Desconectar a Europa del gas y el petróleo ruso costará 210.000 millones de euros

Bruselas plantea más participación de las centrales nucleares y de carbón. En 2050, dos tercios de la energía debería ser solar y eólica. La Comisión quiere que los europeos consuman este año un 5% menos

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La guerra en Ucrania y el permanente chantaje de Vladímir Putin han hecho que el club comunitario esté intentando desembarazarse del yugo energético ruso a marchas forzadas. Bruselas calcula que desengancharse de los combustibles fósiles de Moscú costará 300.000 millones de euros, de los que 210.000 millones en los próximos seis años supondrán nuevas inversiones.

El Ejecutivo comunitario espera reducir su dependencia del gas ruso dos tercios este año y aspira a que esta cantidad sea cero al final de la década. De momento, se han realizado algunos progresos. Si el año pasado las importaciones rusas de gas supusieron un 40% del total, ahora esta cantidad en los primeros meses del año es del 26%, según ha proclamado con cierto orgullo la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula Von der Leyen. Además, Bruselas calcula que prescindir de las importaciones de hidrocarburos rusos supondrá un ahorro de 100.000 millones de euros al año. No hay mal que por bien no venga.

El esfuerzo será ingente, pero el club comunitario está dispuesto a poner toda la carne en el asador y este miércoles ha presentado un paquete de medidas bautizado como «Repower EU», que incluye iniciativas en todos los frentes: eficiencia energética, mayor cuota de renovables (del 40% al 45% en 2030), impulso al hidrógeno verde, suministradores alternativos de gas licuado y nuevas infraestructuras para hidrocarburos.

Este último capítulo también incluye 2.000 millones para construir nuevos oleoductos para desplazar el crudo dentro de la UE y que resulta de vital importancia para aquellos países que por su situación geográfica no tienen acceso al mar. Una medida enfocada a que Hungría levante su veto al embargo al petróleo ruso tras semanas de bloqueo en la adopción por unanimidad del sexto paquete de sanciones contra Moscú.

Metanero atracado en el terminal de la planta de regasificación de Cartagena
Metanero atracado en el terminal de la planta de regasificación de Cartagena FOTO: TAFYR Enagás

Dentro de las energías renovables, Bruselas quiere aumentar la capacidad de la energía solar fotovoltaica para 2025. De hecho, el Ejecutivo comunitario pretende que todos los edificios públicos y comerciales tengan la obligación de instalar paneles solares y que esto se extienda a los nuevos edificios residenciales en 2029.

¿De dónde saldrá el dinero?

En realidad, Bruselas propone utilizar mecanismos ya vigentes. Por ejemplo, desviar fondos de los fondos regionales y de la Política Agraria, además de poner a disposición 20.000 millones de euros en subvenciones financiadas a través del sistema de emisiones de dióxido de carbono. Recuerda que los países europeos tienen 225.000 millones de euros disponibles en créditos blandos dentro del plan de rescate pospandemia, que la mayoría de los países no han solicitado aún (han primado las ayudas a fondo perdido) y que pueden utilizarse para este fin.

Además, este nuevo plan contiene algunas sorpresas. A pesar de que Bruselas mantiene que la guerra en Ucrania tan sólo acelera la proclamada transición energética en pos de la energía verde, este paquete también prevé aumentar el despliegue de carbón y nucleares, aunque fuentes diplomáticas aseguran que tan sólo será de manera temporal durante los próximos 15 años para asegurar la seguridad en el suministro.

La presentación de este plan se realiza en medio de la escalada de precios de la energía. A pesar de los intentos de los países del sur de Europa, con España a la cabeza, a la hora de hacer cambios en el sistema de fijación de precios, la Comisión sigue reacia a grandes revoluciones. Sólo abre la puerta a compras conjuntas de gas de manera voluntaria para ganar poder de negociación, así como poner en marcha un límite al precio del gas si Rusia corta de cuajo el suministro. En este escenario, Bruselas está dispuesta a poner en marcha un tope temporal y un plan de racionamiento conjunto que podría obligar a los países sin problemas en el suministro como España a compartir el gas con aquellos con una mayor dependencia.