Fondos europeos: mucho arroz para tan poco pollo

Cada vez son más los parlamentarios europeos que se preguntan dónde está aplicado el dinero recibido tras dos años y dónde se aplicará

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en una imagen de archivo
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en una imagen de archivo FOTO: Jesús Diges EFE

Algunos malos estudiantes, cuando hacen un examen y suspenden, tienen por costumbre quejarse de la dificultad y escasez de tiempo para completarlo en un intento por culpabilizar al profesor y no a ellos mismos. Una cortina de humo que esconde su mediocre dedicación y desempeño con la consiguiente falta de los conocimientos y destrezas necesarias para dominar la materia.

Algo similar ocurre con nuestro Gobierno y la capacidad de ejecución de los fondos europeos para la recuperación pues no ha hecho sus deberes y procrastina continuamente a la hora de movilizar dichos dineros transformándolos en algo tangible, con lo que la ejecución real es lamentable mientras que se piden nuevos desembolsos para no se sabe bien qué hacer con ellos.

Éramos muchas las voces que advertíamos de la capacidad del Gobierno para gestionar tal cantidad de dinero en tan poco tiempo, a la vista de que sólo ha ejecutado el 45% de los fondos estructurales del periodo 2014-2020 y tampoco se sabe cómo gastará los correspondientes al periodo 2021-2027. Pero las alarmas saltaron hace unos días cuando la presidente de la Comisión de Control del Parlamento Europeo criticó que se siga dando dinero a nuestro país cuando no tiene “ni idea” de lo que se ha hecho con los 31.000 millones ya entregados y si se están gastando adecuada y eficientemente. Básicamente pide una transparencia inexistente y rigurosidad a la hora de gastar el dinero de todos los europeos y no dilapidarlo.

Esta situación tiene graves implicaciones en cuanto al cumplimiento del objetivo para el que nacieron los fondos, reparar los daños provocados por la pandemia además de acelerar y reestructurar nuestra economía para hacerla más productiva mediante planes de reformas e inversiones. Pero el papel lo aguanta todo y es necesario aterrizar los proyectos y gestionar la implantación de los mismos y, para ello, las instituciones deben agilizar el proceso de aprobación y facilitar que haya nuevas propuestas.

Transparencia

Para ello, necesitamos que, además de transparencia en la asignación, las administraciones públicas hagan de correa de transmisión hasta los ciudadanos, reduciendo cuellos de botella, para que el dinero llegue realmente al tejido productivo que como bien sabemos está conformado por pymes y autónomos que, en su gran mayoría, no han recibido nada de este dinero, ni lo esperan. Además, las exigencias burocráticas son de una magnitud inabordable para un pequeño empresario si no dispone de recursos.

Y hasta ahora, sólo se han reformado leyes sobre el mercado laboral o las pensiones, pero no se ha invertido nada en industrializar nuestro país, mejorar la productividad, salarios y la precariedad del empleo, salvo cambiar la etiqueta del tipo de contrato.

Al igual que el pobre que pide dinero a las puertas de la iglesia y sabes que lo va a malgastar, cada vez son más los parlamentarios europeos que se preguntan dónde está aplicado el dinero recibido tras dos años y dónde se aplicará el que está por llegar, porque nuestra economía va a peor y no parece coger fondo.