Opinión

Cuenta regresiva para la recesión

Economistas del BCE no descartan ya este escenario ante la “desaceleración del crecimiento”

Humberto Montero

Hace un año por estas fechas, este diario ya alertaba de que los mercados de futuros energéticos no auguraban semestres plácidos sino todo lo contrario. Por entonces, el Gobierno se desgañitaba afirmando que todo era pasajero y que, como una tormenta de verano, los negros nubarrones de la inflación, con el gas y la electricidad desbocados, se disiparían en un pestañeo. Apuntábamos a registros que han sido incluso batidos, con el coste de la vida disparado por encima de los dos dígitos, mientras la ministra de Economía, Nadia Calviño, y su homóloga energética, Teresa Ribera, tachaban de alarmistas a quienes pronosticaban lo que justo hoy vivimos: un escenario en el que la recesión asoma a la vuelta de la esquina. Y esta vez los vaticinios están fuertemente respaldados.

«Hay una fuerte indicación de que el crecimiento va a desacelerarse y no descartaría que entremos en una recesión técnica, especialmente si el suministro de energía de Rusia se interrumpe aún más», aseguró ayer la representante alemana en el directorio del Banco Central Europeo (BCE), Isabel Schnabel a la agencia Reuters.

Los riesgos para la eurozona han aumentado debido a perturbaciones adicionales provocadas por las sequías, los bajos niveles de agua en los principales ríos de Centroeuropa, auténticas autopistas comerciales, y los persistentes problemas de suministros.

Este cóctel hace que el impacto de los precios energéticos en la economía europea sea «demasiado grande para compensarlo por completo». ¿Implica eso una recesión segura en otoño-invierno? No está claro, pero el BCE ya no lo descarta. «Incluso con la normalización de la política monetaria en curso, llevará algún tiempo hasta que la inflación vuelva al 2%».

Ante esta perspectiva, son cada vez más quienes apuestan por echar el freno a las subidas de tipos –o al menos más prudencia– para no estancar el consumo y estrangular los bolsillos de los ciudadanos europeos. Y desde luego, sería conveniente que la gran comunidad de vecinos que es el Estado dejara de gastar sin medida y se abrochara el cinturón antes de que haya que apretar el botón de eyección y mandarlos a todos a las nubes de algodón que nos vendían hasta anteayer.