Precios

La inflación no se frena

El alza de precios se está enquistando y aumenta el riesgo de que los salarios empiecen a subir a tasas nominales elevadas

Este lunes hemos conocido los datos provisionales de inflación correspondientes al actual mes de mayo. Y las ilusiones que se habían conjurado en torno al dato de abril se han esfumado en seco. Recordemos: en marzo, la tasa interanual del IPC se ubicó en el 9,8%; en abril, y merced a algunas medidas de contención de precios adoptadas por el Ejecutivo, la tasa interanual cedió hasta el 8,3%, lo que aparentemente indicaba que los precios habían tocado techo y que sólo les quedaba desacelerarse progresivamente. No en vano, la tasa de inflación intermensual en abril fue del -0,2%, lo que reforzaba la hipótesis de que lo peor de la inflación ya había pasado.

Sin embargo, en su momento ya indicamos que la inflación subyacente seguía en niveles y trayectorias preocupantemente altas: en abril, la tasa interanual se expandió a un ritmo del 4,4%, poniendo de manifiesto que el problema de los precios no se limitaba a la energía y a los alimentos, sino que se estaba extendiendo por el conjunto de la economía. Y, como decíamos, los datos provisionales de mayo han confirmado estos malos pronósticos. Por un lado, la tasa general de inflación ha vuelto a repuntar hasta el 8,7%: todavía lejos del excepcional 9,8% de marzo, pero echando por tierra la narrativa de que el rumbo del IPC iba a ser sostenidamente hacia abajo a partir de ahora.

Por otro, la inflación subyacente continúa subiendo, en mayo hasta el 4,9%. Se trata de un dato cada vez más preocupante porque alerta de que la inflación se está enquistando dentro de nuestra economía. Cuanto más tiempo nos instalemos en esta situación, más probable será que los salarios empiecen a subir a tasas nominales elevadas para contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y cuanto más suban nominalmente los salarios, tanto más seguirán subiendo los precios. Al final, parece que vamos encaminados a una subida de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo que, como de costumbre, reacciona con retraso. Y cuando lo haga, no esperemos que nuestro crecimiento económico salga reforzado.