, hasta noviembre, de 5,4%. En ambos casos, las más elevadas en los últimos 30 años. A tenor de estos datos, acaso algunos podrían pensar que el euro es una moneda más inflacionista que la peseta y que, por tanto, cualquier tiempo pasado monetario fue mejor. Convendría, sin embargo, no apresurarse a este respecto: si echamos la vista atrás y analizamos la evolución de los precios entre 1961 y 2001, veremos que la tasa de inflación promedio durante esa época fue del 8,5%; en cambio, entre 2002 y 2021, la tasa de inflación promedio ha sido del 2%. La diferencia no es menor: una moneda que sufre una inflación anual del 8,5% pierde el 80% de su valor durante 20 años; en cambio, una moneda que sufre una inflación del 2% durante 20 años, apenas pierde un tercio de su valor.

La cuestión, claro, es por qué la peseta fue una divisa más inflacionista de lo que, al menos hasta la fecha, lo ha sido el euro. Y, a este respecto, conviene tener muy claro que las monedas fiat son monedas no solo políticas sino politizadas. Es decir, monedas que pueden instrumentalizarse por los políticos para atender sus necesidades de gasto. En este sentido, cuanto más politizada esté una moneda (cuanto más la manoseen los políticos para financiarse caprichosamente), menor tenderá a ser su valor en el mercado y, por tanto, más tenderá a depreciarse: mayor inflación habrá. La peseta era una moneda extremadamente politizada en un país escasamente solvente y, por ello, sufrió una inflación galopante. El euro no es que sea una moneda perfecta (entre otros motivos porque también está fuertemente politizada), pero al menos ha mantenido una cierta disciplina y una cierta separación con el poder político mayor de la que jamás tuvo la peseta. De ahí que, hasta el momento, su valor también haya sido más estable.