Opinión

¡Agua pa’ la tierra y la luz!

la reserva hidráulica está al 37,9%, con las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana en situación crítica

César Lumbreras

Que los pantanos pierdan en una semana el 1,26 por ciento del agua que tenían embalsada es una barbaridad, aunque se trate de la segunda del mes de agosto. Y eso es lo que sucedió durante la pasada, de acuerdo con los datos que hizo públicos ayer el Ministerio para la Transición Ecológica, en los que se daba cuenta de que la reserva hidráulica se encontraba al 37,9 por ciento, con las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana en la situación más precaria.

La falta de lluvias, y de nieve en su momento, que es la que llena los pantanos en el deshielo, tiene varias derivadas. Por ejemplo, la sequía hidráulica, que impide regar en muchas zonas de España, justo cuando más se necesita, agudizando así los efectos de la sequía agraria. Por si lo anterior no fuese suficiente, hay que considerar también otra consecuencia, muy importante en estos momentos: la falta de reservas de agua ha provocado que no se pueda fabricar electricidad mediante este recurso.

Según los datos proporcionados por Red Eléctrica, la producción hidroeléctrica se ha hundido un 50 por ciento durante los meses de junio y julio en relación con el mismo periodo del año pasado.

Total, que ha tocado recurrir todavía más al uso de gas natural, combustible que ha registrado unos precios muy elevados, justo durante un verano muy seco y, sobre todo, caluroso, que ha disparado el consumo de electricidad.

En resumen, que no se ha podido reducir el consumo de gas natural por falta de otras alternativas, como la producción eléctrica de origen hidráulico. Todo ello sucede a las puertas –queda poco más de un mes para que comience– de un otoño que se presenta muy complicado desde el punto de vista energético y también del agrario.

La energía seguirá por las nubes y el coste de la alimentación también, con subidas de precios de productos básicos, como la leche y todos sus derivados, el aceite de oliva, el girasol, el vino, los cereales, incluyendo todo lo que sale de ellos, y muchas carnes, así como los huevos.

Hace falta que llueva y, a ser posible, que lo haga de forma suave y, por pedir que no quede, de forma continuada. ¡Agua pa’ la tierra y para la luz, ya!