Reducir la incertidumbre y reformas estructurales, claves en 2022

España mantiene una recuperación más lenta que el resto de los países europeos

Un gráfico en un ordenador portátil con billetes y monedas
Un gráfico en un ordenador portátil con billetes y monedas FOTO: Jesús Hellín Europa Press

La euforia del Gobierno fue drásticamente cercenada por la realidad de los hechos, advertidos en su momento por los diferentes organismos oficiales, tanto nacionales como internacionales, que rebajaron considerablemente las cifras de crecimiento del año 2022, para una España, que inicia una recuperación más lenta que el resto de los países vecinos.

Lógico en un país que no es capaz siquiera de repartir los estímulos a la economía que nos llegan desde Europa en tiempo y forma, ante la incredulidad de todos, mientras empresas y trabajadores comienzan a vislumbrar que la agonía llega con el inicio de los concursos empresariales, soportados en unos ERTE que, en su mayoría, ya no pueden ocultar el gran reajuste laboral que terminará por llegar. Reajuste al que nada ayuda una reforma laboral sin estímulo al crecimiento económico y obviando el mantenimiento del empleo.

La elevada tasa de vacunación y la caída de los ingresos hospitalarios prevé que el final de la pandemia pueda estar cerca, lo cual sería realmente positivo. Por el contrario, la escasez de materias primas, sumada al ciclo alcista de los precios y la peligrosidad del posible aumento del precio del petróleo, junto con el desequilibrio euro-dólar, puede alargar la recuperación e incomodar al BCE, que se vería en la tesitura de tener que endurecer las condiciones monetarias.

La contención de la inflación será clave. La crisis del gas que arrastra a todos los componentes energéticos debe ser atajada de manera inmediata. Especialmente en España sumamos el paro como lastre añadido, sobre todo el juvenil, nada ayudado por reformas populistas inocuas, que se olvidaron de la formación de la que tanto recibieron.

En definitiva, vamos a depender de la capacidad de dirección de la economía española para acometer reformas reales y desarrollar condiciones de inversión ventajosas, para lo cual se deberá contar con Europa, y controlar el ruinoso déficit de las administraciones públicas, en un año en el que la sombra electoral a un año vista empezará en mayo a preocupar más que la economía en aquellos que toman las decisiones de nuestros destinos.